domingo, 6 de julio de 2014

Palacete de Fuente la Higuera

Hay lugares que son, sencillamente, encantadores... Fuera, por supuesto, de si poseen algún tipo de encantamiento o historia fantasmal que contarnos. En ese sentido, muchos son los pueblos dignos de descubrir, con rincones inesperados y exquisitos, como salidos de otra época y que, para suerte nuestra, todavía conservan detalles que han sabido esperar, pacientemente, el objetivo de todas las cámaras que han pasado por allí... Entre ellas, las nuestras. Hoy hemos vuelto, pues, a cruzar la frontera hacia otra comunidad autónoma, concretamente, hasta una pedanía, la única en un municipio de apenas 12.000 habitantes y que sólo en ella se cuenta con alrededor de 900. Muchas son las cosas interesantes que podemos encontrar en este pequeño término municipal, entre ellas, el Palacete de Fuente la Higuera, tan colosal y señorial que me arrepiento mucho de no haberlo conocido antes.


Ubicado a seis kilómetros del municipio, este palacete fue el regalo de bodas que le hizo D. Fabio Carreño a su esposa Dña. Irene Marín de Cuenca, con quien tuvo siete hijos. Como buen erudito del arte, este edificio siempre le provocó especial atención, por lo que lo acabó heredando de su padre en 1920 y acabó su restauración una década más tarde, no sin antes haber recorrido España captando elementos arquitectónicos que le dieran luz a su nuevo proyecto: cristales de Bohemia en las vidrieras, porcelanas de Sajonia, maderas nobles, mármoles de Carrara... ¡Hasta cuartos de aseo con retrete, calefacción central y aislamiento término en paredes! La comodidad más avanzada de aquellos años... Todo era una recreación del paraíso, con numerosas fuentes, lagos artificiales y jardines frondosos con cierto aire tropical y repletos de animales... Hasta el servicio debía cumplir unos determinados cánones tanto en vestimenta como en formas, todo ello más propio del siglo XV que del XX.


Sin embargo, y a pesar de ser una de las joyas arquitectónicas del Noroeste, apenas se usaba en contadas ocasiones como residencia de verano de la familia debido a la indiferencia que le provocaba a Dña. Irene este pequeño jardín bullense. Por lo visto, no todo era felicidad: ¿qué hace un palacio tan magnífico en semejante estado de abandono? ¿Cuál es su verdadera historia? La indiferencia de Dña. Irene no era provocada por el palacete en sí, sino más bien por la actitud de D. Fabio: éste adquirió el edificio cuando tenía 19 años, y como a cualquier joven, le gustaban las noches de juerga... Estas provocaron la primera disputa entre la pareja cuando todavía estaban prometidos pues, lejos de lo que mucha gente piensa, la casa no fue un regalo de bodas, sino un lugar donde disfrutar de la independencia.


Cuando estalló la Guerra Civil en 1936, la familia salió de la población igual que otras familias adineradas de la zona, quedando la finca totalmente desprotegida y sirviendo de morada al Frente Popular y a otros grupos políticos durante los años de contienda. Sin embargo, la pobreza y el analfabetismo de la población derivaron en un poco aprecio hacia su verdadero valor y, cómo no, en un nulo cuidado, sobre todo en una época en la que la única forma de sobrevivir era alimentándose de los propios cultivos.


Cuando la familia llegó al municipio entre finales de los 40 y principios de los 50, no tenía ni ganas ni dinero para arreglar una casa de verano. Finalmente, y como fruto de una maldición, D. Fabio se separó de su esposa y la casa señorial jamás volvió a ser habitada... Sabemos que fue heredada por su única hija (de un total de siete), pero ésta decidió vender el complejo a una multinacional sueca que prometió cosas que jamás se cumplieron... Ahora mismo nadie sabe a quién pertenece, y el expolio es patente.


