lunes, 27 de enero de 2014

Antiguo Hotel-Spa 'Villa de Catral' - Segunda Visita

Prometimos volver... Y así ha sido. De hecho, no es la primera vez que regresamos a un lugar que hemos visitado previamente: hace un tiempo, regresamos al Preventorio de Aigües con la finalidad de fotografiar aquello que todavía continuaba en pie en sus interiores. Es importante decir que los edificios abandonados involucionan a pasos agigantados: con el paso del tiempo, las lluvias, los vientos y, sobre todo, la mano humana, este tipo de construcciones se van desintegrando a una velocidad de vértigo. Un ejemplo de ello lo constituye nuestra visita de hoy: regresamos al antiguo Hotel-Spa 'Villa de Catral', un verdadero balneario urbano con zonas verdes y habitaciones de lujo que se ha convertido en los restos del saqueo, incendios y ruina en apenas 2 años y medio desde su abandono. Eso sí, gesta atardeceres como el que os muestro...


Resulta, sencillamente, penoso rodear el edificio caminando... Hace un año y medio, la imagen ya era tétrica, pero ahora es desoladora. Ha habido más vandalismo, más robos y más fuego... Tanto que hay plantas completamente calcinadas y agua por todas partes desde que los bomberos tuvieron que hacerse con el control de los incendios que han ido mermando su calidad. Todo son escombros... Todo son cristales... Por desgracia, nada es ya recuperable gracias a la mano del hombre.


Tras estacionar en el mismo aparcamiento del hotel y comprobar que los únicos sonidos que existían eran los de nuestros propios pasos, volvimos a hacer el mismo recorrido que en antaño... Nuestros ojos volvieron a fijarse en la zona de spa, ubicada en una especie de semi sótano con ventanas al exterior. Preciosas piscinas especializadas convertidas ahora en vertederos, repletas de agua sucia y basura... Las cosas ya no aparecen como en la página oficial, donde llamaba la atención el azul de las aguas que emergían de los chorros medicinales. Lo mismo puedo decir de lo que en su día fue una especie de discoteca o zona de ocio: sus tabiques violeta albergan la mayoría de los restos de un naufragio inevitable y que dejó sin trabajo a muchas personas. Ya no están ni las sillas que vimos la primera vez: debe ser que algún desalmado las adquirido como bien propio, al igual que los cables de cobre.


Tras la toma de estas primeras imágenes, nos desplazamos a la entrada principal recorriendo, como ya he dicho, los mismos puntos que recorrimos hacía casi dos años... Subimos las rampas y escaleras, comprobando que no quedan ni los indicadores luminosos de los escalones... No queda nada: el edificio aparece totalmente desnudo ante las miradas curiosas, ni una miserable ventana o puerta ha quedado en pie. Las puertas fotograbadas que todavía entonces conservaban algún detalle se amontonan en la recepción junto con más escombros y expolio. ¡Ni siquiera el mostrador se encuentra allí! Si hasta han sido capaces de llevarse la escayola... O, al menos, intentarlo, porque todo aparece destrozado.


Nuestra intención, debido a las prisas de la primera visita, era ascender a las plantas superiores, y así lo hicimos: a pesar de su deplorable estado, nos desplazamos como pudimos entre los restos y los escombros, rompiendo el silencio a cada paso y cuidándonos de no tener un accidente. Los huecos del ascensor ya ni siquiera están tapados con las puertas que daban entrada a cada una de las plantas y los techos ya han cedido por completo, bien por el expolio, bien por los incendios... Ello no nos impidió movilizarnos por algunas de las habitaciones, sólo aquellas que nos permitían el acceso sin correr demasiados riesgos, y pudimos comprobar que el mobiliario ya no existe: en la mayor parte de las ocasiones no ha sido sustraído, sino destrozado a conciencia, como la mayor parte de los materiales. 66 habitaciones de lujo convertidas en un vertedero sin que nadie lo haya impedido...


El final de nuestro recorrido lo constituyó, como la primera vez, el ascenso a la suite, de un tamaño bastante considerable y la cual me hubiese gustado conocer previamente a este estado, para constatar la diferencia... En su momento, dispuso de iluminación natural gracias a las claraboyas: ahora, sólo acumula pintadas, cristales rotos y peligrosos agujeros. Todavía recuerdo cuando, hace un par de años, albergaba los restos de una maqueta muy realista del hotel... Ahora, y como es evidente, esa maqueta ya no existe.


La terraza a la que se accedía desde la suite ha empeorado, también, considerablemente... En sus mejores momentos, albergaba los equipos de climatización de un hotel-spa con unas características espectaculares para su ubicación... En la actualidad, hay que vigilar dónde se pisa para no caer en algún peligroso agujero. 


La noche había caído y era necesario comenzar a descender... Es un lugar bastante peligroso y cuya visita sólo recomendaría si se va acompañado y a plena luz del día, ya no sólo por su particular estado sino por su situación geográfica. En algún momento pudo haber algo de vida alrededor pero, ahora, apenas unos perros ladran a lo lejos mientras te sientes rodeado por un solitario polígono industrial y los antiguos sofás de recepción.

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