viernes, 27 de julio de 2012

Isla de Tabarca (Santa Pola, Alicante)

Varias han sido las veces que he tenido la oportunidad de visitar la Isla de Tabarca, más en concreto dos, pero la última fue única y exclusivamente para disfrutar de los parajes más recónditos de un lugar con una superficie total 30 hectáreas, de longitud máxima de 1.800 metros de NO a SE, y una anchura máxima de 450 metros. Se encuentra a unos 22 kilómetros de la ciudad de Alicante, y unos 8 km del Puerto de Santa Pola, y ha recibido numerosas denominaciones a lo largo de su historia, que probablemente comenzó en la época griega/romana... Seguramente, la que más conozcáis sea Planesia, pero muchos han sido los nombres que la han bautizado desde entonces. Su relieve, en general, tiende a ser plano, mientras que toda la costa es accidentada, repleta de vistosas rocas que nos regalan unas vistas sin igual. Su clima, mediterráneo seco, suele resultar agradable en cualquier época del año... Sin embargo, no para la vegetación: en su mayoría, es escasa, ya sea matorral o arboleda... Seguramente, su enclave no permita un crecimiento satisfactorio de plantas autóctonas. 


Mi última visita fue, aproximadamente, hace dos años, por estas fechas... Aunque estábamos en Agosto, tomamos la sabia decisión de pasar un Miércoles completo allí, desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la tarde, para descubrir las razones que llevaron a convertirla en un Conjunto Histórico-Artístico el 27 de Agosto de 1964. La isla está comunicada por líneas regulares de catamarán con Alicante y Santa Pola, existiendo también servicios estacionales a Guardamar del Segura y Torrevieja. De hecho, debido a las reducidas dimensiones de isla, en su interior no existen carreteras ni apenas tráfico de vehículos, por lo que el aire respirado es verdaderamente limpio. Es por ello por lo que tomamos uno de estos 'vehículos' en el Puerto de Santa Pola pasadas las 10 de la mañana... Eso sí, no os hagáis ilusiones con la visión submarina: además de apestar a combustible, la zona inferior de estas embarcaciones sólo nos muestra lo sucios que somos los seres humanos con la naturaleza. 


El Puerto de Tabarca, de muy reducidas dimensiones, ya nos deja hacernos una idea de lo que veremos a continuación: numerosas embarcaciones de recreo se agolpan entre las rocas, unas paradas, otras en funcionamiento, mientras nuestros pies pisan un terreno verdaderamente árido, donde la vegetación no sobrepasa una determinada altura y su coloración es verde grisácea sobre un terreno poco homogéneo. Tras subir la pendiente que nos lleva a la 'cima', la isla te da dos opciones: adentrarte en el pueblo o, por el contrario, descender a una de las dos playas que posee, bastante más rocosas que arenosas. La decisión estaba clara: nos adentraríamos en el pueblo, para descubrir su historia o pasear entre sus gentes. 



El acceso se logra a través de la Puerta de Levante o de San Rafael (Porta de Llevant o de Sant Rafel) de la Muralla que la rodea. Está situada al este y se trata de la vía de comunicación entre la ciudad y el campo, donde se halla el Puerto. Cuenta la historia que, ante ella, debería haberse construido un antemural que permitiera la vigilancia del campo y del mar a ambos lados, pero nunca llegó a realizarse. En ese sentido, he de decir que el perímetro de la Muralla se adapta perfectamente al de la isla, y se construyó en su mayor parte según los planes originales. En total, posee tres puertas, todas ellas de estilo barroco, al igual que todas las figuras cristianas que nos dan la bienvenida en sus altares: sólo es necesario observar sus caras de dolor y sufrimiento para percibir la época en la que fueron talladas. 



En sus calles se respira tranquilidad... Ya no sólo por la ausencia de vehículos a motor, sino porque el grueso de turistas se encuentra, en su mayoría, en la playa, agolpándose por unos rayos de sol o un pedazo de arena donde disponer la toalla. Todas las viviendas tienen una construcción similar, aunque algunas ya aparecen reformadas: casas unifamiliares, de una o dos plantas, pintadas mayormente en tonos blancos y/o azules. Cuenta la historia que, a pesar de que algún día la isla fue poblada por los romanos, la historia de la actual Tabarca comienza en 1768, cuando Carlos III, instado por el mercedario fray Juan de la Virgen, consiguió la redención de un grupo de 69 familias de origen ligur que, bajo el gobierno de la República de Génova, se habían instalado en la isla tunecina de Tabarka. Esta isla había reducido a sus habitantes a esclavitud, comenzando su liberación y traslado hasta la nueva isla de Tabarca en Diciembre de ese mismo año. A cada familia le fue asignada en la isla una casa numerada, con acto formal y recibo regular, concediéndoles a los colonos una serie de privilegios y exenciones. La seguridad fue confiada a una galeota y, para el desarrollo de la pesca, se concedieron seis embarcaciones aparejadas. De hecho, el origen genovés de sus habitantes actuales es fácil de comprobarse a través de un seguimiento histórico de los apellidos más comunes: Buzo, Capriata, Chacopino (Jacopino), Colomba, Russo, etc.


