sábado, 5 de mayo de 2012

Sanatorio Antituberculoso de Torremanzanas


Para los apasionados de los lugares 'encantados', nuestra visita de hoy puede dejaros, simplemente, sin palabras... Como me dejó a mí. Sin ánimo de meter las narices donde no nos llaman y sólo guiados por nuestro instinto de buscar esos sitios que erizan la piel, el coche nos llevo al Sanatorio Antituberculoso de Torremanzanas, tal y como reza la inscripción en su fachada principal. En la actualidad se encuentra totalmente derruido y apenas se puede contemplar parte de lo que algún día fue, pero creedme si os digo que allí pueden sentirse tantas cosas como personas ocuparían sus cimientos en la época. 

Su acceso es un tanto complicado, sobre todo si no se conoce la zona... Este viejo edificio se encuentra situado en una pequeña población del interior de la provincia, a nada más y nada menos que 788 metros sobre el nivel del mar. Se encuentra casi a pie de carretera, tras un largo recorrido por un campo amapolas tan rojas como la sangre que han pasado unos días conmigo en casa (lo siento, no pude evitar la tentación): apenas alzando la vista hacia la izquierda, veremos sus ruinas casi a la altura de nuestros ojos... Os informo de que no puede accederse con vehículo puesto que el único camino que da vía libre se encuentra cerrado con una cadena... La solución está, por tanto, en dejar el coche y subir caminando, a pesar de lo que pueden sufrir los oídos con el cambio de presión atmosférica. 


El frío resulta demoledor: son unos 14 grados de diferencia los que separan la zona de poblaciones como Elche, y os aseguro que se nota. Además, el frío comienza a percibirse con mayor crudeza justo en el ascenso por un camino empedrado y bastante derruido, rodeado de plantas y flores geniales y de lo más extravagantes. Cuando llegamos, el coche marcaba 12 ºC y, en apenas 15 minutos (la visita no fue demasiado larga), descendió a 9... ¡Señores, que cada día veo 25 ºC en mi termómetro de ciudad! Es lo que tiene que el inmueble esté completamente alejado de todo núcleo urbano, y es que desde allí poca o ninguna es la civilización que puede contemplarse. 


El edificio ha tenido numerosos usos, desde que fuera construido en 1926 por la Orden Jesuíta 'Compadre de Jesús' y utilizado como albergue. Posteriormente, fue una colonia infantil de recreo, donde los niños iban a hacer actividades extraescolares. Años más tarde, durante la Segunda República, fue un hospital infantil y, durante la Guerra Civil, fue utilizado como hospital militar, hasta el fin de la guerra, momento en que se convirtió en sanatorio de tuberculosos. Por todo ello puede dilucidarse que, entre sus paredes, esas que ahora se encuentran en estado total de abandono, se ha vivido mucho dolor y muerte... Esa sensación se nota cuando uno se encuentra ahí arriba mientras el edificio, cuya construcción data de principios del S.XX y se divide en dos plantas con una superficie total de 97.694 metros cuadrados entre el edificio principal y las instalaciones anexas, se alza prepotente ante la vista de cualquier curioso. 


Tras una pinada rodeada de romeros en flor de lo más aromáticos (un paraje excepcional) comprobamos los primeros trazos de la fachada trasera del edificio, que mira hacia la carretera. Su estilo, claramente victoriano con algún toque modernista (¿a quién no le recuerda a las antiguas estaciones de ferrocarril?), nos mira desde lo alto de la colina, a la que ascendimos caminando a pesar del frío. Tras tomar unas fotografías, procedemos a rodear la construcción para acceder a su interior a través de su fachada principal, donde todavía se pueden contemplar las palabras 'Sanatorio Antituberculoso de Torremanzanas' de una manera muy clara. 

Una vez dentro, lo que puede divisarse es un paraje desolador: desde la misma puerta ya puede comprobarse que las escaleras de acceso a la segunda planta, con dos brazos (izquierda y derecha), están totalmente derruidas e impiden a cualquier mortal ascender a las alturas. Además, mientras uno va pisando poco a poco se va topando con restos de baldosines de la época: mampostería fina en colores grises, verdes y blancos que le daban ese toque modernista del que antes hablábamos, creando unos mosaicos tan geniales en suelo y paredes que podrían pasar por actuales (es lo que tiene que, en sus inicios, su función principal fuese la de albergue). 


Los más atrevidos, como nosotros, osamos a ascender las escasas escaleras que todavía quedan para poder divisar aquello que queda de la segunda planta, puesto que todos los techos están derruidos y el riesgo de desprendimientos es muy escaso ya. Desde ahí arriba, y entre el silencio, podían divisarse los ventanales de las antiguas habitaciones, parte del patio central y los restos de la instalación eléctrica, todavía colgante. 


Tras haber comprobado anteriores fotografías del lugar, he de decir que los años no perdonan, ni tampoco los actos vandálicos... Queda de todo apenas nada, y un claro ejemplo podría ser el patio central. El acceso al mismo es un tanto peligroso (alguna que otra pintada lo avisa), y los matorrales han acabado por invadirlo todo... Desde ahí es posible observar cómo, en la segunda planta, todavía quedan restos de lo que, en su día, se llamó 'La Habitación Roja', con una pigmentación roja en sus muros destinada al revelado de las radiografías de los enfermos internos en sus paredes. Impresionante la sensación que desde allí se siente... Hay que vivirlo. 


Si seguimos caminando, en una pequeña estancia encontramos los restos de lo que fue un baño comunitario... Pueden distinguirse todavía los platos de ducha (unos 6) y las cañerías de los lavamanos, ahora arrancados y abandonados en el patio. También podemos distinguir lo que en su momento fueron los huecos de los inodoros y las paredes que los separaban, cada uno con su juego de baño correspondiente (un reposo para la pastilla de jabón o el rollo de papel higiénico). Los desagües permanecen allí, junto a una ventana derruida que permanecerá abierta hasta que el edificio siga en pie. 


Una vez recorrido el edificio en unos 15 minutos, puede comprobarse cómo el frío parece haber aumentado de una manera importante. Aún con buena luz, descendimos el camino hacia el vehículo, con la cámara repleta de buenas fotografías que hoy os mostramos... Tardamos unas cuantas horas más en llegar a casa (bordeamos la montaña completa), pero la visita valió la pena. A todos los apasionados del género paranormal les invitaría a pasar una tarde respirando un ambiente genial, en un paraje natural impresionante donde un edificio cómo éste se alza desolador entre la nada. 

No tiene desperdicio...

5 comentarios:

  1. se os pasó por alto una especie de bunquer bajo tierra, está a unos diez metros caminando por la parte de atras, tiene una pequeña entrada en el suelo con una escalera de metal enrobinado, es enorme y es lo mas escalofriante del lugar.

    ResponderEliminar
  2. desde la puerta que se ve en la primera foto, sigue en linea recta subiendo la montañita, esta bastante cerca, lo veras porque el suelo es de cemento, bajo está el bunquer o crematorio, no se qué era. aunque ahora no se como estara hace años que no paso por ahi, suerte;)

    ResponderEliminar
  3. He estado este finde por la zona y me pasé a visitarlo, y cual fue mi sorpresa al encontrarme el edificio totalmente vallado y la parte izquierda de la fachada frontal con signos de no soportar más su propio peso. Una pena no haber podido adentrarme a investigar el edificio. Un saludo

    ResponderEliminar
  4. Respuestas
    1. Por desgracia, en la actualidad está completamente vallado y en unas pésimas condiciones... Es bastante peligroso.

      Eliminar