miércoles, 13 de junio de 2012

Antiguo Colegio de Disminuidos Psíquicos 'San Ramón' (Agost, Alicante)

Hace un par de semanas, indagando por los rincones de Internet, descubrí un lugar del que mucho se ha hablado a lo largo de los años... Voces sin dueño, ruidos de la nada o apariciones fantasmales es de lo más típico si le preguntas a cualquier persona que haya puesto sus pies en el antiguo Colegio de Disminuidos Psíquicos 'San Ramón' de Agost. La mayoría de los que han tenido el valor de visitar sus más profundos rincones no guardan un buen recuerdo de lo allí vivido... Todos dicen haber escuchado pasos y voces que rompen el silencio. 

Ubicado a las afueras de Agost y alejado de cualquier civilización, cuenta la historia que fue construido en el año 1967, bajo la propiedad de un teniente militar adinerado de la zona. Tras unos años de actividad, sus instalaciones dejaron de ser viables en la década de los 90, a causa de la nueva ley que dictaba el derecho de integración en la enseñanza para el alumnado. A partir de entonces, y aún tres décadas después de su abandono, aquel edificio ha sido frecuentado por gente de toda clase y de todo tipo (¿quién no ha visto los montones de bolas de las armas de Airsoft?), y con el paso del tiempo ha sido objetivo de habladurías, rumores y especulaciones que tiñen de negro un pasado no muy lejano. Varias personas han sentido en sus propias carnes los fenómenos paranormales de los que tanto se habla... ¿Por qué no vivirlo en primera persona? Dicen que sucedió un accidente en los alrededores...: una alumna se escapó del recinto en busca de sus padres. Obcecada en su búsqueda, bajó a la carretera  de Agost por el camino de piedra, donde fue atropellada accidentalmente por un coche que circulaba por la zona. 



En principio, el colegio no tiene pérdida... De hecho, las coordenadas exactas del GPS te llevan hacia el punto exacto de la carretera de Agost donde se encuentra. El acceso, a través de un camino pedregoso y en muy mal estado, permite aparcar el vehículo justo en la puerta para continuar la visita caminando, todo un lujo teniendo en cuenta la de veces que hemos tenido que abandonar el coche a su suerte y continuar pisando maleza. El silencio que allí reinaba era espectacular: ni un alma parecía respirar del aire que allí circulaba, y el sonido del vacío podría hacer reventar los tímpanos de cualquiera. Sólo podía escucharse el ulular del viento atravesando las ventanas sin acristalar... Teníamos toda la tarde por delante y el edificio únicamente para nosotros. 


Tras ascender saltar una especie de montículo para llegar al recinto (el hueco de la puerta ha quedado sellado por la maleza y las basuras), comenzamos a respirar el ambiente enrarecido que allí se percibe. Nuestro primera parada se realizó en una enorme piscina (o algo así) al descubierto que nos daba la bienvenida... Toda llena de escombros, su profundidad era muy escasa, posiblemente para evitar accidentes con los niños. Muy llamativo era el hecho de que la 'piscina' tuviese ganchos a tutiplén y ningún hueco para colocar las escalerillas de acceso... No tenía demasiada apariencia de piscina, para ser exactos... Pero, de ser una fuente, su tamaño era un tanto... Descomunal. 


Tras esta pequeña 'duda', nos adentramos entre las paredes del colegio, las cuales parecen guardar muchos secretos... La primera sensación que se experimenta es la temperatura: varios grados por debajo de los exteriores fueron capaces de helarnos la sangre. ¿A qué podría ser debido? El colegio queda a merced de los fenómenos meteorológicos debido a la falta de ventanas y techos, por lo que la diferencia no debería existir... Sin embargo, una sensación de que el aire acondicionado se encontraba a 18 grados era indiscutible. 


No había duda: nos encontrábamos en el acceso principal a un gimnasio, una estancia decorada en lo que yo denomino 'blanco psiquiátrico' con algunos detalles en rojo, para romper un poco el 'fenómeno bata blanca' que allí se respira. Una especie de piscina interior de baja profundidad se halla a la derecha, con ventanales arriba... Suponemos que, cuando la luz incidiese en el agua, daría lugar a bonitas formas y variados colores. 


