miércoles, 16 de mayo de 2012

Casco Histórico de Jijona

Hay un lugar que mejor visitarlo en unas fechas más próximas a la Navidad, y no digo ésto por el hecho de que sea una fanática de las festividades... ¡Ni mucho menos! De hecho, las detesto... Pero Jijona tiene la costumbre de atiborrarnos de turrón en el mes de Diciembre... ¿Y qué mejor fecha para llenarnos la barriga y descubrir los encantos más recónditos de este lugar? La excusa era perfecta: la feria del turrón ocupaba la calle del Ayuntamiento en un día de Diciembre  perfectamente soleado, de modo que no lo pensamos... Desde Elche y con algo de comida rápida, el destino estaba servido... Jijona y sus dulces navideños nos esperaban.

A 25 km hacia el norte de Alicante capital se encuentra este municipio, enclavado en las faldas de la Peña Roja y contando con el famoso puerto de montaña de La Carrasqueta (¿quién no ha subido hasta allí?), paso natural entre Alicante y Alcoy. Como buena ciudad poblada de pinos y carrascas, lo verde de su naturaleza puede contemplarse desde sus hermosos valles y barrancos, una clara seña de identidad.

La Fábrica de Turrón El Almendro nos da la bienvenida en la última rotonda de acceso al lugar... Y no tardamos en estacionar el coche en la entrada y recorrer el resto caminando...  Por suerte, había un aparcamiento perfectamente habilitado para que los curiosos dejasen sus vehículos y no los adentrasen en sus estrechas calles (un solar empedrado, vamos). Y ahí estábamos nosotros... ¡Las montañas nos abrían las puertas de un lugar que no esperábamos encontrar! Unas ruinas medievales a lo alto, calles peatonales, una pendiente bastante elevada para llegar y un bonito nacimiento ubicado entre las caras de una montaña eran sólo el principio de lo que nos esperaba. 


Ya desde las afueras podía contemplarse lo maravilloso de las construcciones más antiguas, ubicadas todas ellas en el casco histórico, pero todavía faltaba mucho para llegar hasta allí. Lo más bonito hasta ese momento era, sin duda alguna, ese hermoso diorama del nacimiento de Jesús utilizando la montaña y las rocas como ubicación. El agua natural caía como si de una cascada se tratase decorando una composición minuciosa en el detalle donde todas las estatuas que cualquiera recordamos (sin olvidar ninguna) aparecen repartidas venerando el nacimiento, asentado bajo una pequeña caseta que parece ser que se construyó para, cada año, darle vida a esta creación. La iluminación, la naturaleza, el musgo o la misma coloración de la roca son un componente esencial para que el resultado sea el que vemos a continuación: 



La importancia histórica de este municipio es indiscutible, sobre todo si atendemos a su extensión, la quinta de mayor término en la provincia. Los primeros indicios de vida humana datan de la Edad del Bronce (mucho antes de Cristo), y su población ha ido variando desde lo paleoandalusí  hasta los almohades, pasando también por los señores feudales y todo lo que ello conllevó. Tanta variedad se refleja, claramente, en su casco histórico, de construcción muy diversa entre sí y característica a más no poder. De hecho, si atendemos a la mayoría de las viviendas, podrían presumir de tener siglos de construcción y seguir a pie de guerra gracias a los materiales tan resistentes con los que levantaban sus cimientos. 
Podríamos hacer una pequeña parada en lo musulmán de su planificación... ¿Cómo podemos distinguirlo? Ya no sólo en el hecho de construir viviendas no prestando atención a la enorme pendiente, sino por la longitud y anchura de sus calles: construcciones posteriores y más recientes han decidido aprovechar esa seña de identidad histórica en la cual las curvas de las calles o su diferente amplitud crean unas sombras geniales y unos rincones dignos de ser observados desde abajo. Claros ejemplos de ello son las dos fotografías que os presento donde, además de apreciarse la humedad y la limpieza ambiental, puede divisarse todo aquello que os comento... Un casco histórico en condiciones de poseer un  reconocimiento por parte de la UNESCO. 

