jueves, 14 de marzo de 2013

Estación de Ferrocarril de Villena (Alicante)

La Línea de Alta Velocidad es una de las noticias que últimamente cubren portadas y noticiarios: unir ciudades distanciadas por decenas de kilómetros en territorio español puede suponer apenas un par de horas, aunque sí una gran inversión económica. Gracias a este boom, salen a relucir pequeños municipios que cuentan con su respectiva estación de ferrocarril, pequeña pero necesaria, con construcciones de lo más variopinto, clásico o innovador, ancladas en el pasado siglo o totalmente modernistas. Estos lugares con historia perderán poco a poco su utilidad con respecto a los Trenes de Larga Distancia, cuyas competencias serán transferidas a la modernidad de las Líneas AVE... La Estación de Villena fue una de las que aparecieron, cual ráfaga de viento, en un avance de telediario, durante el tiempo suficiente como para divisar el cartel en el que se la bautizó hace un par de siglos. Las competencias de esta pequeña estación serán transferidas a la Estación del AVE que se está construyendo en las inmediaciones de la Colonia Santa de Eulalia.


No tuvimos dudas: tras localizar las coordenadas exactas de su localización, nos dirigimos hasta la Estación de Villena, con la única finalidad ya no sólo de tomar instantáneas, sino de contemplar su actividad, el trasiego de viajeros, su iluminación, cómo se recibe el ocaso y cae el nocturno... Algo sencillo y básico para una tarde de sábado en el fin de semana más frío de todo el invierno... Y no se equivocaban: los termómetros marcaban 2 ºC apenas a las 7 de la tarde, y el peor temporal todavía estaba por llegar. 


Abrigados hasta las cejas, perdimos el norte en numerosas ocasiones... Si a todo ello, sumamos la dificultad de encontrar un aparcamiento y la sensación de perder la luz solar, el sentimiento de frustración aumentaba... Finalmente, y a unas manzanas de nuestro punto de interés, estacionamos el vehículo y comenzamos a caminar... El frío cortaba la piel, ya no sólo de la cara sino también de las manos, cubiertas por unos guantes tan gruesos que restaban tacto. 


Caminamos apresurados... Contemplando las bellezas que nos regalaba nuestro recorrido camino de la estación... El primero, el Teatro Chapí. Pasaron unos minutos hasta que reconocí la construcción, tantas veces remodelada y reconstruida, pero era inconfundible: dedicado a su hijo predilecto, el compositor Ruperto Chapí, se inauguró en 1925 siendo hoy en día uno de los edificios más notables de la ciudad, además de uno de los teatros más activos de la Comunidad Valenciana.


En 1989, su estado era verdaderamente abandonado... Tanto es así que se produjo una reconstrucción, abriendo al público el 24 de abril de 1999 tras un lapso de más de 15 años. La actual fachada adolece de un carácter eminentemente ecléctico, aunque cercano al clasicismo. No obstante, las fachadas laterales muestran el modernismo historicista de vertientes neoárabes y se alzan, de este modo, como únicos testigos de su estilo arabizante. Toda la decoración presenta un gran abigarramiento que lo dota del aspecto propio de un teatro italiano de principios del siglo XX.


Tras rodear el Teatro Chapí, continuamos en busca de nuestra estación, cruzando el Paseo de Ruperto Chapí. En el centro, se halla un documento al mismo artista, construido en el año 1947 por el escultor villenense Antonio Navarro Santafé como homenaje al genial músico. La obra, esculpida con piedra de Monóvar y de la Sierra del Morrón, está presidida por una escultura sedente de Chapí (de parecido extraordinario), al que rodean figuras alegóricas de dos obras suyas: "La Bruja" y "La Revoltosa." En el año 1998 y debido al notable deterioro de la piedra, ésta se sustituyó por la réplica actual en bronce, pasando la escultura original a presidir el vestíbulo del, entonces recién reinaugurado, Teatro Chapí.


