sábado, 27 de julio de 2013

Hostal 'El Cónsul' en Los Camachos (La Unión, Murcia)

Hace más de 8 meses que nos desplazamos hasta La Unión (Murcia) por primera vez con unas intenciones bastante claras: visitar el antiguo y abandonado Hostal 'El Cónsul', un lugar con una truculenta historia de crímenes sin resolver, pasiones ocultas y fenómenos paranormales. Tratábamos de adentrarnos en su interior, tomar algunas fotografías y conocer algo más de su enigmática historia... Sin embargo, nuestra visita fue frustrante: tras casi dos horas de camino, varios equívocos y un anochecer invernal inminente, una elevada valla rodeaba todo el recinto, imposibilitando cualquier acercamiento y hundiendo nuestro gozo en un profundo pozo.


La historia del Hostal 'El Cónsul' es verdaderamente aterradora: el 27 de Marzo de 1982, el cuerpo sin vida de su propietario, Alfonso Martínez Saura, fue hallado a los pies de la barra del bar, con 63 puñaladas y todas las puertas y ventanas cerradas desde dentro. Fue un camarero quién alentó a la Policía Local de que el hostal se encontraba extrañamente cerrado, y el por aquél entonces agente y amigo Antonio Mata, rompió una ventana de la cafetería con su linterna y descubrió el cuerpo de Alfonso, bañado en un charco de sangre. El crimen quedó sin resolver: el propietario había sido apuñalado con un objeto punzante que no alcanzó ningún órgano vital, y nadie podía ser inculpado de semejante atrocidad.


Por aquellos entonces, Alfonso estaba separado. Era un hombre distinto... Diferente a los demás y presumía de serlo. De hecho, en su juventud, Alfonso había viajado por África y había sido diplomático en Costa del Marfil... 'El Cónsul', tal y como le apodaban, vestía con largas y coloridas túnicas, extravagantes y típicos atuendos africanos que sólo eran un reflejo más de su pasión. En sus últimos días de vida había llegado, incluso, a bromear con que los fantasmas llamaban a su puerta y desaparecían después... Era un hombre muy desconfiado y con muy valiosas pertenencias.


Nadie aportó pistas... El arma no se encontró y Alfonso tenía cabellos cogidos de la mano, síntoma de lucha. Además, su cartera apareció varios días después en el camino cercano, con el dinero y sus pertenencias... ¿Hombre o mujer? ¿Ajuste de cuentas? ¿Crimen pasional? ¿Robo de los objetos caros que traía de África? ¿Alguien conocido? El hostal estaba cerrado desde dentro, ocultando un crimen violento y perfecto a ojos de la criminalística.


Han pasado 31 años desde aquella tragedia, y muchas son las investigaciones paranormales que han obtenido resultados estremecedores en sus parafonías. Tras permanecer cerrado todo este tiempo, todavía me pregunto qué tipo de huéspedes acudiría a alojarse a un lugar tan alejado de la civilización... Ubicado al final de un camino no demasiado transitable y de ninguna forma identificado, el Hostal 'El Cónsul' se halla solitario en lo alto de una colina, casi inaccesible y rodeado de escombros y vegetación. Según cuentan los vecinos de Los Camachos (pedanía que precede a La Unión), el lugar siempre fue así: enigmático y oculto, con dificultades para el acceso y extraño en numerosos aspectos... Encuentros homosexuales, partidas de cartas, apuestas... Cada cual tiene su hipótesis.


Desde la carretera principal ya puede divisarse el hostal, hoy en día, con sus aberturas completamente selladas a golpe de ladrillo y cemento. Estacionamos el vehículo en mitad del camino correcto (existen tres que dan lugar a equívocos) y continuamos el resto a pie: debíamos dar con el lugar acertado para acceder a su interior, tal y como nos habían informado previamente... Esta vez debía ser la buena. 


