martes, 22 de mayo de 2012

Casco Histórico de Almudaina

El pasado fin de semana no teníamos destino fijo... Apenas contábamos con la Autovía de Alcoy y unas galletas en el bolsillo, por si la tarde se convertía en noche antes de lo esperado. Y más o menos sucedió de esa forma... Tras más de una hora de conducción, divisamos pueblos geniales en lo alto de las montañas de la zona... L'Arqueria d'Asnar, Muro de Alcoy, Benifallím, Penàguila, Alcoleja, Benilloba, Gorga, Millena, Balones... Multitud de pequeños municipios de montaña cuya valiosa construcción puede contemplarse con tan sólo una mirada furtiva.

En principio, no teníamos claro dónde hacer la típica 'parada turística'... Todos esos lugares eran  demasiado bonitos, y no había tiempo para todo... Sin embargo, en un momento dado, lo tuvimos claro: habíamos llegado a Almudaina, un sitio demasiado estrecho y donde el coche no pasaba por la calle principal. Tras cerrar los espejos y bajar las ventanillas para respirar su aire, decidimos parar al final de la calle, unos 50 metros más adelante de su comienzo. 


Almudaina es un municipio que pertenece a la Comarca del Condado de Cocentaina, al norte de la provincia de Alicante. Está enclavada en las laderas de la sierra que lleva su mismo nombre y he de reconocer que el acceso es bastante complicado, pues hay que tomar la carretera de Benimarfull a Planes. Está a casi 600 metros sobre el nivel del mar y, como curiosidad, destacar que el nombre del pueblo es de origen árabe y significa algo así como 'La Ciudadcita' y que su población no excede de los 100 habitantes, pues ha llegado a perder hasta un 50% de su población durante el siglo pasado. 



Aparcamos justo delante de la Casa Consistorial, ubicado en la plaza, un lugar predilecto por la tercera edad para hablar de sus nietos o del partido de fútbol del día anterior. El edificio, según data en la placa, quedó inaugurado en 1978, y su estado es bastante aceptable a pesar de haber pasado 35 años: las rejas continúan siendo las originales, a pesar de que la puerta se haya sustituido por una más moderna.

Justo en ese mismo lugar podemos divisar la Iglesia del pueblo, la única con la que cuenta y la cual, desgraciadamente no está declarada como Bien de Interés Cultural. Su construcción es básica, y la planta es de cruz latina, por lo que podemos divisar desde fuera. El campanario está algo deteriorado, pues en algunas zonas está tapiado, pero todavía podemos contemplar que el reloj de su fachada todavía funciona, a pesar de los años. Destacar, por último, los grabados de los portones, de acabado metálico: motivos de tipo cristiano (cáliz, palomas, etc.) cubren de arriba a abajo los portones, de unos 3 metros, y cuyo tacto rugoso todavía puede percibirse. 


Si rodeamos la Iglesia, un enorme limonero nos recibe con su aroma a azahar tan propio... Le viene como anillo al dedo su ubicación, en la plaza, aromatizando todo a su alrededor... Justo debajo, hay una fuente, justo al lado del único buzón de Correos que tuvimos oportunidad de divisar... ¿Llegarán las cartas a su destino en un tiempo razonable? No lo sabemos... Lo que está bien claro es que el rincón es precioso. 


Si seguimos caminando, no mucho más lejos, encontramos el monumento más significativo del municipio: la Torre de Almudaina. Construida en la época islámica-medieval, la torre formaba parte del recinto fortificado de la pequeña alquería existente. La restauración llevada a cabo tanto en la torre como en su entorno (ahora nos hallamos ante un maravilloso mirador) permite comprender, a través de sus muros, la curiosa técnica empleada en su construcción y las secuelas sufridas tras los ochocientos años que lleva viendo amanecer. Por desgracia, no llegamos a tiempo para visitarla, puesto que recientemente había cerrado. 


A modo de curiosidad personal, comentar que esta amable y tranquila población se caracteriza por poseer una flora muy peculiar... Es decir, nuestra colección de flores y plantas secas se ve ampliada por la gran variedad de coloridos brotes que emanan tanto del suelo como de sus rocosas paredes, en unas tonalidades de verde eléctrico que se ven justificadas gracias al clima húmedo de montaña que allí se respira. No sería capaz de reconocer ninguna de ellas, pero no me importa porque no soy especialista en ello... Me basta con observarlas en su hábitat natural y, en el caso de que sea muy extraña, llevarme una pequeña parte conmigo para conservarla en un futuro y recordar que estuve allí. 

Finalizo con una fotografía de un bonito rincón... Donde recuerdo que el coche se nos quedó atascado y hubo que salir marcha atrás. He de reconocer que el sitio en cuestión es más recóndito de lo que aparenta, pero ahí está su encanto y, quien lo desee, es capaz de llegar hasta allí... Sólo tomad un consejo: dejad el coche a la entrada, para no veros en el aprieto de que no salga ni hacia delante, ni hacia atrás. 

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