miércoles, 30 de abril de 2014

MiralRío de la Juliana

El Marquesado de Dos Aguas, uno de los principales señoríos valencianos asentado en la Huerta de Valencia, fue el más más importante en su época, tanto en extensión como en influencia y en número de vasallos. Incluso después del Siglo XV (también en el XVII y el XVIII) y tras la penetración de los señoríos de origen castellano, este marquesado continuó siendo el más importante de origen valenciano, superado, entre otros castellanos, por el Marqués de Elche y el de Crevillente (Duque de Arcos). Entre sus posesiones destacadas podríamos citar el Palacio del Marqués de Dos Aguas, emblemático edificio ubicado en Valencia con una decoración de lo más original, o el municipio de Dos Aguas, que debe su nombre a este señorío. Sin embargo, lo que hoy queremos mostrar no es un gran palacio y muy pocos lo conocen, pero está considerado entre los Bienes y Espacios Protegidos dentro del catálogo de la provincia de Alicante. Se trata del MiralRío de la Juliana, una muy bella edificación de principios del Siglo XX ahora mismo en estado ruinoso.


Ubicada sobre un montículo al margen derecho del río Segura, en la carretera entre Algorfa y Benijófar, actualmente aparece rodeada de escombros y basuras varias, pues los que conocen su ubicación parecen haber utilizado su terreno como vertedero municipal con la excusa de que nadie se acerca por aquellos lares. Según me han comentado, se ha degradado notablemente en los últimos años, cosa por la cual permanece casi tapiada de puertas y ventanas... Y digo "casi" porque hay gente que ha creado sus propios modos de acceso...


Tras conocer la existencia de algo tan bello, no podíamos sino poner rumbo hasta allí... Conocía la carretera y jamás me había percatado de su presencia. Quizá la posición de la maleza moribunda o su ubicación elevada tras unos árboles impiden su identificación... Pero allí está, delicada y abandonada, como un sol reluciente en un cielo despejado. A pesar de estar abandonada desde hace mucho tiempo, el expolio todavía no ha llegado hasta allí y lo que allí ha sucedido es sólo efecto del paso del tiempo y de la meteorología: los fríos inviernos y los áridos veranos han dañado su estructura de una forma inevitable.


En un primer vistazo, uno puede comprobar que se trata de una casa de planta rectangular con dos alturas, buhardilla y cubierta a dos aguas. Claramente, se corresponde con el peculiar estilo de la huerta alicantina, y nos hará rememorar construcciones como la Finca San Clemente de San Juan, la cual ya hemos tenido la oportunidad de visitar. Lo que más destaca es la composición de su fachada, perfectamente distribuida, con puerta principal y una enorme balconada bastante perjudicada, toda ella pintada en ocre anaranjado con bordes en rojo... Una combinación de colores muy acertada en la zona levantina. También es posible comprobar cómo en la parte de atrás hay una construcción anexa más reciente, la cual veríamos más adelante.


Con cautela y siguiendo las normas (no tocar nada, no romper nada) nos adentramos en su interior por la puerta trasera, aquella que todas las casonas de este estilo tienen y la cual, de una manera típica, te redirige hasta la cocina de la vivienda... En el acceso, algo nos llama inevitablemente la atención y no podemos evitar fotografiarlo: los restos del hermoso papel que cubría la pared... Jinetes, caballos y árboles se entremezclan en una escena irrepetible que todavía puede distinguirse... Precioso ¿verdad? Por suerte, no es el único papel que aguanta cubriendo las paredes del MiralRío de la Juliana, cada cual más original y que os iremos mostrando poco a poco.


La cocina, desgraciadamente, está destrozada... Poco queda de los armarios y de los techos de cáñamo, que han cedido por el paso del tiempo... Algunos azulejos también se han desprendido y yacen solitarios sobre un montón en el suelo, junto a los restos de unos cristales que han sido claramente apedreados. Lo más llamativo es, quizá, que la parte superior de la cocina y hasta el techo están pintados de rojo pasión. De todos modos, se muestra bastante bien conservada en comparación con otros lugares que ya hemos visitado...


Un hueco nos llama la atención en un rincón, con unas escaleras muy estrechas que descienden hacia un lugar aún más oscuro... Como buenos curiosos y aprovechando la linterna del teléfono móvil, descendimos cámara en mano hacia este escondite subterráneo, el cual parecía albergar el más grande de los secretos. Una vez abajo, nos hallamos en el interior de una especie de despensa, que todavía conserva baldas en la pared, algunos vasos y las típicas cortinas de cuadraditos rojos tan conocidos. La altura del habitáculo era inferior a un metro y medio, por lo que se hacía necesario caminar agachado...


