lunes, 2 de diciembre de 2013

Catedral de la Marina (Benissa, Alicante)

El frío ha llegado de golpe, como una especie de bofetada inesperada... Al menos para mí. Como el que dice, todavía nos estamos habituando e, incluso, pensamos que cualquier día volverá a sorprendernos ese calor veraniego que nos invitaba a abrirnos el chaquetón... Sin embargo, no pensamos que estamos en noviembre; que a pesar de que hayamos pasado un muy caluroso Día de Todos los Santos, las temperaturas amenazaban con bajar inminentemente... Y así ha sido. Ahora, mientras preparamos 'excursiones para normales' más adaptadas al frío de invierno, os traigo unas fotografías que tomamos hace poco más de un mes en una tarde de sábado sin rumbo fijo.


Ese día no teníamos ningún plan... De hecho, refrescaba a pesar de ser Septiembre, por lo que echamos algo de ropa de abrigo en el coche y nos dirigimos hacia el norte de la provincia de Alicante, sin pensar en cuándo tendríamos que parar. La música nos llevaba, e íbamos dejando atrás tantos y tantos lugares... La costa se alzaba ante nosotros: El Campello, La Vila Joiosa, Benidorm, Alfàs del Pi y su 'Foso del Terror'... ¡Incluso Altea! Sí, esa bonita localidad con unas maravillosas playas y montones de edificios blancos... Sus calles rebosaban gentío por todas partes... Pero todavía no era el momento de hacer una parada, algo nos lo decía.


La N-332 nos desvío, desde Calpe (preciosa, por cierto) hacia el interior, dejando atrás las azules aguas levantinas... Nuestro foco se centraba en Benissa, y ahí fue donde realizamos nuestra parada. ¿Por qué Benissa? Confirmo que hubiese llegado hasta Jávea... Incluso Denia, pero, ¿por qué desaprovechar una tarde cuando la Marina Alta esconde secretos que es necesario explorar desde por la mañana? Esa tarde era para Benissa... Además, ¡hacía siglos que no pasaba por allí! Y, la última vez, no iba provista de una buena cámara de fotos... Todo ello por no hablar del atardecer que se estaba gestando por la zona... Sencillamente, maravilloso.


Tras dar unas vueltas por el pueblo y comprobar, una vez más, la dificultad de encontrar un aparcamiento decente, llegamos a los pies de la mismísima Catedral de la Marina, para otros conocida como la Iglesia de la Purísima Concepción, un edificio religioso el cual, de los pocos que he visto, destaca por su sencillez y modernidad. Estamos tan acostumbrados a toparnos con catedrales centenarias, con rosetones, arcos, cimborrios monumentales..., que, cuando damos de bruces con edificios que, además de ser considerados como tales presumen de humildad, somos tan incrédulos que necesitamos ponernos delante y, si es menester, tocarlos.


Pues eso hicimos nosotros: tocarla. No dudamos en estacionar en el aparcamiento situado a sus puertas para disfrutarla mejor, y es cierto que allí el clima era diferente... De hecho, y a pesar de ser Septiembre y de que los calores este año han llegado hasta Noviembre, esa tarde se echaba de menos algo más de abrigo (¡es lo que tiene venir de tan al sur!). Una vez a sus pies, la catedral distaba mucho de ser pequeña: se necesitaba alzar la cabeza bastante para contemplarla y, de hecho, sus pináculos parecían tocar el bonito cielo nuboso que se estaba abriendo paso ante nosotros.


Nos hallábamos ante un magnífico templo neogótico cuya construcción finalizó en 1929 gracias a la donación de algunos particulares y a la colaboración de todos los ciudadanos de Benissa. Sin ir más lejos, se la conoce como la Catedral de la Marina (de toda la comarca) por sus grandes dimensiones, y nos queda claro que su belleza es indiscutible: derrocha luminosidad por todas sus caras, dejando atrás el oscurantismo del gótico puro y adentrándose en la modernidad, utilizando preciosas vidrieras de colores con las que reitera que no abandona su estilo a pesar de dar un paso más allá en la modernidad.


Del valenciano Temple Parroquial de la Puríssima Xiqueta, tenemos constancia de que el centenario de la colocación de la primera piedra fue en el año 2002, tal y como reflejan las fotografías. Sustituyó a la vieja Iglesia Fortaleza de San Pedro Apóstol, y tal y como podemos divisar si la rodeamos, consta de tres naves entre las que destaca la belleza de su cimborrio central, el cual culmina en una claraboya que ilumina los interiores de esta magnífica construcción.


El interior del edificio estaba cerrado a cal y canto, por lo que no pudimos acceder. Sin embargo, y tras informarnos, al respecto, sabemos en altar destaca el relicario que contiene el cuadro pintado con la imagen de la Purísima Concepción, atribuida a la Escuela del pintor Joan de Joanes. Durante las fiestas patronales en su honor, las cuales se celebran el cuarto domingo de Abril, la imagen sale en procesión, para la cual se ha ideado un espectacular sistema hidráulico destinado a bajar con comodidad el relicario hasta el altar para, después, colocarlo sobre los tronos procesionales. Este acto es conocido como 'La Bajada de la Purísima."


Como ya he dicho previamente, el atardecer que se estaba gestando era maravilloso... Tanto que me invitó a tomar mis primeras fotografías intentando simular la técnica HDR... Y digo 'intentando' porque, con una cámara digital y sin el software adecuado, poco podíamos hacer... Eso sí, todo el cariño del mundo y aprovechando la nubosidad de un atardecer de otoño nada despreciable... Dando algunos resultados interesantes, como los que ahora os mostramos:


Nuestra visita había llegado a su fin... Estábamos a más de 1 hora y media de casa, y queríamos divisar algún atardecer del que, por desgracia, no pudimos tomar imágenes (cosas del tema amateur y de las cámaras que no permiten captar la belleza). Sin embargo, sí os puedo contar que los tonos anaranjados aparecían por el horizonte a pasos agigantados, generando tonalidades de toda la gama de los violeta y los rojos. Una preciosa divinidad que espero, algún día, poder compartir con vosotros (y con una cámara decente).

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