 Si seguimos nuestro recorrido montaña arriba podemos encontrar, además de calles con desnivel, la famosa Iglesia de Santa María, un edificio de enorme interés arquitectónico del que apenas quedan unas ruinas. El pórtico principal es el único resto del edificio que se alza en un emplazamiento reconstruido como mirador, donde algunos bancos y unas bonitas vistas no tienen ni punto de comparación con lo que algún día fue este lugar santo. Si bien es cierto que ya aparecía muy deteriorada, lo que queda de ella es un pórtico con una reja restaurada y unos bonitos detalles en su parte más alta, coronados con una serie de placas conmemorativas. 


Desde el reciente mirador, podemos tomar fotografías, simplemente, geniales. Aunque algunos edificios ya son mucho más recientes (construidos desde más o menos la época de los 50), todavía podemos divisar tejados a dos aguas y tejas antiguas, unas casas donde tiene que ser un completo lujo escuchar la lluvia deslizarse por la argamasa... 


Si continuamos ascendiendo, podemos encontrarnos con construcciones tan originales como la que os presento... De hecho, no llegamos hasta ella, por lo que no acabó de quedarnos claro de si se trataba de una ermita o iglesia o, simplemente, de una original vivienda con una cúpula... Apunto más por la primera opción... Si alguien conoce el lugar, que nos informe de qué se trata. 



Y, si al principio presentábamos una fotografía del castillo visto desde los pies de Jijona, las cosas habían cambiado notablemente: a escasos metros de nosotros se alzaban, por fin, las ruinas del Castillo, entre maleza, paleras y algunos pinos. He de decir que la presión atmosférica varía notablemente, cosa que se nota en nuestros oídos, pero las vistas desde arriba hacían valer la pena cualquier recorrido, por duro que resultase. 


Ante nosotros se alzaba un mirador perfectamente acondicionado donde las temperaturas se percibían notablemente más bajas que al principio del día. Y algo estaba claro: las carrascas se veían perfectas desde las alturas, algo más de 1.200 metros de media. La coloración del terreno es de color turrón... ¡Y nunca mejor dicho! Y se percibía una respiración más clara y menos contaminante: 


El acceso al castillo no está permitido, por lo que apenas nos quedó la ilusión de verlo desde fuera. La torre es monumental, y se alza ante los ojos de cualquier curioso silenciosa, como indignada por ser lo único de la época medieval que queda en un paseo decorado con las farolas más modernas. Quedan algunas ruinas más dispersas por el mismo terreno, pero el acceso es mucho más complicado y no nos quedaba demasiado tiempo. 


Culmino comentando que he sido una persona que ha tenido el placer de visitar numerosos cascos históricos de ciudades o pueblos, cada uno con sus peculiares características. Sin embargo, todos ellos tienen algo en común: puede aspirarse el aroma a gentío, a esa sensación de '¿cuántas habrán sido las personas que han pasado por aquí?'... He podido mezclarme entre sus gentes y dejarme llevar por sus caminos... He salido a sus calles y he dialogado con ellos... He sabido qué sienten y he podido sentirlo... Deberíais probarlo: es, simplemente, ensoñador. 

2 comentarios:

  1. Hola! Soy de Jijona y estoy muy preocupada por la situación del patrimonio en mi pueblo. De hecho hemos creado una asociación para su protección ya que no existe ninguna figura municipal que lo proteja. La verdad que me ha sorprendido leer tu entrada y has conseguido que me emocione. Solía pensar de pequeña que era un lugar sin encanto, ahora cada día me enamora más el lugar. Te agradezco infinito que que lo veas con tan buenos ojos. Un saludo

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    1. ¡Hola! ¡Cómo nos gusta leer comentarios como el tuyo! :) No sólo te agradecemos muchísimo que hayas llegado hasta aquí sino que valores tanto nuestro trabajo altruista a la hora de dar visibilidad a lugares que, a pesar de todo, conservan su belleza... Y, sin duda, el casco histórico de Jijona es uno de ellos. Infinitas gracias a ti, :)

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