lunes, 13 de mayo de 2013

Presa del Pantano de Elche (Alicante)

Soy ilicitana de nacimiento... Abrí los ojos por primera vez en Elche y, a pesar de todo, soy de las que optan por salir a buscar fuera lo que, en ocasiones, tenemos en casa... ¡Qué paradoja! De hecho, jamás había estado frente a uno de los más importantes Patrimonios Culturales Valencianos: la Presa del Pantano de Elche. A pesar de los siglos que lleva en pie esta monumental construcción, continúa manteniendo esa magia que tanto la caracteriza, que deja descender el agua lentamente y en cascada, con ese peculiar sonido que emite el agua al caer, al circular... Ese ligero chapoteo tan original, tan especial.


Por suerte, esa tarde no estaba lloviendo ni había llovido en días previos, lo que implicaba una buena tarde soleada para recorrer el camino que conduce a la presa sin problemas. Para aquellos que no lo sepáis, se puede llegar perfectamente al Pantano de Elche siguiendo las indicaciones de la rotonda del Puente del Bimil.lenari y tomando todos los desvíos hacia la izquierda... El camino que conduce a la presa, y nunca mejor dicho, se ha convertido en 'pantanoso': la vegetación lo ha cubierto por su escaso uso, el terreno ha cedido y, por ende, hasta un todoterreno quedaría atascado en semejante barrizal (o secarral, dependiendo de la época del año). Por ello, recomiendo dejar el coche estacionado a un lado en el camino asfaltado y continuar a pie (si venís desde Elche a pie, mucho mejor y menos preocupaciones).


Desde el inicio del camino hasta la presa podemos calcular unos 700 metros, aunque éste es bastante incómodo y está francamente perjudicado (hay que llevar sumo cuidado con los daños que han causado las escorrentías de agua). De camino, uno puede divisar, a mano izquierda, un merendero abandonado: cuartos de baño olvidados, una zona de barbacoas y una antigua pista de tenis se conservan solitarias, sin que nadie venga a visitarlas desde que el camino se abandonase... Tomamos algunas fotografías, pero nuestro punto de destino no estaba fijado ahí... Por ello, prometo regresar para poder retratar lo que, verdaderamente, se encuentra tras los muros de esta abandonada zona de recreo.


A lo lejos, uno ya puede escuchar el agua... El silencio es tal que tan sólo resuenan nuestras voces y nuestros pies sorteando rocas, generando ese característico eco de la soledad. El camino se hace largo e incómodo... 700 metros de altibajos, desniveles y pies hundidos en la tierra... ¡Suerte que no había llovido! De lo contrario, hubiese sido muy complicado desplazarse por allí... Ya no sólo por la humedad, sino por la presencia de mosquitos y demás insectos voladores que, normalmente, habitan las zonas de río.


Finalmente, llegamos... Y allí estaba: enorme, abarcando una gran cantidad de espacio. Como ya he dicho, y a pesar de haberla visto en fotografías, era la primera vez que la contemplaba personalmente... Y nada tiene que ver con las imágenes digitales: la Presa del Pantano de Elche parece sacada de un cuento medieval... ¡Y no es para menos! Se trata de una presa de bóveda, construida en dos tramos, aprovechando un promontorio rocoso en su parte media. De unos 22 metros de altura y 75 de anchura, fue construida en el S. XVII (1632) sobre el río Vinalopó, entre la Sierra de Elche y la Loma del Castellar, en la provincia de Alicante. Está considerada la primera presa en arco que se construyó en Europa desde los romanos y es una de las pocas obras de esta índole en nuestra comunidad, así como por poseer además un valor histórico, como conjunto representativo de intervención en el entorno y explotación de sus recursos.


Su característica fundamental se divisa en que nos hallamos ante estructuras finas y que requieren menos material que cualquier otro tipo, ya que se valen de la configuración geométrica del arco para la transmisión más eficaz de los empujes. Fueron los romanos los primeros que emplearon el arco en la construcción de pantanos, aunque no tan profusamente como lo hicieron en edificios y puentes.


Originalmente, fue construida para aprovechar las aguas de las avenidas del mencionado río, habituales en las lluvias torrenciales, y aprovechar estas aguas para su uso en regadíos. Sin embargo, han sido estas avenidas las que a lo largo de la vida de la presa se han encargado de colmarla de sedimento, disminuyendo la capacidad de retención de agua y obligando a varias limpiezas para recuperar la capacidad, que se veía notablemente disminuida.


