miércoles, 3 de octubre de 2012

Monasterio de San Ginés de la Jara (El Beal, Murcia)

Hoy regresamos con uno de los lugares más perfectos que he visto... Y esa perfección tan sólo es equiparable a cada uno de los secretos que alberga entre sus cimientos. Quizá sea uno de los lugares con más encanto y, si bien es cierto, con más dificultades en su acceso. Ubicado en un maravillo enclave donde el Mar Menor, enmarcado por las laderas del Cabezo de San Ginés, toma el protagonismo, se encuentra el Monasterio de San Ginés de la Jara, hoy en día, totalmente abandonado y cerrado a cal y canto, a pesar del esplendor del que gozó en su época. 


Situado en la Diputación de El Beal, en el término municipal de Cartagena, el Monasterio de San Ginés de la Jara puede tener sus orígenes en el siglo XIII, cuando fue ocupado por los agustinos. Sin embargo, parece ser que existe constancia de cultos mozárabes en la actual ubicación del monasterio desde antes del siglo XI, en plena dominación islámica (para ello, deberíamos tener en cuenta su decoración interior, sobre la cual incidiremos más adelante). Además, durante la Baja Edad Media, estaba compuesto por una pequeña ermita embutida en una sólida construcción a modo de torre fuerte, que servía de habitáculo y refugio a religiosos, ermitaños y, probablemente, a las rondas a caballo que, desde la ciudad de Cartagena, acudían cuando se daba aviso de la llegada de barcos berberiscos.


En 1541, el papa Pablo III reconoció la santidad de San Ginés de la Jara y se puede decir que el monasterio actual fue levantado por la orden franciscana en el siglo XVI bajo el patronazgo del Marquesado de los Vélez. Es de esta época de cuando data la fachada principal en la que se encuentran los escudos de los franciscanos y de los propios Vélez. Éstos hechos propiciaron un verdadero florecimiento del enclave, pero con el mantenimiento de las edificaciones existentes hasta ese momento y las reparaciones y adecuaciones más lógicas. 


Recuerdo haber pasado por el famoso puente de la A-7 que unía Puerto Lumbreras y Lorca... Y digo unía porque las últimas lluvias se lo han llevado por delante. San Ginés de la Jara es perfectamente visible desde la Autovía de Cartagena, aunque es necesario un cambio de sentido para poder llegar hasta él... O, más bien, hasta esos caminos que rodean el recinto, por los cuales el coche circula con una enorme dificultad al hundirse entre el barro, la tierra arada y las piedras. Una vez rodeado, uno se da cuenta del "problema": está totalmente cerrado, sellado en todas sus aberturas y rodeado por un muro de casi tres metros de altura. Sin embargo, y a pesar de todo, no pierde su encanto y ese toque de misterio que tanto le caracteriza.


No voy a dar explicaciones acerca de cómo conseguimos colarnos en el recinto, pero puedo afirmar que no fue nada fácil (peligro de abrasiones y arañazos varios), y no puedo invitaros a hacerlo porque es propiedad privada y bien claro lo dicen los carteles. Una vez dentro, el aspecto de todo lo que allí se encuentra es desolador: a pesar de lo semi-cuidada que imaginaba su fachada por las fotografías que había visto, nada tenía que ver con lo que ahora quedaba... Destrozos, techos caídos, ramajes secos y enmarañados rodeando la construcción... Una completa pena.


Si comenzamos a rodear el recinto, lo primero que encontramos es una especie de Aljibe de escasa profundidad, ahora relleno de troncos de palmera y algunos matorrales. Justo en ese lugar, comprobamos la existencia de una serie de edificaciones adjuntas a la inicial, rodeando el Huerto, totalmente destrozadas, en forma de 'U.' Son fruto de una de sus renovaciones (Siglo XVIII, Diego de Arce)), y se trata de un Templo y pequeñas Capillas dedicadas a los misterios del Rosario, incluyendo nueve Ermitas cuyas advocaciones hacían referencia a santos y penitentes.


Nuestro siguiente paso estaba claro, rodar el edificio principal, en búsqueda de alguna abertura, pero no: puertas y ventanas a la altura de un ser humano aparecen selladas con cemento y hormigón... En nuestra búsqueda, tuvimos el placer de contemplar esa Fachada de carácter renacentista reformada hacia finales del Siglo XVIII por Diego de Arce, otorgándole esa identidad artística tan especial a pesar de sus derruidos muros. El pórtico principal, aunque sencillo, consta de todos los detalles destacables en uno de los importantes: columnas completas, ornamentación varia, signos del Renacimiento y escudos de armas. ¿Necesitamos más?