Seguimos avanzando, y lo primero que encontramos al fondo son cuartos de baño... Apenas uno de los muchísimos que el edificio posee. De hecho, demasiados, bajo mi punto de vista... Es incontable el número de excusados (no distinguimos si para niños o niñas), decorados con azulejos blancos, que flanquean los interiores de las plantas, sus pasillos o sus aulas. Podría revisar fotografías del lugar de hace unos 6 años... Demasiado tiempo, pues ya no queda nada de los sanitarios... Sólo escombros y destrozos varios en suelos, paredes y techos. 


Tras salir de los cuartos de baño, avanzamos hasta introducirnos en un sinfín de pasillos... Montones de corredores hospitalarios nos invitan a dar una vuelta y echar unas fotos, pero la sensación de incomodidad va creciendo. Hacía frío... No tanto, pero un par de grados por debajo de lo que consideraríamos 'normal' en unas fechas como éstas. Decidimos, entonces, separarnos: cada uno echaría fotografías a una zona del edificio y, si algo interesante encontraba, lo pondría en común para verlo en conjunto.


En mi caso, he de reconocer que, quizás, me tocó la 'mejor' o 'peor' parte, según se mire... Lo cierto es que mi recorrido fue bastante más entretenido. Tras recorrer estancias literalmente destrozadas, donde los tabiques habían sido derribados, comencé a notar algunas presencias... Corrientes de aire se desplazaban alrededor de mí hasta que me decidí a entrar al anfiteatro, de unas dimensiones bastante considerables. El techo había perdido claramente su consistencia, pues los escombros cubrían el suelo y hacían bastante complicado el acceso, mientras los palos de encofrado tomaban una amenazante dirección hacía el suelo, como a punto de desprenderse sobre el primero que osase a cruzar los umbrales. 


Fue en ese momento cuando sentí algo verdaderamente aterrador: una figura negra pasó junto a mí en un breve lapso de tiempo, tan corto que no tuve oportunidad más que de sentirla, de percibir el aire frío que removió con su paso. Me quedé inmóvil pero relajada, tragando saliva e intentando seguir con mi recorrido... Había vivido lo que muchos relataban, y muy pocas veces me había sucedido hasta la fecha. 


Continué mi camino, fotografiando algunas terrazas o patios interiores que daban mucho juego, sobre todo por los montones y montones de bolas de Airsoft que allí se acumulaban. He de reconocer que las paredes que todavía siguen en pie aparecen completamente tiroteadas, agujereadas, repletas de esos minúsculos hoyos que hacen que piense en cómo va el país y cómo es de cuidadosa nuestra juventud con la propiedad privada. 

Continué avanzando, hasta encontrarnos de nuevo mi acompañante y yo... La sensación de hallarse juntos fue muy reconfortante en un lugar donde la cantidad de puertas intercomunicadas y estrechos corredores hace perder el norte de una manera agobiante, sobre todo cuando la falta de luz nos asola sin compasión. Finalmente, acabamos en la cocina o, al menos, eso decían las pintadas... En principio, parecía demasiado pequeño como para formar parte de los fogones de un colegio de tales dimensiones, lo que implicaría, a su vez, un gran número de internos. 


He de reconocer hay que vigilar por dónde se pisa debido a los múltiples agujeros que, desde el suelo, nos dejan ver unos aterradores sótanos de lo más oscuros... Tras un intento fallido de acceder a esos subterráneos, el siguiente objetivo estaba claro... ¿Qué nos esperaría en el piso de arriba? Con mucho cuidado, subimos las escaleras, pues parecía que se iban derrumbando a nuestro paso... Al final de la misma, una escalerilla a modo 'salida de emergencia' llega hasta las azoteas más altas. Los peldaños eran demasiado inestables como para haber ni siquiera pensado en subir a ver qué nos podría deparar, pero tenía toda la pinta de ser una escalera de acceso a una especie de chimenea o algo por el estilo. Una vez más, los chicos que hacen partidas ficticias de 'guerra' nos señalan con sus pintadas qué es cada cosa. 


