miércoles, 5 de marzo de 2014

Urbanización 'Las Lamparillas' - Segunda Visita

Es la primera vez que una segunda visita se produce un lapso tan corto de tiempo... Supongo que la ansiedad por explorar lo desconocido se había vuelto demasiado incontrolable. Mucha gente no lo comprende: ¿será cierto que se trata de una afición extraña? Puede ser, pero lo que tengo claro es que aquello que nos aportan éstos lugares no puede ser suplantado por nada: su soledad, sus detalles o su peculiar aroma sólo pueden encontrarse así, con tiempo y mucho cariño: una vez más, guiados por la máxima de "no tocar absolutamente nada", nos dirigimos hacia la Urbanización 'Las Lamparillas'... Os preguntaréis por qué, pero todavía quedaba mucho por explorar... ¡Muchísimo! Montones de viviendas unifamiliares, pequeñas mansiones que todavía continúan en pie a pesar de la mano humana que tomó la decisión de hacerse una vivienda para él sólo con todos los materiales que iba encontrando a su paso. 


Seguimos, una vez más, el camino de entrada a la urbanización... Montones de palmeras olvidadas a punto de fenecer y un asfalto destrozado por el paso del tiempo. Al fondo, la valla de siempre, prohibiendo el paso a los curiosos y montones de escombros que tratan de cerrar las entradas... Supongo que no lo suficiente, pues la gente nunca ha dejado de cruzar el umbral. Las nubes más grises cubrían el cielo aquella tarde de Febrero, demostrando amenaza inminente de lluvia. Por suerte, esa lluvia no se produjo, pero ese particular color ambiental nos permitió disfrutar de los campos de almendros en flor que rodean el complejo... 


Sólo existía una posibilidad para llegar hasta el otro lado de la urbanización y, desde luego, no era el camino que tomamos la primera vez... En esta ocasión, se trataba de ir en sentido contrario y alcanzar los cimientos de las últimas viviendas unifamiliares, pues ese sería el lugar donde el coche permanecería y, el resto del camino, lo haríamos a pie. Vuelvo sobre lo mismo que la última vez: sed precavidos, id observando el vehículo de vez en cuando y, sobre todo, acercaos a plena luz del día, pues el lugar es muy solitario y amplio... Si vais acompañados, mejor.


Esa tarde tuvimos mucha suerte... Además de la iluminación adecuada, pudimos tomar fotografías a nuestro antojo por todo el complejo sin 'visitantes' que nos arruinaran la tarde. No hubiese sido la primera vez, así que tampoco sería extraño, sobre todo teniendo en cuenta las dimensiones del lugar... Unas dimensiones que se ven incrementadas cuando uno cruza el 'umbral' de una valla destrozada por el impacto de algún vehículo de envergadura considerable. Montones de materiales todavía aprovechables se divisan por todos lados, junto a los restos del lugar donde se ubicó la grúa... Una imagen desoladora. 


Tras comenzar nuestro recorrido por los cimientos de un elevado número de viviendas unifamiliares, nos adentramos en lo que parecía una convención de hermanos gemelos: las viviendas se alzan las unas junto a las otras, formando hileras interminables separadas por calles que nunca llegaron a ser bautizadas... La mayoría de ellas ahora cubiertas por maleza moribunda que nos impide caminar con libertad por todos sus rincones. Sin embargo, no tardamos en adentrarnos en una de las viviendas unifamiliares, en concreto, en una de las que todavía se muestran como un conjunto de ladrillos desnudos... A pesar de ello, no nos sentimos impedidos para ascender a la terraza superior y tomar fotografías tan interesantes como las que hoy os mostramos: 


Por desgracia, las viviendas con unos acabados más completos no han tenido mucha suerte: la mano humana ha expoliado absolutamente todo: cables de cobre, cañerías, escayola o, incluso, azulejos. Me pregunto la de familias que habrán perdido sus ilusiones y su dinero entre esas paredes... No es que las viviendas fuesen enormes; de hecho, si sumamos los metros de la planta inferior, la superior y la terraza, obtendríamos la amplitud de una vivienda normal de unos 90 metros cuadrados, pero... ¿A quién no le hace ilusión tener una casa con escalera propia? Y, cómo no, con una terraza enorme... 


Por supuesto: si uno quiere perderse por un amplio espacio, sólo tiene que dirigirse al final del complejo, donde se encuentran lo que yo he bautizado como 'mansiones'... Si las viviendas unifamiliares normales están construidas de dos en dos y, en cada bloque, encontramos un par, en el caso de las mansiones, sólo hay una por parcela: enormes construcciones orientadas al amanecer con futuras vidrieras para aprovechar al máximo la luz del día; enormes terrazas y balcones visibles desde fuera, y un increíble porche para aprovechar al máximo el espacio... ¡Y todo ello sin haber entrado en su interior! 


Los últimos rayos de sol nos acompañaban en nuestra visita, colándose por los lugares más recónditos y haciendo de nuestras fotos un arte... Mientras las vidrieras nos demuestran lo bien que saben hacer su trabajo, disfrutamos perdiéndonos por sus amplios espacios: salones, baños... Las escaleras de mármol, que por suerte no han sido sustraídas, nos llevan hacia la segunda planta...


Allí nos da la bienvenida una amplia terraza con balcón y vistas hacia los edificios colindantes... Tres pequeñas vidrieras más se comunican con el interior, y nos regalan una imagen preciosa... Perfecta: 


Por desgracia, la luz se estaba acabando, y se hacía necesario hacer el recorrido de vuelta... No sin tomar fotografías de todas las panorámicas posibles. Cielos cubiertos, atardeceres naranjas con tonalidades rosadas... Una belleza que sólo puede ser disfrutada desde la costa levantina y murciana:


Definitivamente, se trata de una visita altamente recomendada para los exploradores más exigentes... Con buena luz, espacio y total libertad para tomar cuantas fotografías se guste sin visitas inesperadas. Además, hay montones de viviendas para elegir, para sumergirse en sus detalles... Tomad nota y no dejéis pasar la oportunidad. 


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