En la misma línea, podemos decir que el cuarto de baño no ha tenido mucha suerte... La ventana totalmente tapiada por ladrillos de hormigón es lo que más entero se conserva, con su carpintería pintada de rojo, pues casi todo lo demás se encuentra en el suelo troceado... El inodoro aparece al fondo, sin tapa pero entero, mientras el viejo hueco de la cisterna todavía se puede identificar a lo alto, cerca del techo. Casi todos los azulejos se han desprendido y están en el suelo, la mayoría, enteros, fruto de las humedades y del deterioro...


Nos adentramos, después, en un largo pasillo, también parcialmente empapelado de un tono uniforme o descolorido, que nos conduce a una habitación muy simpática, empapelada con flores muy coloridas que nos harán recordar los años 40 del siglo pasado... Por desgracia, ha sido casi totalmente devorada por la humedad, que ha provocado que se desprendieran hojas enteras, que ahora ocupan todo el suelo y las cuales no quisimos pisar...


Si seguimos caminando por el pasillo y subimos sus tres escalones, alcanzamos una especie de armario vestidor, totalmente empapelado en tonos azules y con todos sus detalles, como las barras de colgar, los huecos de los cajones e, incluso, las puertas de la parte superior. Todo un gusto para los amantes del abandono encontrar tesoros como éste, rincones casi perfectamente conservados, incluso un pequeño escondite anexo al primer armario, pero empapelado diferente, con sus baldas y sus colgadores... Todo un placer para la vista:


Al final del pasillo, podemos encontrar la puerta principal de la casa... Totalmente tapiada, pero conservando la carpintería original en madera de cerezo prácticamente intacta. Se trata de dos puertas, como sucedía en las casonas de este tipo, con sus cerrojos, sus anclajes y sus bisagras, todo en perfecto estado. Esta zona no está empapelada, pero sí conserva unas pinturas muy hermosas, hechas claramente a pulso y mano alzada, sin utilizar plantillas: cenefas en distintos colores cubren techos y paredes, para culminar en un precioso dibujo en el techo en forma  de rombo, nada perjudicado:


Más habitaciones se alzan junto a la puerta de entrada... La primera de ellas posiblemente sea la habitación doble, con papel en tonos amarillos, y un baño propio bastante grande. A golpe de martillo han destrozado la puerta de acceso, convirtiéndola en una especie de loft y eliminando hasta uno de los armarios empotrados... Y más habitaciones se alzan ocultas alrededor de ésta... Y, como están más escondidas, se conservan intactas al paso del tiempo... Con sus bonitos armarios llenos de baldas con flores, sus techos perfectamente empapelados y unos detalles tan hermosos que vale la pena destacar:


Si giramos la vista (y el cuerpo) 360 grados podemos comprobar como el pasillo todavía alberga grandes restos del papel que vimos al principio, aquél que estaba compuesto por una bella escena donde animales y hombres interactúan entre sí de una manera grácil y dinámica. Y, si seguimos caminando, justo al fondo y en el lado opuesto de la casa, encontramos el salón... El techo, por desgracia, casi ha cedido por completo, llenando todo a su alrededor de cáñamo y dejando entrever los restos de una buhardilla que hace años que no se ha utilizado. La chimenea, por su parte, sí que alberga restos de vida reciente:


Una vez más en la cocina, somos capaces de acceder a la construcción anexa, la cual es mucho más reciente y se ubica justo en la parte de atrás. Una valla perimetral de ladrillo macizo cierra su contorno, albergando una especie de barbacoa a la cual se le ha dado mucho uso... Justo detrás, una enorme y profunda piscina con dos alturas permanece abierta y sin restos de agua, a pesar de que había llovido en las últimas semanas. Resulta muy llamativo que no se hayan arrojado basuras en su interior y que sólo reúna aquellos azulejos que se han desprendido... Ojalá siga así durante mucho tiempo.


Si no me equivoco, y como ya he dicho anteriormente, el MiralRío de la Juliana se encuentra dentro del catálogo de Bienes y Espacios Protegidos actual con un Grado 2 (protección parcial), cosa que obliga a su propietario a mantener los elementos definitorios de la estructura arquitectónica, su fachada con relieves, altura y volumetría, algo que lamentablemente no se cumple aunque existan ciertos planes de remodelación.


No conseguimos acceder a la planta superior: a pesar de buscar concienzudamente las escaleras en el interior, descubrimos que la parte inferior y superior están separadas, como si de dos viviendas se tratase y pudiendo acceder a la misma desde uno de los lados de la casa y de forma totalmente independiente. Por desgracia, el acceso en esta época del año está totalmente vetado por las abejas: una enorme colmena se ubica entre la entrada y el hueco de la escalera, mientras cientos de estos insectos revolotean rabiosos si alguien osa acercarse... ¿Qué implica este hecho? Que volveremos, seguramente en invierno, cuando el frío aletargue estos simpáticos animales y se nos permita asomarnos a su espectacular balconera para tomar las mejores instantáneas...

No hay comentarios:

Publicar un comentario