Por desgracia, en 1995 y como consecuencia de una riada, reventó la compuerta reguladora, ocasionando una gran avalancha de lodo que contribuyó a vaciar la presa, dejando al descubierto la tremenda sedimentación del fondo y quedando su capacidad notablemente mermada. A partir de ese año, el pantano no retuvo apenas agua y quedó en el olvido a pesar de su vistosidad... Por aquellos entonces, yo era apenas una enana, pero bien recuerdo este suceso y sus consecuencias. Cuando alguien hacía mención del Pantano de Elche, siempre recalcaba que era 'como si no tuviésemos, puesto que estaba inservible desde hacía años.'


Muchas fueron las promesas de recuperación hasta que, por fin, se vieron materializadas: en Septiembre de 2007 se iniciaron los trabajos de rehabilitación de la presa, con el fin de volver a retener agua, creando un paraje natural que pudiese originar vegetación y fauna propias. Finalmente, y tras un largo período de 13 años, en Marzo de 2008 nuestro pantano volvía a retener agua tras su abandono... Hasta que algún impresentable no tuvo una mejor idea que abrir las compuertas y vaciar la presa.


Tras reforzar esas compuertas, a inicios de 2009 el pantano comenzó a llenarse de nuevo, esta vez de forma consolidada y hasta el día de hoy... En el que cualquier viandante puede disfrutar de un bonito paraje natural con una cantidad de agua muy considerable. A pesar de que la fauna y la flora no sean del todo llamativas, lo cierto que se está creando un ecosistema que, a pesar de poder tardar los próximos 100 años en asentarse, poco a poco va cobrando forma.


El agua se mueve con total libertad, caprichosa, descendiendo por la cascada o, incluso, emergiendo de bajo tierra, todo ello para unirse al curso habitual del río que cruza la ciudad. Si uno, además, sortea el fango y se aproxima a la zona de la derecha, puede comprobar la existencia de unas escaleras excavadas en la piedra, las cuales nos conducen a la parte de arriba de la presa y, también, la más peligrosa. Hay que llevar sumo cuidado: la inclinación es bastante elevada y, la superficie, abrupta... Sin embargo, y a pesar de ello, estos escalones se conservan lo suficientemente bien como para acompañarnos en nuestro ascenso sin sorpresas.


Al final de la primera tanda de escalones, la muralla que compone nuestra presa culmina en una puerta de arco de medio punto, con unas rejas oxidadas, ya no sólo por el paso del tiempo, sino por las idas y venidas del agua, que siempre vuelve a su cauce natural. Una vez traspasada, nos encontramos en el lateral del pantano, la zona más vertiginosa para aquellos que le tengan miedo al agua. Allí, las escaleras son menos definidas, pero si somos tan osados de ascender, podremos divisar la parte superior y su nivel de agua... No hace falta que diga que el pantano no tiene aliviadero, de modo que, cuando las lluvias son muy elevadas o su nivel de agua excesivo, ésta sobrepasa la corona y se desliza hacia la base, de donde venimos, donde continúa su curso natural... En esa tarde, era evidente que su nivel de agua era considerable.


Algunos patos se agolpan a lo lejos... Podemos verlos si enfocamos la vista hacia los aproximadamente 800 metros de pantano que podemos divisar desde este ángulo. Según he podido leer, el pantano mide, en total, más de 2 km de largo, en una forma de serpiente... Y, si además, corremos el riesgo y nos acercamos a su orilla, podemos corroborar su enorme profundidad y, cómo no, su cantidad de agua... Un espectáculo vertiginoso.


Esta zona es bastante peligrosa... De hecho, una oxidada y abierta reja de hierro nos prohíbe el paso... Y le hacemos caso, pues conocemos perfectamente su destino: la corona del pantano y la zona más peligrosa. Uno debe llevar cuidado, sobre todo cuando el agua desborda... Un resbalón y/o caída desde esa altura y sobre un área rocosa puede hacer mucho pero que mucho daño.


Ascendimos el resto de las escaleras que nos lo permitían... Y pasamos el resto de la tarde sobre las alturas, tomando el aire y escuchando el relajante curso del agua... Una construcción abandonada y derruida pone punto final a nuestro recorrido, por lo que aprovechamos para tomar algunas instantáneas. Sin embargo, pronto anochecería, y es recomendable hacer el camino de vuelta cuando todavía queda un poco de luz... Ya os he dicho que, tanto el descenso como el terreno son bastante abruptos... ¡Cuidado con los resbalones! Y, por si acaso, coged una linterna... ¡Nunca se sabe!


No tardaremos en regresar... Ese merendero abandonado nos ha dejado sedientos de fotografías.

2 comentarios:

  1. Que precioso sitio! buen reportaje, gracias por dar a conocer todos estos sitios estupendos. Un saludo

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  2. ¡Muchas gracias! Me alegro de que te gusten los lugares que visitamos... Estoy preparando unos reportajes muy chulos de la zona de Murcia. ¡Te van a encantar! :)

    ¡Saludos!

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