Tras ascender, descender, pisar maleza, provocarnos alergias y acabar con las posaderas en tierra en más de una ocasión, lo conseguimos: estábamos dentro del recinto y justo delante del lugar que, actualmente, presenta un estado bastante aceptable si miramos su fachada principal. Sin embargo, el lugar rebosa negatividad por sus cuatro costados: a pesar de que la civilización se encuentra relativamente cerca, el silencio rompe los tímpanos... Cualquier pie sobre un escombro produce un ruido ensordecedor que atormenta, como si nuestro único cometido fuese despertar las almas que vagasen por el lugar.


Nuestro primer movimiento se centró en rodear el edificio o, al menos, intentarlo. Previamente a cualquier acceso, se hace necesario reconocer el terreno y comprobar que no existen riesgos demasiado peligrosos. Su estructura, de planta rectangular y ladrillo caravista bicolor, es verdaderamente moderna para la época, combinando líneas rectas y curvas con ventanales de gran tamaño y escaleras de lo más original. Sus dos alturas, con patio central y mirador circular, le otorgan la peculiar forma de un ojo de cerradura, por si nadie se había dado cuenta.


Ascendimos hasta la única entrada posible por la parte de atrás, a través de un montón de escombros... Una abertura hacia la segunda planta, un posible ventanal tapiado que alguien ha echado abajo a fuerza de golpearlo... ¿Finalidad? Acceder a la Cafetería Bar, lugar donde se halló el cuerpo sin vida de Alfonso Martínez Saura tres décadas atrás. 


La primera sensación es verdaderamente claustrofóbica: la oscuridad tiñe de negro absolutamente todo lo visible, y se hace necesario desplazarse con linterna para no tropezar con algunos escombros. Si vamos alzando el haz de luz, comprobamos la existencia de tres columnas de capitel simple, pintadas en tonos beige y que combinan con el resto de paredes, con una tonalidad amarillo limón. La escayola ha sido saqueada por completo, pero el suelo permanece intacto bajo la suciedad: pequeños azulejos con rosetones verdes pueden ser descubiertos con un poco de paciencia.


Tres enormes cuadrados marrones en la pared nos dan que pensar... ¿Albergarían algún tipo de objeto preciado de África? Algún desalmado también ha derribado la puerta de salida, arrancando el marco, lo que nos lleva a los dos cuartos de baño de la cafetería, juntos, agobiantes y decorados en tonos azules. Uno de ellos, de mayor tamaño que el otro, ocultaba el WC tras un muro que, hoy en día, aparece derribado. La mayoría de los azulejos aparecen intactos en su lugar, lo que nos hace poder comprobar los colores originales.


Si continuamos avanzando, comprobamos cómo los vándalos ya han hecho su trabajo eliminando aquellos tabiques que les molestaban... Por este motivo accedemos, directamente, a la primera habitación de la segunda planta, la más grande y decorada casi por completo con bonitos motivos florales... ¿La zona de vida del propietario? No lo sabemos... Lo único que nos consta es la diferencia con el resto de habitaciones.


El enorme patio central que veíamos desde fuera se hallaba ante nosotros... Con la consiguiente sensación de incomodidad que generaba. A pesar de ser las únicas personas que nos hallábamos en el edificio, pude denotar que había alguien más con nosotros... Esa sensación indescriptible, de agobio psicológico que muy poca gente comprende. De hecho, en alguna ocasión detecté la presencia de una sombra que se movía entre las habitaciones, vestida con una túnica que dejaba su halo tras el movimiento... Por desgracia, mi cámara no fue lo suficientemente rápida como para captar mis impresiones.


La maleza y la suciedad han cubierto lo que en su día fue un bello jardín a los pies de los ventanales de cada habitáculo. Un total de seis habitaciones más tienen acceso a través de este patio, cada una de ellas con un baño completamente privado y totalmente diferentes entre sí: las hay de diferentes tamaños y colores, que van desde los violetas a los marrones, con pasillo, armario empotrado y ventana hacia el exterior de la que ya no queda ni la persiana. Tampoco hay un baño igual a otro... Ni en tamaño, ni en color... Amarillos, azules, verdes... Con bañera o sin ella, dependiendo del precio de la habitación. 


