sábado, 23 de marzo de 2013

Estación de Ferrocarril de Novelda-Aspe (Alicante)

¿A quién no le ha pasado, que anda en busca de un lugar y, de camino, divisa otro que concentra toda su atención? Nuestra intención el pasado fin de semana era clara: llegar o, al menos, intentarlo, a un antiguo motel abandonado en las proximidades de Novelda (Alicante). Lo cierto es que nuestras esperanzas empezaron a desfallecer cuando, el único camino que conducía hasta el lugar exacto, aparecía cerrado por las gigantescas puertas de una cantera de reciente construcción: nuestras posibilidades de acceso quedaban mermadas, esa era la única ruta que el GPS reconocía. Sin embargo, no podíamos desistir... Estaba claro que otra ruta nos llevaría hasta allí... ¡Todos los caminos llevan a Roma! Y así fue... 


Tras tomar la salida de la autovía correspondiente con el municipio de Novelda, y después de esperar a que las barreras de un paso a nivel se abrieran para darnos paso, dimos de bruces con algo que nos llamó verdaderamente la atención. Si bien es cierto que nuestro interés últimamente se está centrando en todo aquello que está relacionado con el mundo ferroviario, hay verdaderas joyas que es imposible pasarlas por alto: en este caso, la Estación de Ferrocarril Novelda-Aspe, totalmente activa y con un estilo digno de ser fotografiado. 


Sin tenerlo preparado, estacionamos 'de mala manera' justo al lado del viejo y anticuado Muelle de Carga, bajando del coche a toda prisa para evitar perder las pocas horas de luz que quedaban. El edificio, de unas dimensiones considerables, se levantaba delante de nuestras miradas tan solitario como el resto del conjunto... Construido en un muy resistente ladrillo caravista, todavía conserva, a pesar de las pintadas, su parte de su tonalidad original, un ligero marrón anaranjado. Sus enormes ventanas y puerta, de madera ambas, son quizá las que más han sufrido el paso del tiempo: el agua de las lluvias, el frío y el calor ha acabado pudriendo el material, ahora combinado con viejas rejas oxidadas que, hasta el momento, nadie se ha atrevido a violar.


No existe forma alguna de acceder al interior de ese edificio, cuyas aberturas aparecen selladas a cal y canto. Por ello, continuamos caminando por el suelo empedrado, una ardua tarea, por cierto: los pies se acaban hundiendo entre tanta roca campestre... Rodeábamos la construcción sin cesar, tomando fotografías desde todos sus ángulos y comprobando cómo algunas de sus aberturas más altas habían sido selladas a posteriori con ladrillo normal. Incluso, tuvimos oportunidad de ver cómo, casi sin darnos cuenta, el paso a nivel se cerraba para que una línea de alta velocidad cruzase por delante nuestro en un abrir y cerrar de ojos.


Descendimos a las vías, las cruzamos una y otra vez, observando cómo se pierden en la lejanía... Avanzando en dirección a la propia estación. Retratamos minuciosamente cada desvío, cada catenaria... Tomando panorámicas a diestro y siniestro. La Estación en sí misma es, por ende, el punto más interesante de nuestra visita. Llamada inicialmente Estación de Novelda, se sitúa al norte del núcleo urbano, siendo el edificio para viajeros una estructura de base rectangular de dos plantas con dos alas laterales. Responde así al esquema usado por MZA en el diseño de las estaciones de segunda categoría del presente tramo, y cuenta con una disposición lateral a las vías. 


Es un edificio muy sencillo e increíblemente cuidado, coloreado en una especie de naraja o rosa palo (dependiendo del grado de daltonismo), lo que le aporta un estilo muy 'afrancesado.' La sencillez y sobriedad del diseño solo se ve alterada por cinco grandes vanos (tres en cada anexo) realizados con arcos de medio punto que sirven de acceso principal al recinto; el resto de los huecos que aparecen en la fachada son adintelados o de arco rebajado. Un enorme reloj se atreve a dar las horas justo a la entrada principal. Además, si uno se fija bien, comprobará que las siglas de la compañía que vio nacer al edificio todavía son visibles en los frisos situados en los laterales.


Los antecedentes de la llegada del ferrocarril a Novelda se sitúan en los deseos de conectar Madrid con Alicante tomando como punto de partida la línea Madrid-Aranjuez, y su prolongación hasta Albacete vía Alcázar de San Juan por parte de la Compañía del Camino de Hierro de Madrid a Aranjuez, que tenía a José de Salamanca como su principal impulsor. El 1 de Julio de 1856, José de Salamanca, obtuvo la concesión de la línea Madrid-Zaragoza que, unida a la concesión entre Madrid y Alicante, daría lugar al nacimiento de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA).


La MZA fue la encargada de inaugurar la Estación Novelda-Aspe el 26 de Mayo de 1858 con la apertura del tramo Almansa-Alicante, siendo el viaje inaugural presidido por Isabel II (cosa que recordaréis por la Estación de Villena). A pesar de ello, y según consta en los documentos oficiales de la compañía y en las Memorias de las obras públicas, la puesta efectiva en servicio se realizó poco tiempo antes, en concreto, el 15 de Marzo de ese mismo año.


En 1941, la nacionalización de ferrocarril en España supuso la integración de MZA en la recién creada RENFE. Sin embargo, desde el 31 de Diciembre de 2004, RENFE explota la línea mientras que ADIF es la titular de las instalaciones ferroviarias.


Aprovecho la coyuntura para decir lo muchísimo que me recuerda esta Estación a la Estación de Villena: un estilo muy uniforme, con un color bastante llamativo y alguna pincelada modernista no demasiado escandalosa. Si bien es cierto que las estaciones de segunda categoría conservan un diseño bastante homogéneo, el estilo es bastante mediterráneo en general, propio de ciudades próximas al mar, donde las temperaturas son más bien cálidas y agradecidas.


Nuestra visita 'inesperada' no fue mucho más allá... Todavía quedaba tarde por delante y se hacía necesario buscar el motel abandonado por el que habíamos apostado esa tarde de sábado. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario