sábado, 29 de junio de 2013

Embalse de Tibi y Casa Abandonada (Tibi, Alicante)

Como ya sabéis, entre visita y visita a lugares abandonados nos gusta tomar un respiro de lo más 'natural'... Es una sensación muy peculiar: se trata ya no sólo de sentir la llamada de la mismísima naturaleza, sino de dejarse llevar hasta lugares que, además de bellos, esconden secretos recónditos que muy pocos se han atrevido a descubrir... Hace ya unas cuantas semanas que nuestro destino se fijó cerca de casa, en concreto, en el Embalse de Tibi, declarado Bien de Interés Cultural en el año 1994 y rodeado de un paraje de notable belleza. Todo lo que allí se divisa es verde... Tan verde como sus aguas.


Situado sobre el río Monnegre, en los términos municipales de Tibi Jijona, en su tiempo fue la presa más importante de Europa y de todo el mundo conocido: su altura, que supera los cuarenta metros, la convirtió en la más importante del mundo en la época, no siendo superada hasta la construcción de las grandes presas del periodo ilustrado. Con más de 400 años de historia, fue ideado para asegurar el riego de la Huerta Alicantina en una obra que empezó en el año 1580 de la mano de Juan Bautista Antonelli, a las ordenes de Felipe II. Por su parte, Antonelli fue responsable, entre otras muchas obras, del Fuerte de Bernia o de la reconstrucción del Castillo de Santa Bárbara, por lo que su esencia continúa patente.


Oficialmente, y tras varios desperfectos e importantes roturas, la obra finalizó el 4 de diciembre de 1738 gracias a Pedro Moreau, datando su última reforma del año 1945, momento en el que se le inyectó cemento. Con una capacidad de 3 hectómetros y una superficie de 50 hectáreas, la presa está construida con mampostería y sillería de caliza perfectamente alineada, con una altura de unos 45 metros. Se trata de un arco de 65 metros de diámetro convexo en el sentido de la corriente, una renovación técnica fundamental que ya no sólo la mejora, sino que da origen a las modernas presas arco.


El camino no es largo, y se llega fácil siguiendo la Autovía de Alcoy... Sin embargo, y a pesar de que no tiene pérdida, no llegamos hasta la presa: en ningún momento se nos ocurrió informarnos de que existen dos formas para llegar al pantano y, en nuestro caso, el GPS nos dirigió a la zona central, por la cara norte, lugar donde las vistas del embalse eran tan increíbles como la cantidad de insectos que plagaban el lugar. Para llegar a la presa, debíamos optar por la gasolinera del Maigmó, pero... ¡Eso es lo que tiene ir a los sitios a ciegas!


Era totalmente obligatorio dejar el vehículo a mitad de camino, puesto que era totalmente imposible seguir avanzando con él... El terreno iba empeorando a cada centímetro y la maleza comenzaba a cubrir todo lo permisible. A pesar de que el agua queda a unos cuantos y suficientes metros, uno puede comprobar la escasez de limpieza en el lugar... Una completa pena, por cierto.


Ya lo he dicho... Por desgracia, la presa quedaba al otro lado, pero desde ese ángulo el efecto óptico del agua hace ver que la cantidad de ese líquido verdoso es bastante importante. Sin embargo, el río de cuyas aguas se abastece es bastante curioso. Nace en la Sierra de Onil, en su curso alto recibe el nombre de río Verde y, a partir del pantano, es cuando se llama propiamente río Monnegre, ya que el cauce atraviesa un manto de calizas triásicas negras, presentando las aguas esa coloración como reflejo del lecho por el que discurre. Al llegar a la Huerta de Alicante y hasta su desembocadura en Campello, recibe el nombre de río Seco, debido a su falta de agua, provocado por el aprovechamiento íntegro para los cultivos.


Volvamos a la zona del pantano... Y no lo esperábamos, pero allí se encontraba, solitario y derruido, un viejo caserón abandonado... La cream de la cream para los amantes del abandono y la fotografía. Si bien es cierto que el lugar destaca ya no por el vandalismo, sino por la enorme cantidad de basura que ha sido abandonada allí a su suerte, todavía se puede acceder a algunos de sus rincones y disfrutar de algunas interesantes instantáneas.


Se podría decir que su fachada, construida en piedra común y adobe, es lo único que queda en pie de ella con el paso del tiempo... Las enormes vigas, formadas por troncos de árbol y cañizo y que en su día fueron techo y suelo para una planta superior, han cedido prácticamente por completo, convirtiendo esta solitaria casona en los restos de lo que en su día fue. Le echaría un par de siglos de vida... Quizá alguno más; pero, a pesar de ello, todavía sigue conservando algún detalle que resulta interesante inmortalizar...


¿Cuáles? Por ejemplo, sus enormes ventanales, por los que ahora entra sin compasión tanto la luz como la oscuridad... También señalaría los restos de una vieja cocina y que son fácilmente reconocibles gracias a los azulejos blancos. Algunos de ellos todavía continúan dispuestos en el frontal de en una pared junto a la entrada, que pareció albergar piletas para lavar los cacharros. Sin embargo, apenas encontramos rastro de tuberías... Entre todos los destrozos, no quedan restos de plomo... Quizá el sitio ha sido tan vandalizado que tan sólo queda basura, al menos en esa especie de patio o terraza donde nos encontrábamos en ese momento...


Unos enormes arcos, impresionantes, y una segunda planta cuya última parte amenaza con venirse abajo, nos dan la bienvenida si seguimos avanzando, adentrándonos por esta laberíntica construcción. Si vamos sorteando los escombros varios y cuidándonos del peligro, podemos comprobar como las viejas vigas "tronco de árbol", y que no se han quebrado hasta la fecha, parecen desafiar a la gravedad, aunque no por mucho tiempo: el cañizo insinúa peligrosidad en su silencio, mientras enormes pintadas cubren cualquiera de las paredes que todavía siguen en pie...


Entre los restos de piedra, una especie de alacena y un viejo horno en el que el pan tenía cabida deleitan nuestra mirada... El humo ya hizo su labor, y cubrió de negro todos los alrededores hacia la chimenea, por donde se perdería siguiendo la dirección del aire de ese día... Nos llama la atención la pintura, color naranja... Incluso, me atrevería a hablar de la decoración de este sitio, bastante moderna, por cierto: todavía se puede distinguir la combinación de colores, tanto en la planta baja como en lo que queda de la superior...


Apenas queda lo que en su día fueron las escaleras de ascenso y descenso a la planta superior... Algún atrevido podría osar a pisarlas... Nosotros no: el muro que en su día hubo a la derecha aparece completamente derruido, y todos los escombros yacen sobre lo que queda de los escalones, los cuales, hoy en día parece que, simplemente, se sujetan gracias al aire.


No pudimos tomar muchas más fotografías en su interior... Avanzar se hacía casi imposible y la cantidad de basura allí abandonada puede resultar hasta peligrosa. Os dejo con la última instantánea que tomamos, ya desde el coche. En ella se pueden distinguir perfectamente las alturas de la construcción, de planta típica de caserío de la huerta alicantina... Por desgracia, poco se conserva de ella... Apenas sus cimientos, y no por mucho tiempo.

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