Si seguimos caminando, y siempre con especial cuidado de los agujeros del suelo (el terreno ha cedido o los gazapos han hecho su labor), llegamos hasta la base del Campanario, de un tamaño bastante reducido pero de espectacular esbeltez. Si uno es un poco observador, puede comprobar cómo ha crecido un enorme cactus en lo alto... Nada de cigüeñas, pero sí cactus.


Tampoco pienso comentar cómo conseguimos colarnos en el interior, pero dadas las fotografías, os aseguro que fue verdaderamente complicado y agobiante... Sin embargo, el esfuerzo valió la pena: el Claustro (1670-1679), aunque cubierto de árboles centenarios y maleza moribunda, continúa conservando ese estilo mudéjar de sus inicios... Corredores altos y bajos a sus cuatro lados, bóvedas en la parte inferior, arcos de medio punto, ornamentación floral o llamativos colores que nos recuerdan a La Alhambra (Granada) hacen que respire un ambiente especialmente islámico entre sus paredes. Simplemente, espectacular... A pesar del paso de los años (el templo debió de estar acabado hacia finales de 1611 o comienzos de 1612), todavía podemos observar una pequeña Fuente en el centro, casi destrozada y cubierta de escombros... Tiene forma de una perfecta estrella de ocho puntas, decorada con mosaicos de azulejos azules de una forma muy andaluza.


Quizá fue a partir de ese momento cuando empecé a notar pequeñas ráfagas de aire, pero aún así, nos dejamos llevar por la curiosidad y acabamos dentro, atravesando un hueco ornamentado con un arco beige rodeado de flores (margaritas), con una forma muy dulce e infantil. Se abría, ante nosotros, una escalera de dos ramales hacia la Segunda Planta... Sin embargo, no subiríamos allí hasta no averiguar el estado de la Planta Baja.


Recorrimos montones de estancias, laberínticas, unidas las unas con las otras, totalmente derruidas: los puntales se distribuyen alegremente por todas partes, y hay que tener un cuidado tremendo de no tropezar con uno y que pueda caernos parte del tejado sobre la inteligencia. Entre sombras y ruidos extraños, encontramos los restos de una Cocina, un Lavadero, una posible Sala de Lectura (con mesas, sillas y una Prensa) y diversas estancias más que se comunican entre sí y que es posible identificar apenas por los flashes de nuestras cámaras, puesto que la iluminación es totalmente nula. 


Ayudados de nuestras linternas, nuestro siguiente destino estaba claro, aunque todavía no lo habíamos encontrado... La Iglesia Principal, dueña de ese pórtico tan espectacular, no quería dignarse a aparecer para ser fotografiada. Fue bastante costoso encontrar la abertura, y mucho más costoso adentrarse en ella, pero lo conseguimos: ante nosotros se abría la Iglesia donde tantas historias de fantasmas se habían contado, donde existe tanto nivel de actividad paranormal. No es otra que la que encierra los restos mortales de San Ginés de la Jara, la tumba subterránea de la familia Starico-Ruíz y los nichos de los monjes, en la actualidad totalmente profanados y saqueados. 


Cualquiera de las sensaciones vividas anteriormente en el monasterio se acentúan cuando entramos a la Iglesia... No hace frío ni calor, ni siquiera ruidos más extraños que los que posee cualquier edificación de estas características... Es esa sensación de no estar solo: habíamos muchos más allí de los que físicamente habíamos entrado. El agobio fue tal que parece que alguien con mucha más energía no estaba del todo conforme con nuestra visita... Éramos unos extraños contemplando la belleza de lo abandonado.


Un ventanal nos ofrecía gran cantidad de luz natural... La suficiente para no perder detalle de lo que estábamos observando. Todavía pueden contemplarse algunos Frescos en las paredes y unas Bóvedas decoradas casi al detalle, aunque son fruto de una remodelación mucho más posterior y llevada a cabo por uno de sus últimos propietarios, que no tuvo problema alguno en cambiar de manera irremediable la estructura del monasterio. La Capilla de la Gloria quedó destruida, aunque la de San Antonio todavía puede contemplarse: construida durante la última década del Siglo XVIII, alberga una habitación con numerosos nichos (Catacumbas), en la que alguien había dejado una vela encendida, muy a pesar del riesgo que supone y de la sensación que puede dar ver una vela alumbrando nichos porque sí. 


No accedimos a las habitaciones de Nichos... Ni siquiera descendimos a la Cripta de los Starico-Ruíz, por lo que no encontraréis ninguna foto de referencia. Todo ello se debe al respeto que me suscita no profanar lugares donde las personas descansan tras una vida de alegrías y penas, y es lo mínimo que podemos hacer por ellos cuando han sido numerosas veces profanados. 