Tras tomar numerosas fotografías, percibimos que ya habíamos llegado: la Estación de Villena y el trasiego de viajeros se encontraba delante de nosotros, a escasos metros. Nos hallamos ante una estación pasante que pertenece a la línea Madrid-Alicante y que está situada entre el límite oeste del casco urbano y el Polígono Industrial Los Rubiales, junto al Paseo ya citado. La estación tiene parada de trenes de Grandes Líneas y de Media Distancia, y recuerdo haber tenido el placer de contemplar cómo varios trenes (uno de ellos, un Alvia) hacían su parada reglamentaria. 


La Estación de Villena se inauguró en 1858, al abrirse la línea de la MZA entre Alicante y Madrid. ¡Una verdadera estación del Siglo XIX! De hecho, en el viaje inaugural viajó la reina Isabel II, que realizó un pequeño descanso en la ciudad, para lo que se habilitó el Paseo de la Reina (actual Paseo de Ruperto Chapí y por el que habíamos pasado unos minutos antes). El edificio, igual que los de todo el tramo Almansa-Alicante, fue proyectado por Agustín Elcoro Berecíbar, correspondiendo a Villena uno de los dos edificios de 'segunda clase.' Éste se ha conservado casi sin modificar hasta la actualidad, habiendo sufrido sólo reformas menores. Ello implica que su estado de conservación es ejemplar: aparece increíblemente cuidado, alejado de pintadas y fruto de las más pintorescas alucinaciones: ahora que tengo claro que la serie 'La Arqueria Blanca' se rodó en La Colonia de Santa Eulalia, cualquier proximidad física a este lugar podría ser fruto de una película de época, donde las faldas por debajo de la rodilla y los pantalones dos dedos por arriba del tobillo amenazan con ponerse de moda.


Justo enfrente de la Estación se instaló, en 1884, la Estación del Ferrocarril VAY, que funcionó hasta 1969. De hecho, si uno se atreve a cruzar las vías, puede acercarse a los viejos edificios, ahora totalmente abandonados a su suerte, derruidos y que se pierden en la oscuridad de la noche cuando la luz empieza a decaer... Aún pueden distinguirse restos de viejas maquinarias, alguna vía muerta y, por desgracia, el hecho de haberse convertido en un basurero municipal de alto rango.


En 1941, la nacionalización de ferrocarril en España supuso la integración de MZA en la recién creada RENFE. Sin embargo, desde el 31 de Diciembre de 2004, RENFE explota la línea mientras que ADIF es la titular de las instalaciones ferroviarias. 


A pesar de que el frío calaba los huesos, continuamos paseando por la estación... Dejándonos embriagar por el sonido de los tacones, de las prisas y de las maletas con ruedas... Las estaciones son lugares ambivalentes, difíciles de calificar... Tristes y alegres a la vez... Sus paredes se atreven a conservar el rumor de las risas por las llegadas, de las lágrimas por las despedidas. Quizá sea el tipo de construcción que más historias podría contar... Una de las que más experiencia tiene.

Para cruzar al andén central, descendimos por las escaleras subterráneas... Llenas de gente, por cierto. Algo bastante llamativo es cómo, a pesar de lo clasicista de los edificios en general, es su cobertura en aluminio brillante, que choca con el estilo clásico del resto de construcciones. Desde allí tomamos fotografías geniales, y tuvimos oportunidad de ver cruzar algún tren, pasear por las vías, rodear las viejas construcciones... Justo aquello para lo que nos habíamos desplazado hasta allí. Tampoco dudamos en adentrarnos en la estación... Ya no sólo para disfrutar un poco del calor de aquel edificio, sino para comprobar cómo eran ciertas mis hipótesis: era francamente pequeña... Muy pequeña, casi de juguete o propia de una casa de muñecas, lo que la convierte aún en más especial... Un enorme cubre una de sus paredes... Sin embargo, no pudimos tomar fotografías en su interior.


La noche no tardó en hacer acto de presencia y, con ella, un aumento considerable de la sensación térmica de frío: aquel par de grados parecían muchos menos a apenas las 7 de la tarde. Corrimos a resguardarnos en el coche... Aunque parezca una tontería, acabamos con quemaduras en las manos debido al frío (estas cosas pasan). Sin embargo, regresamos con un buen sabor de boca... Eso y alguna fotografía digna de mención, como la que os dejo aquí...

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