Si bien es cierto que podría encontrarse en peores condiciones, cuando uno decide acceder al recinto se da cuenta de lo perjudicado que está... De los años 80 en adelante, el expolio se ha cebado con los apliques, las puertas, las ventanas, la escalera principal... Hasta con las figuras de los torreones que rodeaban la finca y los cuales simbolizaban las estaciones del año han desaparecido. La villa ha acabado en lo más profundo del olvido, una casa señorial ajada y maltrecha por el paso del tiempo... Totalmente desperdiciada a pesar de estar catalogada como un bien de interés cultural.


Tras adentrarnos por la zona destinada al servicio, comenzamos a caminar por el interior de esa curiosa muralla defensiva que rodea el terreno, como si de un castillo medieval se tratase. La belleza de todo cuanto nos rodea es indiscutible: de hecho, para todos aquellos amantes del mundo paranormal, encontraréis cierto parecido con el Cortijo Jurado, ubicado en Campanillas (Málaga), aunque con un tamaño mucho más reducido. Éste se enmarca en el estilo arquitectónico denominado ecléctico, pero centrándose en el neonazarí, un estilo que predominó sobre todo en la Región a finales del siglo XIX y que se encuentra patente en edificios como el Casino de Murcia.


Los edificios anexos, entre los que encontramos las cocheras y la vivienda de los guardas, son los más perjudicados, además del entorno del jardín y el huerto familiar, del que evidentemente no queda nada. Las cocheras permanecían abiertas y derruidas, al igual que todo cuanto podíamos observar: las puertas habían desaparecido, las ventanas estaban destrozadas y algunos techos eran inexistentes...


Por su parte, la vivienda de los guardas no ha corrido mejor suerte... Las antiguas vigas se amontonan por todas partes, mientras dos viejas alacenas ahora vacías rodean una chimenea destrozada... Los escombros llegan hasta la altura de las ventanas, lo que implica moverse con mucha dificultad... A su vez, el viejo deposito de agua se ha desprendido de la planta superior, de la cual apenas quedan las escaleras de ascenso... Por supuesto que subimos, sólo para tomar algunas de las fotos que hoy os mostramos:


¿Siguiente paso? Esa enorme, vasta y más que decorada casona de la que estamos hablando en todo momento... Una vivienda de dos plantas que, a día de hoy, están prácticamente derruidas. Sin embargo, sobre sus escombros todavía se erigen aspectos muy interesantes que ya podían verse desde el exterior... Su impactante fachada ya nos muestra la mezcla de estilos: un cuerpo central y dos más elevados que culminan en torres a modo de miradores y que, en su día, lucieron ya no sólo maderas nobles, sino preciosas vidrieras de colores que contribuían a crear un maravilloso juego de luces.


La planta inferior aparecía totalmente tapiada, aunque alguien ya se había adelantado a la hora de abrir camino, destrozando parte de la puerta principal y alguna ventana... Absolutamente todo aparece decorado al mínimo detalle, con cenefas, figuras, columnas y motivos de lo más diverso: guirnaldas, escudos, naturaleza... Un sinfín de pequeños y grandes aspectos entre los que podríamos destacar los azulejos y los soportes de la balconada de la planta superior, de la que ya no quedan ni las rejas.


Una vez dentro del enorme edificio, uno no puede sino quedar maravillado: sobre sus escombros se erigen los restos de lo que, en su día, fue el cuerpo de la escalera principal, decorado con azulejos de estilo nazarí y acompañado por una baranda que aumentaba todo ese colorido con el que el palacio te da la bienvenida... Todo cuanto podíamos ver se materializaba en una oda a ese arte granadino que vio la luz en edificios como La Alhambra, destacando un gran ornamentación y profusión decorativa. En otras palabras: la belleza de los mosaicos rompe, contra todo pronóstico, el estilo al que estamos acostumbrados en edificios de la zona levantina... Por desgracia, casi todos los detalles de la escalera han desaparecido:


La poca luz que se atrevía a colarse por las escasas aberturas guiaba nuestros pasos... Enseguida pudimos comprobar que, en la planta superior, apenas había suelo, pues éramos capaces de visualizar los tejados desde abajo. Curiosamente, todos los escombros y restos han sido limpiados a conciencia, por lo que podemos desplazarnos sin dificultad, identificando preciosas cenefas, vistosos azulejos y llamativas pinturas... Hasta un escudo de armas y una capilla blanca de la que ya no quedan más que sus cuatro paredes.