Sin embargo, lo que uno no puede dejar de hacer es quitar sus ojos del Altar Mayor... Su misteriosa belleza continúa intacta a pesar de las numerosas destrozas. No quedan Bancos, no quedan Barandillas, no hay ni una sola imagen religiosa, pero la sensación puede sentirse: es como si allí mismo y a esa misma hora hubiese eucaristía... Como si en todos los bancos que un día estuvieron allí se agolparan los fieles a la espera de escuchar los pasajes bíblicos de una misa. No se puede evitar la tentación de llegar hasta el Altar, de subir cada uno de sus escalones y de situarme en el centro, de mirar hacia abajo y de comprobar si esas sensaciones pueden transformarse en imágenes cuando uno cierra los ojos... El ambiente está enormemente enrarecido, se respira moho y algo más... Pero es ese algo más lo que quiere que le dejemos descansar, así que no dudamos en tomar las últimas instantáneas y abandonar el lugar.


Nos dirigimos, nuevamente, hacia la Escalera de dos Ramales... Quedaba la Planta Superior. A pesar de que las escaleras han resistido bastante bien el paso de los años, no ha sucedido lo mismo con lo que allí encontramos: la mayor parte del suelo había cedido y podíamos ver la Planta Baja. Con sumo cuidado, recorrimos lo que permitía el suelo y llegamos hasta algo verdaderamente especial: el Coro. La Iglesia, desde las alturas, cobra una perspectiva diferente, quizá más siniestra... Desde luego, las sensaciones desde allí no eran del todo agradables. El mobiliario del Coro aparece totalmente derruido y el suelo no parece muy resistente... De hecho, y a pesar de la inexistencia de Barandillas, uno puede sentirse enormemente atraído por acercarse al borde del área, por mirar desde arriba la altura disponible, a pesar del peligro...


Apenas duramos unos minutos en el Coro. Con cuidado, atravesamos hasta el otro lado: el Campanario se alzaba, siniestro, ante nosotros. La Terraza que lo rodea es verdaderamente amplia y, desde allí, puede contemplarse el Mar Menor... Tomamos la sabia decisión de no subir a lo alto: cuenta la leyenda que el fantasma de un monje encapuchado suele aparecer por allí, aunque lo verdaderamente importante era que su estado era tan ruinoso que mejor no arriesgar la vida y caer un par de plantas más abajo.


La noche empezaba a caer, y la única luz que entraba por los ventanales empezaba a flaquear a una velocidad bastante alta: no podíamos continuar allí. Los accesos habían sido verdaderamente dificultosos con luz, así que la cosa podía empeorar a oscuras... Y así fue. Fue muy duro abandonar el recinto, el Guarda de Seguridad había modificado nuestras posibilidades y tuvimos que lidiar con la Guardia Civil a la hora de salir, pero la visita valió la pena.


Os recuerdo que es una propiedad privada y que no se puede acceder a ella... El recinto está vigilado para evitar sucesos, y felicito a los propietarios por ello: es un peligro para los curiosos y un foco de actos vandálicos para los aburridos. Eché de menos ropa y calzados adecuados, y algo más de tiempo, pero conservo un muy buen recuerdo hasta de la Guardia Civil, que se mostraron muy atentos a pesar de la situación.


8 comentarios:

  1. me gustaria visitarlo

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  2. Es un lugar precioso... Por lo visto, pronto tendrán lugar las obras para su remodelación, pues era una pena que semejante patrimonio histórico se perdiera por la falta de cuidado. Si esas obras llegan a sucederse, volveré allí a dejarme embriagar por su especialidad... Allí parece que se para el tiempo.

    Un saludo.

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  3. Que bonito,da pena que la gente no respeten y hagan pintadas,muy buen artículo compi ;) dan ganas de ir

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    1. ¡Es una maravilla, Tamy! Es impresionante en persona... Ojalá podamos hacer algo pronto y volver, me encantaría, :)

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  4. Las obras dieron lugar pero fueron abandonadas por cosas "paranormales" ( yo creo que es por falta de dinero ) cada cual que diga lo que quiera

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    1. Tenemos un cariño especial por este lugar, y nos encantaría algún día verlo convertido en lo que se merece: un lugar de culto, parte de la historia de su entorno... Ojalá todos esas limitaciones puedan superarse, :)

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    2. Hay guarda todavía? La Guardia Civil te puede sancionar si te ve en el interior?

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    3. Está completamente cerrado a cal y canto según nos han informado recientemente, posiblemente con vigilancia. La Guardia Civil no te sancionará pues tiene propietarios (no es un edificio público), pero puede contactar con ellos por si éstos quieren interponer denuncia, que también es posible.

      Saludos!

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