jueves, 23 de mayo de 2013

Ermita de San José del Lentiscar (El Algar, Murcia)

Su estado es ruinoso, y poco conocemos de su historia, pero la Ermita de San José del Lentiscar nos dejó fascinados a pesar del expolio vivido en las últimas décadas. Nos hallamos ante uno más de los centros dedicados a la fe cristiana que han caído en decadencia por la falta de feligreses, ubicado en la Autopista que nos conduce de Murcia a Alicante, a la altura del desvío de El Algar. Esta entrada no es sino una denuncia a cómo ha podido suceder que un recinto tan valorado haya podido ya no sólo llegar a este estado, sino que nadie se preocupe de su existencia... Llueva, haga sol o frío, la ermita seguirá en pie... Sólo hasta que resista.


Aquella tarde volvíamos de la Zona Militar de El Carmolí y, como buenos exploradores urbanos, vamos buscando en los andenes cualquier indicio de abandono que merezca la pena fotografiar. El sol de última hora de la tarde nos devolvía una imagen increíble de una pequeña ermita pegada al asfalto, donde los tonos anaranjados de los últimos rayos incidían de una manera casi mística. ¿Cómo no hacer una pequeña parada? Podía ser que ya ni siquiera hubiese un camino físico que condujera hasta allí, pero era necesario intentarlo...

Si bien es cierto que tuvimos que dar varias vueltas por caminos de cultivo, intentando encontrar el más adecuado, la Ermita de San José del Lentiscar nos estaba esperando, solitaria y abandonada, sin más compañía que el sonido que produce el choque de la velocidad contra el viento de aquellos vehículos que circulan a escasos metros. Este recinto sagrado del Siglo XVIII seguramente sería un lugar de oración frecuentado por los pastores trashumantes que conducían sus ganados por las veredas cercanas... Ahora, sólo quedan escombros tras un muro de hormigón repleto de pintadas, cuya última parte ha sido reconstruida recientemente para evitar las barrabasadas que ya se han cometido y que ya no tienen solución.


El Lentiscar, de donde viene su nombre, es una de las diputaciones en que se divide el término municipal de Cartagena desde 1720, clasificación establecida para una mejor organización administrativa y, sobre todo, para tener controlados a los vecinos por motivos recaudadores. En el año 1715, los caseríos diseminados del Lentiscar sumaban 85 vecinos (cabezas de familia) y 340 habitantes, y más tarde, la población ascendió notablemente, siendo La Puebla, Los Beatos y La Aparecida los núcleos de población que más crezcan en este territorio, contando cada uno de ellos con más de un centenar de habitantes en 1920.


En estas fechas, la ermita que prestaba auxilio espiritual a todos ellos era la de San José, dependiente de la parroquia de La Palma. La ruina de la ermita tan sólo es una consecuencia de la despoblación de los pequeños núcleos de población que la circundaban... Sus habitantes han preferido asentarse en poblaciones de mayor volumen y más servicios, como El Algar o Cartagena, abandonando sus casas, sus campos y sus ermitas, como es el caso de la ermita de San José, de la que ya tan sólo nos queda una descripción.


Durante los años 50 se llevaron a cabo unas labores de restauración, siendo el cura de La Palma el que se desplazaba hasta allí cada domingo para celebrar la misa. Sin embargo, poco después se suspendería el culto por la escasez de feligreses, lo que alentó el asentamiento de vagabundos y el robo del material más valioso: retablos, imágenes, cuadros y demás ajuar litúrgico. A todo ello debieron seguir las pintadas, los destrozos varios en los muros y todo lo que actualmente vemos de ella, que es más bien poco...


Fue entonces cuando La Puebla se constituyó en parroquia independiente y se construyese un templo en Los Beatos... Quizá fuese eso lo más decisivo a la hora de echar el cierre... Cierre que afecta ya no sólo a la Ermita de San José, sino a muchos otros recintos religiosos, dando lugar a la apertura de otros, pues la afluencia de feligreses es lo que manda. De hecho, hoy día, Punta Brava y El Carmolí son los puntos en el estío más poblados del Lentiscar por ser residencia de verano, a las orillas del Mar Menor... En el resto de año es cierto que están más 'parados', pero en verano... La afluencia de feligreses será mayor.


Si bien es cierto que no entramos, fue simplemente por respeto, y todas las fotografías están tomadas desde el exterior. No es nuestra intención dañar todavía más esta pequeña ermita, con casa adjunta que amenaza con caer abajo... Actualmente, tan sólo es identificable la falsa bóveda de crucería, todavía en color blanco (¿demasiado alto, quizá, para que los vándalos actúen?) y la bella profundidad que se percibe hasta el campanario. Éste ya es inexistente, al igual que los tejados de esa zona... Sin embargo, todavía se pueden dilucidar los detalles de las columnas, posiblemente azules, con molduras y capiteles propios de una ermita marinera.


La vegetación y los escombros cubren casi todo el espacio... Sin embargo, su esencia continúa latente entre tanto expolio. Los rayos de sol entran y salen a su antojo por cada hueco disponible, reflejando lo que continúa siendo belleza a pesar del paso del tiempo. Pero no por ello no voy a dejar de denunciar su abandono... ¿Cómo es posible que estos sitios, que han tenido una historia, queden en el olvido hasta que caigan por su propio peso? No es justo que elementos tan importantes del paisaje natural y cultural de nuestras vidas, esenciales dentro de la identidad local, mueran en el olvido... Nuestras vidas no tendrían sentido sin ellos... Y las vuestras, tampoco.

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