Aunque las obras principales concluyeron con la construcción de las casas, no debemos olvidar las MurallasBateríasBaluartesTenazasPuertasAlmacenes Glacis, seguido de Bóvedas subterráneas donde almacenar los pertrechos militares, Caballerizasla Iglesia, la Casa del Gobernador y las Casas de Ayuntamiento, por si alguna vez llegara a tenerlo (cosa que nunca sucedió). Además, se realizó toda una serie de instalaciones imprescindibles para la vida isleña, como un Lavadero, una Cisterna para el agua de lluvia, Hornos de PanCal Yeso, etc. Si bien es cierto que existe mucho terreno sin edificar, en la siguiente fotografía vemos cómo se agolpan las viviendas en una determinada zona, alejada de la orilla de la playa, intuimos que para evitar las humedades (inevitables, por cierto). 


En cuanto a la Muralla, decir que está construida en piedra, con las caras exteriores en sillería. Existen tramos muy deteriorados e incluso desmoronados sobre el mar, y las almenas casi han desaparecido. No obstante, desde 1980 se han llevado a cabo varias obras de reconstrucción y rehabilitación, por lo que algunas zonas nos regalan unas vistas preciosas, desde las que dan ganas de lanzarse al mar y perderse entre sus corrientes. Las aguas son totalmente transparentes, y las rocas se ven a la perfección... Por desgracia, también hay basura, aunque no tanta como en otras playas, todo ello obra y gracia de los turistas. 


Además de la Puerta de Levante o de San Rafael, otras dos son las puertas barrocas que vamos a destacar. Por un lado, encontramos la Puerta de la Trancada o de San Gabriel (Porta de la Trancada o de Sant Gabriel), puerta oeste que da paso a la antigua cantera de donde se extrajo la piedra para realizar las construcciones de la ciudad. Lo cierto es que, en dicho islote, se preveía la construcción de un Astillero y una Torre, que no llegaron a realizarse; además, en los alrededores de la puerta se han hallado enterramientos y vertederos de época romana. También encontramos la Puerta de Tierrade Alicante o de San Miguel (Porta de Terrad'Alacant o de Sant Miquel), la menor de las tres que se abre a una pequeña cala en la que se encontraba el puerto y del que sólo queda constancia por el reducido espigón formado por la roca natural.


Si seguimos caminando, topamos con la Iglesia de San Pedro y San Pablo (Església de Sant Pere i Sant Pau). Decir, en ese sentido, que en 1769 ya existía una pequeña Capilla, que se amplió a Iglesia y fue bendecida en 1770. El edificio actual es exento, de nave única y capillas laterales. Bajo su pavimento hay tres bóvedas con sepulturas y cuenta con dos puertas, una en la fachada de poniente y otra en la fachada sur, donde comienza el eje NS que se dirigía, en principio, al Castillo que nunca llegó a construirse. Tanto el pórtico como los huecos de las ventanas son de inspiración barroca, dominando en ellas las curvas y las superficies alabeadas. Contiguo a la Iglesia se construyó un edificio destinado a Casa del Cura y las Escuelas. Conviene apuntar que nunca accedimos a su interior... De hecho, en las dos ocasiones que la he visitado, se encontraba en proceso de remodelación, por lo que las fotografías están tomadas desde la lejanía y en ángulos poco satisfactorios. De todos modos, se puede apreciar la diferencia... Lo que tengo es la duda de si hoy en día se encuentra abierta al público, dado que sería un lugar muy interesante para visitar.


