martes, 26 de marzo de 2013

Antiguo Motel-Restaurante El Mayordomo (Novelda, Alicante)

La misma tarde que visitamos la Estación de Ferrocarril Novelda-Aspe teníamos otro cometido importante, al menos, para nosotros: encontrar el camino que nos llevara hasta la mismísima puerta del antiguo Motel-Restaurante El Mayordomo, ahora totalmente derruido y abandonado a su suerte. Hace mucho que vi por primera vez esta construcción, hoy en día totalmente descuidada y convertida en un basurero municipal... Quizá fuese la tarde de verano que decidimos pasar la noche fotografiando el casco histórico de Biar, no lo sé... Pero, lo que sí recuerdo, es que me prometí localizarlo... Y eso he hecho: tras conseguir todas las señas y detalles posibles, así como pasarme los días enteros delante del Google Maps haciendo 'turismo virtual', el esfuerzo valió la pena: conseguir una ruta que condujera hasta los restos de un lugar con mucha historia que contar.


A los pies de la Autovía A-31 dirección Alicante, y ubicado dentro del término municipal de Novelda, se halla este pequeño Motel-Restaurante, que alguna vez fue bautizado como El Mayordomo... No poseemos información sobre su historia... Sobre cómo nació o se desarrolló su vida... Apenas lo solitario que se haya, y cuyo silencio tan sólo se ve truncado por la velocidad de los vehículos que circulan a un par de metros. Sin embargo, alcanzar el destino iba a ser más complicado de lo que aparentaba en un principio: tras confundir la salida de la autovía en varias ocasiones, la ruta diseñada llegaba a su fin cuando las enormes y recientes puertas de una cantera cerraban el camino delante de nuestras miradas. Hay una cosa que estaba clara... Por ahí no podíamos seguir, por lo que sería mejor dar media vuelta e intentar planificar otra ruta.


Tras seguir el camino con la mirada e intentar crear lo que nosotros denominamos 'ruta mental', tomamos la salida correspondiente a Novelda, con la finalidad de continuar buscando a la vez que 'conocíamos' algunos rincones del municipio. Esa curiosidad fue la que nos llevó hasta la mismísima Estación, no pudiendo evitar dedicar veinte minutos de nuestro tiempo a disparar flashes a la vez que 'cotilleábamos' los distintos rincones que este tipo de edificios tanto valoramos.


Finalmente logramos, y casi de una manera increíble, localizar el camino que acabaría por llevarnos hasta el viejo Motel, tan solitario como la zona en la que se encuentra. Hacía bastante frío, y un coche se encontraba aparcado a las puertas del mismo... Posiblemente, un par de curiosos visitantes habían querido hacer escala en tan extraño lugar y, como nosotros, pasear y echar algunas fotografías. En ningún momento nos cruzamos con ellos... No llegamos a averiguar si se encontraban dentro del Motel o en los alrededores, puesto que no hicieron acto de presencia. Allí no se escuchaba ni el más mínimo ruido, el cual no fuese el de los vehículos de la autovía.


Comenzamos rodeando la construcción, evitando la parte frontal por si nuestros 'acompañantes' daban señales de vida... Nos aproximamos hacia una especie de Patio o Terraza, ahora totalmente derruido y lleno de escombros. Presenta un portón de madera totalmente destrozado y podrido por el paso del tiempo... Y, si uno se digna a alzar la vista y estirar puntillas, puede divisar, por arriba del viejo muro, lo que fue la Terraza, ahora totalmente destrozada.


Lo primero que uno puede ver cuando gira hacia la cara posterior es una especie de Buhardilla... Unas derrumbadas escaleras dan la bienvenida a una especie de habitación, abierta y con un par de ínfimas ventanas que mira hacia la Terraza. La oscuridad reinaba en su interior, donde apenas podía distinguirse un muy peligroso suelo y basuras varias dispersas a tutiplén... Tan sólo los flashes de nuestra cámara iluminaron un suelo que no fuimos capaces de pisar por el peligro que suscitaba.


El constante sonido de la velocidad rompe cualquier silencio... Eso nos demostraba que, en ese área, era imposible continuar tomando fotografías y, sobre todo, caminar entre la alta maleza. Por ello, dimos media vuelta y regresamos a la fachada frontal, donde habíamos dejado el coche... Ni rastro de viandantes, por lo que decidimos acercarnos para continuar con nuestra labor... ¡Para algo habíamos recorrido tanto kilómetro! Nos aproximamos lentamente, tratando de evitar la gran cantidad de basuras que se concentraban en la entrada. Mecheros, juguetes y, sobre todo, lo que esperábamos encontrar: muebles dispersos en todas partes, destrozados y enteros, sucios y más limpios, pero todos amontonados desde la entrada principal y hacia el interior, creando un camino que invita a ser seguido sin dilación.


Si uno se acerca lo suficiente puede comprobar cómo, junto a lo que antes hemos denominado Patio, aparece unido otro bloque: la planta baja de la Buhardilla. Por su apariencia, su destrozada puerta ha sido tapiada en diversas ocasiones con viejos tablones de madera y clavos, aunque no parece haber funcionado pues, en la actualidad, se encuentra entreabierta.


Aun así, no accedimos a su interior, al menos por esa puerta. Preferimos continuar caminando hasta llegar a lo que podría considerarse... ¿la Entrada al Restaurante, quizás? No lo tenemos claro... Es la única parte de la construcción que se compone por una sola planta donde una amplia puerta, ahora totalmente destrozada, rodeada por dos ventanas, todavía en peor estado. Todo está roto y desordenado: sillas, mesas e, incluso, cabezales de cama.


Al fondo, y tras un bonito color naranja, una pared de azulejos blancos y de algún otro color delatan la posible presencia de una Cocina... Y digo posible porque, entre tanto escombro y con tan escasa luz, era muy complicado distinguir cualquier cosa... A todo ello, sumar la inseguridad que supone caminar sobre escombros y en suelo frágil.


El último acceso, quizá a posibles Habitaciones, aparece pegado a la autovía. Se pueden, más o menos, distinguir, las escaleras de acceso a una primera planta gracias al hueco que marcan en la entrada, así como diversos armarios empotrados que rodean paredes, ahora sin puertas y las cuales aparecen arrancadas y desperdigadas. A pesar de lo peligroso, cruzamos un par de metros desde el umbral, para fotografiar algunos muebles más que aparecían troceados a lo largo de lo que queda de suelo.


Me pregunto cuántas personas no habrán pasado sus horas... Cuántas no habrán entrado y salido por estas puertas, hoy en día tan demacradas... Nuestra visita había llegado a su fin habiendo cumplido nuestro objetivo: llegar hasta allí y colarnos, en la medida de lo posible, en el abandono y la desolación. ¿Conclusión? Me encanta este lugar... 

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