jueves, 18 de julio de 2013

Casa Méndez (Librilla, Murcia)

Un poco de suerte y algo de pericia navegando por el Google Maps pueden conjugarse y generar unos muy buenos resultados. De hecho, eso fue lo que nos pasó hace un par de semanas: uno busca ciertas construcciones, hace lo que ahora se conoce como 'turismo virtual' y... ¡Vualá! Aparece, de una forma casi milagrosa, un enorme caserón al fondo que se hace necesario ampliar... La antigua Casa MéndezMansión de Rosalía Casa de Caballerizas del Marqués de los Vélez, se alza, de lo más señorial, en Librilla, Murcia, en concreto, en el acceso a la localidad desde la Autovía del Mediterráneo. 

Construida a principios del siglo XX por Andrés Méndez en el popular barrio de El Lavador, éste la dejó en herencia a su hijo José, pintor y profesor de dibujo que intentó, a lo largo de los años, llevar a cabo una rehabilitación de la vivienda. De hecho, se proponía hacer de la casa mansión un museo... Incluso, se planteó el proyecto para recrear el Partenón Griego en su jardín. Sin embargo, a lo largo de años, las autoridades municipales habían discutido con los herederos de la finca la futura adquisición de la misma por parte de la administración pública. Hoy en día el Ayuntamiento de Librilla ha manifestado su interés en convertir la mansión en sede de actos culturales e integrarla en la futura urbanización del barrio de El Lavador, aunque cualquier movimiento relacionado con su rehabilitación se visualiza a años luz. 


El que ha sido y sigue siendo un edificio representativo de la localidad debido a su belleza y a las leyendas locales sobre fantasmas, ruidos de ultratumba y psicofonías, posee un deplorable estado en la actualidad: el abandono y el expolio han hecho mella en cada uno de sus rincones... El esplendor de los años 1920 ha dado paso a la decadencia, el destrozo y, en definitiva, la pérdida de un edificio de enorme valor histórico.


Tanto el camino de acceso como el edificio se muestran completamente abiertos a las miradas curiosas... Por este motivo, no dudamos en estacionar el vehículo en la Estación de Ferrocarril y desplazarnos a pie hasta la Casa Méndez, ubicada a unos 200 metros. Desde la lejanía, ya podemos comprobar como la casa se encuentra rodeada de un muro de mampostería y rejas muy elaboradas, con formas de lo más original y que en la actualidad se halla totalmente deteriorado. 


No lo dudamos: nos adentramos dentro del terreno que, en su día, fue un bello jardín... Muy amplio, por cierto, y con la casa totalmente centrada en un terreno que, actualmente, nos destroza las piernas con la enorme cantidad de maleza y restos de abandono. La mezcla de estilos de la época se hace patente desde el principio: la fachada y los interiores que alcanzamos a contemplar demuestran nuestra afirmación con la combinación de estilos antiguos, modernos y locales en una entrada que, aunque ahora aparezca totalmente tapiada, daba la bienvenida con cuatro columnas dóricas de las que apenas queda nada. 


Su planta es de forma cuadrangular, con tres plantas claramente diferenciadas y una terraza con balaustrada. Persianas en madera y ventanas decoradas con azulejos le otorga una aire muy local, muy levantino de hecho. Si a todo ello sumamos la enorme cantidad de ornamentación compuesta por rosetones tallados y motivos grutescos le dan un aire ostentoso, incluso sobrecargado, donde ni el más mínimo rincón se libra de poseer una cenefa tallada cuidadosamente con motivos de lo más fantasioso. 


La fachada izquierda es, quizá, la mejor conservada de todas... Las zonas más altas se libran de las pintadas y, de no ser por el enorme buitrón que ocupa toda la zona baja, podría decirse que es la que mejores detalles ofrece. La ornamentación se conserva mucho mejor que en el resto de laterales, y los azulejos con formas similares todavía permanecen en su lugar, en los apoyos de las ventanas, las cuales aún presentan unas viejas y destrozadas persianas. 


Desde la parte trasera, la enorme terraza balaustrada se puede contemplar casi a la perfección: aunque ya ha perdido la mayoría de los detalles, los cuales se encuentran dispersos aquí y allá, todavía se puede dilucidar esa pequeña parcela donde contemplar las estrellas debía ser una experiencia inigualable. ¿Qué mujer no imaginaría convertirse en una princesa medieval que esperase a su amor de juventud desde tan hermoso balcón? Aunque la zona inferior se encuentra completamente cerrada a cal y canto, todavía se distinguen el segundo de los porches, más sencillo que el de la cara frontal, pero no por ello menos importante. 


En la parte trasera encontramos, también, la casa de sirvientes y la piscina. Los dibujos de la fachada rememoran, si no me equivoco, el arte egipcio, aunque su estado es verdaderamente deplorable: en su interior, los tejados han cedido prácticamente por completo, y apenas pueden distinguirse los restos de una cocina con su chimenea, y las subdivisiones de las posibles habitaciones, ahora inexistentes y cubiertas por un bloque de escombros. 


La pequeña piscina también nos llama la atención, ubicada junto a la casa de la servidumbre. Su tamaño no es muy exagerado, pero esa porción de jardín rodeada por un pequeño muro totalmente cubierto de vistosos manises de múltiples colores nos recuerda, una vez más, lo grotesco de la decoración en general. 


De la fachada de la derecha apenas queda nada... Los actos vandálicos y la dejadez se han cebado con esta zona, de la que poco ya se puede contemplar. La ornamentación prácticamente ha sido destruida, y las columnas del porche no nos ofrecen los suficientes detalles como para averiguar su estilo arquitectónico... ¿Podría ser dórico? Posiblemente, por conservar la linealidad dentro de la mezcla. Sin embargo, resulta muy peligroso aproximarse a este porche: amenaza con ceder en cualquier momento puesto que, algún desalmado, se ha atrevido a abrir un agujero en el hueco tapiado de la puerta... 


No accedimos a su interior, aunque sí tomamos algunas fotografías desde la puerta... Su estado interior es tan pésimo con el exterior, devolviendo una imagen desoladora de lo que en su día fue la Mansión de Rosalía: escombros dignos de una cinta de terror, muros derribados a conciencia, ausencia de puertas, basura... Se afirma de que todavía quedan restos en los techos de rosetones tallados y frisos decorados, incluso algunas pinturas murales en algunas de las habitaciones... Sin embargo, todo aparece totalmente destruido, como si una guerra se hubiese abierto paso entre sus estancias. 


Según la información que hemos recopilado, en cada una de sus plantas superiores hay tres habitaciones y un baño, respectivamente, pero apenas quedan las cañerías. Puertas, ventanas, habitaciones, porches... Todo ello se haya en un estado pésimo de conservación, al igual que sus derruidas escaleras que, en su día, reflejaban preciosos motivos florales. Nos comentan que, incluso, existe un pasadizo (quizá una bodega) que recorre toda la parte baja de la mansión. 


Una verdadera maravilla, de aspecto tétrico y deplorable, de la que ya no queda nada... Todos los proyectos de rehabilitación parecen haber quedado en el olvido.

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