Dentro de su patrimonio histórico, podríamos destacar algunas cosas más, como la Casa del Gobernador (Casa del Governador). Al no llegarse nunca a edificar el Castillo, la Casa del Gobernador se construyó en un lateral de la plaza, sobre la casa que se había construido para caballerizas, a fin de instalar un alojamiento decente para el Gobernador y el Ayuntamiento (cosa que nunca llegó a tener). En conjunto, nos hallamos ante una edificación de dos plantas y cubierta a cuatro aguas, donde la parte de la planta baja refleja el uso de almacenaje que inicialmente estaba previsto, destacando sobre todo los grandes espacios libres, sostenidos por la doble arcada intermedia. En la actualidad está totalmente restaurada y alberga un hotel, situado cerca de la Puerta de Levante o de San Rafael (vemos las señalizaciones al fondo de la calle principal). 


Por otro lado, encontramos la Torre de San José (Torre de Sant Josep), cuyos antecedentes se remontan a las construcciones realizadas en los siglos XIV y XV, estando situada en el tercio oeste del campo. El edificio actual tiene forma de tronco piramidal con planta cuadrada y, alrededor de ella, se proyectó un foso que nunca se construyó. La puerta de acceso se encuentra a elevada altura sobre el terreno, desde donde se puede acceder a través de una reducida escalera. En su interior existe un patio cuadrado. Los paños de las fachadas son lisos y las esquinas estaban provistas de garitones que han desaparecido al abandonarse el edificio. Destacar que, durante el siglo XIX, fue utilizado como prisión del Estado, y actualmente es muy complicado acceder: tanto el Faro de la isla como la presente torre se encuentran tras una valla protectora, seguramente para evitar daños por parte de los indeseables. 



Hablando del Faro (Far), podemos comprobar cómo, la parte más seca de la isla, lo divisamos a lo lejos y tras una valla, inaugurado en 1854. Se trata de un edificio de grandes dimensiones que sirvió de escuela de fareros, formado por un cuerpo inferior de volumen cúbico de dos plantas destinadas a vivienda. Sobre él se alza la torre prismática que sostenía el mecanismo de iluminación, hoy desmantelado. Estilísticamente, pertenece al neoclasicismo, aunque su cronología es algo tardía. En 1971 se construyó a su lado un nuevo faro de hormigón armado, pero fue demolido en 1998 para recuperar el faro original. Actualmente, se le ve bien pintado y demasiado reformado, habiéndose perdido parte de su esencia original para evitar su demolición... Una desgracia, por cierto. 


Fuera de todo patrimonio histórico, muy relevante es también la Reserva Marina de la Isla de Tabarca, declarada en 1986 y siendo ésta la primera de España. Su flora y fauna marinas son muy destacables, así como la limpieza y transparencia de sus aguas... Desde el Faro, si hacemos un alto en el camino y nos detenemos en el sendero que pasa junto a él, podemos sentarnos (en el suelo, por supuesto) y contemplar como rompen las olas bajo nuestros pies, a pocos metros de altura del nivel del mar. Las vistas, además de románticas, no tienen igual... Muchas son las playas y calas que he visitado a lo largo de mi vida sólo por el hecho de tomar unas fotografías, y pocas se parecen a las de Tabarca


También muy interesante de destacar sería la Cueva del Llop Marí, la cual no tuvimos oportunidad de ver. Se sitúa en la vertiente meridional de la isla, bajo las murallas, y presenta dos bocas contiguas con acceso por mar y es visitable por embarcaciones de pequeño calado, con un recorrido de 100 metros. Según la leyenda popular, es el refugio de un horrible monstruo marino, de cuerpo liso y viscoso con boca armada de dientes de diferentes tamaños y formas, al cual persiguen los tabarquinos por las noches. Si alguien ha tenido el placer de visitarla, podría contarnos si eso es cierto o no, :)


Nuestra visita no pasó de ahí, aunque he de reconocer que tomamos un breve baño en la playa, bastante rocosa e incómoda, aunque genial porque casi no te ensucias de arena. Tengo pendiente volver más adelante: hay muchas cosas que pasé por alto y que me gustaría volver a disfrutar. Ya sabéis: lo de "¡qué tiempos aquellos en los que...!" y siempre nos queda algo por hacer. Pronto dejaré un poco de lado los lugares 'con encanto' para volver a sitios encantados', pero ya sabéis... Aquí hay un poco de todo: concentro las mejores fotografías que puedo tomar un día cualquiera o una tarde cualquiera en lugares que, en cierto modo, están por descubrir. 


Pronto volverás... Mientras cuento los días, os muestro ésto...  Por si no lo sabes... Te quiero... Y ésto, en cierto modo, va por ti. 

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