miércoles, 17 de abril de 2013

El Molinar (Alcoy, Alicante)

Cuando el frío del invierno nos llevó a investigar la zona más alta de Alcoy, lugar que alberga el Santuario de la Font Roja y donde la nieve cubría los tejados, tuvimos nuestro primer contacto con el Paraje El Molinar. Aquella tarde, y tras un primer intento fallido de acercarnos hasta el Puerto de la Carrasqueta, nos dimos cuenta de que la hora y el GPS jugaban en nuestra contra... ¡17:30 y mapas desactualizados! En nuestra búsqueda desesperada por encontrar un camino que nos llevase de bruces a 'territorio blanco' divisamos, bajo la carretera nacional, una vieja edificación derruida, de altura considerable, pero como si hubiese sido víctima de algún bombardeo... Tardamos varias semanas en intentar averiguar su nombre y, por ende, una entrada que nos permitiera llegar hasta allí abajo.


El Paraje de El Molinar, de una gran amplitud y disperso alrededor del río con el mismo nombre, se localiza a unos dos kilómetros al sur de la ciudad de Alcoy (Alicante) y a una altitud máxima de 570 metros sobre el nivel del mar. Tras indagar otras posibles rutas, comprobamos que la única forma de acceder al manantial y a la cabecera del barranco (donde se hallan las primeras fábricas) es desde la N-340, a la altura de lo que se conoce como la Venta Saltera. Desconocemos si existen otras posibilidades (seguramente las haya y sea el secreto mejor guardado de los alcoyanos), así que nuestra ignorancia nos llevó a dejar el coche al pie del camino y a continuar a pie, como buenos senderistas.


El topónimo Molinar, o Riu dels Molins, indica la existencia de antiguos molinos harineros y batanes, cuyo origen hay que situarlo en el siglo XV. El caudal permanente y la existencia de fuertes desniveles favorecieron el establecimiento de industrias; por tanto, el agua como fuente de energía fue lo que condicionó el emplazamiento de las fábricas en este área, repleta de acequias y canales para usar racionalmente tan preciado tesoro. De hecho, la ciudad de Alcoy ofrece uno de los casos paradigmáticos del proceso de industrialización valenciano, cuyos inicios se remontan a la segunda década del Siglo XIX, aunque se constatan actividades preindustriales desde el Siglo XV.


Desde lo alto del camino, comenzamos a tomar algunas fotografías, pero el paraje necesitaba ser contemplado más de cerca... Precisaba ser disfrutado. Por ello, fuimos descendiendo a pie por el camino empedrado... ¡No sin dificultad! Sin embargo, el sonido del agua nos iba atrayendo de una forma casi embaucadora: la Red Hidráulica del río Molinar, en pleno funcionamiento y con una cantidad de agua considerable, corona un paraje increíble, donde el verde es el protagonista y el agua mana con libertad de las cascadas, distribuyéndose por las acequias y canales. Además, es posible pasar de un lado al otro del río por el puente que, hace bastantes años, era un acueducto. Bonito, ¿verdad?


Todo ello nos hace entender una cosa: la localización de las antiguas edificaciones industriales estuvo favorecida y condicionada por la existencia de pequeños cursos de agua que cruzan el término municipal. De hecho, la mayoría de los edificios fabriles que se han conservado hasta nuestros días muestran unos patrones constructivos de características similares: bóvedas en la planta baja o semisótano, pilares de sillares o ladrillos en la planta primera, y planta superior diáfana que deja ver las cerchas articuladas que sustentan la cubierta.


Nuestra primera parada tuvo lugar en un conjunto compuesto por tres construcciones relevantes, justo al margen izquierdo del río. La primera de ellas, la Fábrica de Sanus (S. XVIII - XIX), se trata de un molino-fábrica papelero de cuatro alturas, de planta rectangular con una esquina en forma basilical con tres crujías de anchura. A pesar de que tan sólo quedan sus restos acompañados del sonido del agua, nos llama la atención las bóvedas que todavía quedan en pie, su sillería y su mampostería.


Seguimos con la Fábrica del Racó (S. XVIII), realizada en muros de sillería y construida junto a la Fábrica El Xurro (S. XVIII - XIX), el edificio más antiguo del conjunto y el que más modificaciones ha sufrido. Se trata de una fábrica de pequeñas dimensiones, cuatro alturas y planta de forma irregular de pequeño tamaño. Ladrillo, pilastras de sillería y mampostería de piedra son los materiales más llamativos de los restos que apenas son distinguibles en la actualidad. En los últimos tiempos, parece ser que se han llevado a cabo en esta construcción algunas labores de reconstrucción, reparando las antiguas escaleras y dándonos la oportunidad de ascender un par de alturas y contemplar ya no sólo sus bóvedas de crucería, sino las maravillosas vistas que nos regalan sus viejos ventanales.