Avanzamos por la planta superior, encontrando decenas de habitaciones iguales en cada corredor... Las habitaciones se agolpaban unas detrás de otras, con un tamaño muy reducido, casi agobiante, aunque todas con ventilación al exterior. No queda nada del mobiliario, pero puede adivinarse el espacio para la litera (una litera de dos camas y poco más) y el hueco del armario empotrado, ahora sin puertas. Los baños se ubican fuera de las habitaciones, compartidos y con cuatro urinarios por cada uno de ellos. 

Poco más había por ver en la primera planta... Todas las habitaciones aparentaban iguales. Por ello, regresamos a la planta baja, a continuar indagando en la zona del anfiteatro... Allí teníamos un asunto pendiente. Tomamos diversas fotografías utilizando los filtros de color de la cámara, y dando lugar a maravillas como la que más abajo os presento... He de reconocer que el ambiente allí estaba verdaderamente cargado. 


Atravesamos los escombros por los lugares más seguros y llegamos a la zona del escenario, subiéndonos al mismo. Tras él, una multitud de corredores y puertas que comunican estancias unas con otras nos esperaban... La sensación de agobio iba aumentando. Por un lado, parecían hallarse las bambalinas, es decir, pequeños apartaderos donde los artistas invitados podían ir cambiándose de vestuario. Si avanzamos un poco más en el laberinto, encontramos unos muy oscuros cuartos de baño, donde la única iluminación es la de los flashes de nuestras cámaras... Yo no fui la persona que se atrevió a cruzar el umbral de ese estrecho corredor, la sensación que allí se sentía era demasiado enérgica... Sin embargo, cuento con alguna foto para el recuerdo. 

Recorrimos el colegio en sentido contrario, y acabamos en la otra cara del mismo, justo en el lado opuesto por el que habíamos accedido en un principio. En el camino, encontramos estancias pequeñas y oscuras, de modo que no pudimos evitar adentrarnos... Lo que allí me sucedió fue también muy llamativo. Mientras mi acompañante se introdujo en un rincón oscuro, yo preferí esperarle fuera... Desde mi perspectiva, no podía divisarle: además de la oscuridad, apenas podía percibir sus pasos pisando los escombros. Fue en ese momento cuando escuché a alguien corretear al otro lado del pasillo... Los pasos eran fuertes y firmes, por lo que le pregunté a mi acompañante qué estaba haciendo... Él salió del mismo sitio de donde le había dejado... Entonces, acabé preguntándole: "¿si tú estabas ahí, quién estaba correteando al otro lado?" Silencio... El silencio volvió a reinar tras el encontronazo.

Divisamos, entonces, unas escaleras de acceso nuevamente a la planta superior, en mucho peor estado que las anteriores. Con un filtro de color rojo, la imagen quedó así: 


Una vez fuera, encontramos el acceso a los sótanos, más conocidos por albergar en sus entrañas las calderas y la lavandería. Una vez uno se decide a adentrar en las profundidades de esa oscuridad, comprueba el hedor insoportable a humedad y la cantidad de insectos que allí residen. Moscas, mosquitos y demás bichos no identificados se agolpan alrededor de tu cara si eres capaz de caminar casi a oscuras por un corredor que parece no tener final. 


Una vez estamos llegando a la pared opuesta, dirigimos nuestra mirada a la izquierda, donde la oscuridad es imperante... El silencio, además, duele. Poco se puede distinguir además de escombros, por lo que el acceso era totalmente imposible si no se querían sufrir lesiones de alto grado. En las fotografías, un ser normal sería capaz de distinguir un aparcamiento subterráneo de baja categoría... En mi caso, me pregunto para qué tanto espacio. Me pregunto para qué tanta profundidad, tanta oscuridad... ¿Cuál sería la verdadera función de estos sótanos? ¿Para qué tanto espacio si tenemos en cuenta el tamaño de la cocina? Algunos han llegado a rumorear con que en estos bajos existían habitaciones... ¿Para qué, con qué finalidad? Poco más se conoce de la historia de este colegio... Y poco más parece que vayamos a conocer. 


