viernes, 16 de marzo de 2012

Preventorio Antituberculoso de Aigües

Hay lugares que se merecen una visita de 24 horas... De hecho, el día se queda corto para contemplar sus formas, reconocer sus olores o escuchar los sonidos que nos agolpan desde sus entrañas. ¿Cuáles son las formas que proyectará su fachada en el ocaso? ¿Qué se sentirá al estar delante de la puerta principal? Dos son las veces que he decidido poner rumbo hacia Aigües, un pequeñísimo municipio que alberga, además de aguas termales (de ahí viene su nombre), una de las edificaciones más codiciadas entre los 'cazafantasmas.' El Preventorio Antituberculoso (más conocido, simplemente, como El Preventorio) constituyó, en sus inicios, el famoso Hotel Miramar, una especie de hotel-balneario para la gente más pudiente, y que acabó destinándose a hospital antituberculoso de niños a partir de la Guerra Civil, dado que la epidemia de 1936 asolaba el país. 

Numerosos son los curiosos que se desplazan cada día (sobre todo, en fines de semana) a un enclave de gran belleza paisajística como éste. La construcción, mayoritariamente de estilo victoriano (bastante romántico para algunos observadores) se alza, seria y distante, en pleno Cabezón de Oro... Y digo distante porque así lo aparenta: es completamente señorial, y da la sensación de que es capaz de mirar por encima del hombro. ¡Qué cosas, diréis! Pues no... Entre la multitud de sensaciones que una persona es capaz de experimentar cuando pone un pie en tierra, una de ellas es que el edificio te observa como ajeno que eres. Además, la sensación de aparcar el coche pegado a la fachada principal es un lujo que todos aquellos que valoramos lo que tenemos deberíamos disfrutar... 


Una vez estacionados en la parte delantera, en concreto, en el ala oeste, podemos contemplar que parte del edificio ya ha sido derribado debido a que los actos vandálicos han deteriorado su estructura. Sin embargo, y con cámara en mano, podemos captar parte de las pequeñas casas alejadas del balneario para quienes no quisieran estar cerca del bullicio, las cuales conservan, además de parte de la cerámica inicial en las paredes, objetos tales como parte de una enorme lavadora de la época, claramente dañada por el paso del tiempo y por las manos del hombre. 


Si continuamos dando un rodeo a la estructura principal, podemos divisar la decoración victoriana de la fachada, con una mampostería espectacular cubriendo los ángulos rectos. Desde luego, el ingeniero y arquitecto Pedro García Faria no escatimó en detalles cuando, en 1838, decidió levantar la edificación principal, que es la que hoy se conserva. Las rejas de hierro forjado aparecen cargadas de detalles oxidados nada despreciables, y cada ventana está situada estrategicamente donde debe estar, con el tamaño adecuado y la cobertura idónea. 

Algo realmente espeluznante es lo que os describo ahora... Desde la puerta principal, y sin necesidad de adentrarnos en sus entrañas, podemos distinguir un pasillo realmente oscuro y frío, que se divide a derecha e izquierda. Al final del mismo, y como si de un filme de terror se tratase, divisamos una puerta totalmente cerrada, con tablones de madera clavados que impiden el acceso más allá de lo visible... Una sensación que es capaz de erizar la piel a cualquiera que se encuentre en esta situación. 

Si atendemos al tejado, construido en 'dos aguas' al igual que en las mejores casas de cuento, podemos comprobar que, aún con el paso del tiempo, se conservan pequeñas cruces en su parte central, poco deterioradas (seguramente porque los vándalos no han llegado tan alto). Muy poco apreciable desde abajo son los azulejos con estrellas de cuatro colores que recorren la parte inferior de la cornisa de toda la construcción... Una estrella de ocho puntas perfecta sobre un fondo blanco colocados a lo largo del bajo-techo sin escatimar en cantidad. Algunos de ellos ya habían caído por causas meteorológicas, y mucha fue la tentación de no traer un pedazo para el recuerdo, pero preferí no hacerlo. 


La parte trasera del edificio quizá sea la más deteriorada... La más oculta de las miradas ajenas y la de más difícil acceso, puesto que la maleza cubre gran parte de, si ya no camino, la parte que se destina a que los visitantes se desenvuelvan a su aire. Para acceder a la puerta principal hay que utilizar un pasillo apuntalado de metal, color rojo oxidado, que se tambalea a cada paso dado. Como si una fuerza mayor te atrajera, es necesario evitar sucumbir a la sensación que, continuamente, te invita a atravesar el umbral de esa puerta... Por más que brille el sol en el exterior (aquel día de invierno hacía una temperatura de lo más agradable), la sensación de frío que se siente cuando uno se encuentra a apenas dos metros de la entrada es un tanto extraña. Ese es el momento idóneo para hacer dos cosas: dejarse llevar por las sensaciones o, simplemente, permanecer fuera y no adentrarse en la dimensión que nos ofrece. Desde ese ángulo podemos, perfectamente, ver el interior de la sala principal... Las paredes todavía continúan pintadas del verde original, y a cerámica que recubre las paredes es más modernista de lo que nunca me hubiese imaginado, con unas tonalidades trapeadas en colores marrón, beige y burdeos nada discretas, cosa que me parece sorprendente para el siglo del que estamos hablando. Si adentramos nuestra mirada hacia el interior, podemos distinguir una gran sala iluminada desde el otro lado (lugar donde se han llevado a cabo las investigaciones esotéricas más conocidas)... Posiblemente se tratase de una especie de recepción o sala de espera, donde los más acomodados esperaban a que, por ejemplo, una habitación fuese liberada. 


Ya en los exteriores, deberíamos destacar la antigua capilla, ahora mismo destrozada y de la que apenas quedan los cimientos. Todavía podemos identificar el altar, aunque ya muy difuso, frente a la parte trasera del edificio... Quizá también se perciba alguna columna relacionada con este antiguo lugar de culto, pero poco queda al respecto, por desgracia, en comparación con una antigua postal que todavía conservo y cuyas estructuras se ven genial.

Deberíamos, también, hacer hincapié en los túneles subterráneos que se comunican con el interior del edificio... Algunos de ellos han sido ya sepultados, para evitar accidentes, pero a la derecha de la capilla todavía se conserva uno cuyas estructuras permanecen casi intactas. Aunque con alguna roca demolida que impediría caminar por su interior correctamente, lo cierto es que cualquier persona de altura media podría desplazarse por su interior con la espalda encorvada sin problemas. 


El viaje de hoy ha llegado a su fin... Como podéis comprobar, muchos son los rincones a los que gente 'normal' tenemos acceso sin necesidad de grandes inversiones. Son lugares con historia, quizá encantados... No lo sabemos. Muchas son las leyendas urbanas que circulan en torno al Preventorio de Aigües y muchos son los que han intentando verificarlas... Yo, por lo pronto, me quedo con lo bueno: nos hallamos ante un edificio que, desgraciadamente, se ha echado a perder con el paso de los años y cuyo propietario actual debería pensar seriamente en rehabilitar. 

Tengo pendiente realizar una nueva visita... Este tipo de lugares necesita más de 24 horas para disfrutarse al máximo.

1 comentario:

  1. Hola Veronica! Interesante tu visita. Me gustaría conocer el sitio.si vas a organizar otra visita me puedo apuntar?

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