Tras esquivar alguna que otra dificultad en el terreno, escalando por lugares insospechados con mis botas de tacón bajo (¡atentos!), no pudimos evitar rodear el edificio más importante y mejor conservado: la Font del Molinar (S. XIX), ubicada al inicio del barranco de la Batalla. Se trata de un vistoso edificio que consta de una cúpula y un cupulín adornado con franjas de vivos colores en los que predominan el ocre y el azul, un verdadero manantial que arroja diariamente 32.400.000 litros de agua. El cupulín, a su vez, se cierra con una bóveda, además de destacar puertas y ventanas en medio punto. Aunque no pudimos acceder a su interior, podemos afirmar que es tan vistoso como su exterior gracias a viejas fotografías que demuestran que se ha conservado perfectamente gracias a una serie de reformas, entre las que se incluyó la cerca octogonal que lo rodea.


Seguimos caminando, adentrándonos por sus rincones... Hasta llegar al Batán El Silvestre (S. XIX), pequeño edificio de planta rectangular de dos crujías con cierres de fábrica sillar de piedra tosca. Consta de planta baja y dos alturas, y forma, junto al Molí de Tort (S. XVIII) y la Fábrica O. Reig (S. XVIII-XIX), un conjunto de lo más interesante, compartiendo red hidráulica y los diversos sistemas de alimentación.


Desde El Silvestre, nos desplazamos por el canal de distribución de agua hacia el Molino de Federico Tort, dedicado fundamentalmente a la producción de papel. Consta de planta cuadrada, estando formado por semisótano con bóvedas de arista en ladrillo y tres alturas. Lo más llamativo sea, quizás, su enorme chimenea, la cual se sigue conservando a día de hoy, adosada a la fachada sur como si no hubiese un mañana. 


La fachada de la Fábrica de Octavio Reig es, quizá, la que mejor conservada está del conjunto fabril total. Rodeado de verdes hojas que emergen de los balcones y las puertas, éstas le otorgan a la construcción un toque alegre y especial, como salido de un cuento para niños. Nos hallamos ante una fábrica de cuatro alturas, aunque poco se conserva de ellas si uno se adentra en su interior: una planta rectangular, construida en madera y piedra tosca, sin alardes estéticos especiales, pero con mucho encanto a la hora de ofrecernos su perfil.


Hay una cosa que debe quedaros clara si queréis adentraros en el Molinar... ¡Caminaréis, y mucho! Así que no estaría de más que llevarais un buen calzado... Calzado que os llevaría hasta el  Batán de Pastor, un edificio hidráulico bastante pequeño, con planta cuadrada y dedicado a la industria textil. Poco queda de su construcción, y es evidente gracias a las fotografías: ubicada en una zona verdaderamente alta y desde donde puede divisarse perfectamente otro de los canales, podría reconocer que es el área más verde todas, y también la más húmeda. De hecho, es necesario cuidar por dónde se pisa debido a que el terreno ha cedido en algunos lugares.


Culminamos nuestro recorrido en la Fábrica dels Solers, que amenaza derrumbe debido a la inclinación de su fachada principal. Seguramente, este hecho sea debido a su proximidad a un curso de agua, que ha aumentado considerablemente la humedad del ambiente... Se trata de una fábrica que, en un principio, se dedicó a la producción de papel, transformándose más tarde en una fábrica de hilar y cardar lanas. Cuatro alturas, planta rectangular y materiales como sillería y mampostería sencillos son sus características esenciales, y todos los que se han acercado a verla comparten la misma opinión: es la construcción que mejor imagen y más espectacular da, al hallarse en lo alto de un salto de agua. ¿Opináis vosotros lo mismo? Yo diría que sí.



Al mirar el reloj, nos dimos cuenta de que habíamos empleado más de dos horas de nuestro tiempo... ¡Habían pasado volando! Sin embargo, la noche comenzaba a caer, y nuestras cámaras dejaban de captar magia para captar oscuridad... Había llegado el momento de volver a casa, pero prometemos regresar: quedan muchos edificios todavía por investigar y que, desde luego, están deseando ser descubiertos.


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