No tardamos en abandonar un ambiente donde, a pesar de que no hay nadie, parecen escucharse sonidos que provenían de todas partes... Llegamos, entonces, a la llamada caseta del guarda, bastante apartada del colegio pero construida siguiendo el mismo estilo. 


Una vez dentro, la sensación de agobio era bastante superior que a la vivida anteriormente... En tan poco espacio, los corredores se agolpan hasta formar una especie de laberinto decorado con bonitas cenefas verdes sobre paredes salmón, un lugar del que parecía muy complicado salir. Finalmente, es posible localizar alguna estancia, de tamaño muy reducido, pero también muy alegremente decorada... No parece en ningún momento la caseta del guarda... ¿Un salón de visitas, quizás? No nos queda nada claro... Como Trabajadora Social que soy, en este lugar podría traducir justamente eso, un lugar apartado del colegio, decorado para la ocasión para que los padres pudiesen visitar a sus hijos sin necesidad de involucrarse demasiado en la vida de este centro. 

No continuamos, poco más había por ver... Bajamos de nuevo al camino y recogimos el coche: nuestra visita había llegado hasta ahí... Y aprovecho para redactar sobre la misma ahora que no estás. Serán dos larguísimos meses sin verte, pero muchas serán las experiencias que podrás narrarme... Yo seré tus dedos a la hora de escribir cada una de las historias que vivas si así lo deseas. Te voy a estar esperando para reanudar nuestros viajes... Mientras, tengo material suficiente como para continuar haciéndoos llegar nuestras valiosas experiencias. 

4 comentarios:

  1. Visité el lugar hace muchísimos años, cuando (hablando con el dueño) le comentamos la posibilidad de reabrirlo para dar estimulacion a niños con discapacidad. Le pedimos que nos cediese una pequeña parte para desarrollar esta idea, pero él (armador millonario) sólo pensaba en sacarnos dinero por todas partes. Visitamos el centro e hicimos muchas fotos a modo de afrontar posibles reformas. Aparecieron muchos orbes en la zona del salon de actos, un lugar increíble!

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  2. Se podría decir que visitamos el lugar poco antes de su derribo. Cuando me enteré, me dio muchísima pena: he visto lugares en muy peores condiciones que todavía siguen en pie... No sé si hubiese podido ser recuperado, pero las instalaciones eran enormes y seguro que algunas de sus zonas podrían haber sido recuperadas (algo así como lo que sucedió en el Sanatorio de Sierra Espuña, que una parte se recuperó como albergue durante un tiempo).

    Como bien dices, la zona del salón de actos es aquella en la que mayor actividad paranormal se ha registrado hasta la fecha. Cuando pasé la tarde allí, estuve un par de horas echando fotos en esa enorme habitación, desde todos sus rincones, y no me gustó en absoluto la sensación que allí me invadió. Estaba bastante oscuro, sobre todo en la zona de bambalinas, detrás del escenario. Digamos que estaba sola, pero también acompañada... Como bien dices, ¡un lugar increíble! :)

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  3. Sobre la 1 a.m. por una de las entradas de la izquierda que daba a una sala cuadrada con muchas piedras y ladrillos en el suelo, estaba solo en ese momento y vi una chica mirando al suelo, de color azul claro entera, desprendía luz, en lugar de ir a tocarla, sali de ese cuarto para avisar, al volver esa sala estaba totalmente a oscuras, ha sido una de mis mejores experiencias en la vida. Les mande un email a cuarto milenio para que fuesen (esto fue en el 2009) pero me ignoraron...

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  4. Me han contado experiencias increíbles vividas entre las paredes del Colegio San Ramón, algunas de ellas, aterradoras. Es una pena que lo hayan derruido... Con él han desaparecido todas sus historias... De todos modos, yo tengo pendiente realizar una nueva entrada dedicada a este lugar, recopilando fotografías y vídeos de gente que tenga experiencias que contar. Si quieres participar, ponte en contacto conmigo, :)

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