Los pasillos que daban acceso a la terraza y, por ende, a las habitaciones, están completamente cerrados a cal y canto, como aquel día en el que su propietario perdió la vida. Tan cerrados como el resto del hostal... No podíamos seguir avanzando y teníamos la certeza de que había una zona a la que no habíamos accedido: la Recepción, ampliamente conocida por la fenomenología paranormal y a la que no habíamos encontrado forma alguna de adentrarnos.


Rodeamos el edificio por la fachada principal y recordamos algo... Una puerta,vieja y cerrada, que abriría la planta baja... Y, efectivamente, la abre: la Recepción, zona inferior a la Cafetería se manifiesta ante nosotros como una aparición fantasmal de oscuridad, colores agobiantes y tabiques derribados. El caluroso sol de la tarde se colaba por los pocos agujeros junto con algo de oxígeno, que simplificaba ese hedor a antiguo y a terror. La enorme recepción nos recuerda al continente africano: paredes naranja oscuro y techos negros que le otorgan a la estancia un toque tétrico y lúgubre, mucho más claustrofóbico que en la planta superior.


Volvemos a desplazarnos con linternas y comprobamos lo modernista del habitáculo: arcos y columnas decorativas, que operan a modo de sujeciones, rodean el semicírculo, repleto de miradores al igual que en la planta superior. La sensación volvió a ser la misma que en el patio anterior: agobio, presión... Sensación de que no estábamos solos. Los tabiques aparecen totalmente derruidos, creando un laberinto que implica ver, desde la recepción, algunas de las habitaciones del fondo... Los restos del cuarto del portero, una especie de almacén, algunos baños y algo parecido a una cocina nos llaman la atención del conjunto, entre tanto y tanto arco.


La profundidad es lo último que divisamos del Hostal 'El Cónsul': tras una hora y media de fotografías, llegaba el momento de recoger artilugios y regresar a casa. Teníamos material más que suficiente como para construir una entrada muy completa: informaciones diversas, contacto directo e imágenes al mínimo detalle. A día de hoy, el crimen continúa sin resolver, y por más que tengamos nuestra propia idea, no es necesario exponerla públicamente... Lo único que esperamos es que, algún día, el suceso logre resolverse para que el alma de Alfonso descanse en paz, que no quede en el olvido.

6 comentarios:

  1. Este hostal se ve que es muy grande y además tiene muchos cuartos y un gran patio, lo que hay que mejorar es la decoración, porque por fuera se ve que es un sitio desolado.

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  2. El hostal lleva abandonado desde 1982, y su recuperación es algo complicada... Ya no sólo por su truculento pasado, sino por su ubicación (bastante alejado de la civilización y muy poco accesible). Por este motivo considero que sus posibilidades de 'vuelta a la vida' son, por desgracia, prácticamente nulas.

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  3. ¿Qué significa qué hay más de lo que se ve? ¿Que hay más partes del hostal accesibles que las que encontramos?

    Gracias de antemano, :)

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  4. Alejado de la autovía 500 m y rodeado de casas de campo. La zona no está tan aislada como se dice , sólamente el acceso a la colina es un poco dificultoso pero la zona era transitada en aquella época porque la carretera que pasa justo debajo llevaba de La Unión a las pedanías cercanas.
    Conocí el sitio siendo un niño, solía ir la gente a tomar un aperitivo los Domingos y el dueño llevaba túnicas pero se notaba que era culto y de mundo.
    Yo apenas tendría 11 o 12años.

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    1. Me gusta leer tus palabras, Javier... Con ellas, vuelvo a retomar el recuerdo del Hostal El Cónsul y me acabo de dar cuenta de que es un lugar al que me gustaría volver. ¿Qué recuerdas de aquella época, en la que estuvo activo? ¿Cómo recuerdas a Alfonso? Me viene a la mente la primera vez que estuve allí, y lo difícil que me resultó encontrarlo... Supongo que era lo que tenía ir una tarde-noche de invierno, con todo el frío que hacía. Ahora tendría menos problemas para localizarlo, :) ¡Gracias por tus palabras!

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