Puede intuirse, también, la presencia de un pequeño cuarto de baño y hasta una caja fuerte que ha intentado ser saqueada en numerosas ocasiones. Aquel que la rompiese por primera vez sabrá si ocultaba algún tesoro desconocido...


No dudamos en ascender a la segunda planta, utilizando esas enormes escaleras de mármol... Increíblemente, el estado de conservación era ejemplar... Techos, paredes y suelos parecen sacados de uno de los cuentos de las Mil y Una Noches: mosaicos de escayola perfectamente pintados a mano cubren todo lo posible, culminando en unos preciosos arcos mudéjares iguales a los que habíamos visto en la planta inferior. Como podéis ver, cualquier ángulo era bueno para tomar fotografías... Tantas son las que tomamos que ha sido muy difícil seleccionar las más originales:


Como bien habíamos dicho, la segunda planta ha cedido en su mayoría, por lo que tomar fotos se hizo bastante complicado... Sin embargo, pudimos captar perfectamente tres enormes salones, uno de ellos con chimenea y ahora sin pared divisoria. Maderas nobles roídas por el paso del tiempo impiden el paso del luz desde el exterior, mientras grandes y coloridas molduras, hermosos capiteles y azulejos pintados a mano cubren aquello que continúa en pie... Los techos recrean vistosos motivos, combinando simulaciones de columnas corintias y dóricas con cenefas más propias del siglo XV.


La presencia de un enorme cuarto de baño también nos llama la atención... Ahora carece de revestimiento en paredes y suelo, pero todavía pueden distinguirse algunos azulejos... ¿Será uno de esos que en su día contaban con calefacción central?


 Al final de uno de los corredores, una escalera nos invita a subir a un piso superior... A pesar del estado de conservación, no pudimos evitarlo, alcanzando la buhardilla del cuerpo central de la vivienda. Nos acercamos poco a poco para evitar accidentes y, por suerte, alguien había colocado palets en las entradas a las zonas más peligrosas y que carecían de suelo.


No tardamos en descender para volver a rodear la enorme construcción... La parte trasera de la finca no es tan vistosa como la delantera, pero tampoco escatima en detalles. A pesar de que el tiempo se ha cebado con las minúsculas cosas, pudimos fotografiar el antiguo cuadro de luces de la vivienda... Ya no queda absolutamente nada, pero quizá lo más llamativo sea que se sigue la misma estampa decorativa que en el resto de la construcción:


Al fondo, unas viejas cuadras de animales todavía continúan en pie...


Y, por supuesto, no voy a despedirme sin antes mostraros una fotografía de la puerta principal... Perfectamente conservada, con todos sus detalles... Capiteles dóricos, volutas jónicas, escudos y una gran cantidad de ornamentación que es capaz de impresionar...


Espero que os hayan gustado las fotografías... El sitio es abrumador y, como ya he dicho previamente, me arrepiento muchísimo de no haber podido conocerlo en mejores condiciones. Para todo aquel que decida hacer una visita, ha de cuidarse de los nidos de palomas que establecido en la finca su lugar de residencia... No son peligrosas pero os llevaréis algún que otro susto por esas peculiares conversaciones que establecen entre ellas...

4 comentarios:

  1. Excelente reportaje tanto gráfico como narrativo. Casi que no hace falta que vayamos al lugar en cuestión a visitarlo, ya lo hemos visto y nos has documentado. Enhorabuena y sigue así.

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    1. ¡Muchas gracias! Contamos con tus comentarios de ahora en adelante, :)

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  2. Magnifico reportaje. Me gustaria visitarlo. Es posible entrar aun?

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    1. Desconocemos cuál es su situación actual. Igualmente, y si tienes la oportunidad de acercarte hasta allí, no olvides contarnos cómo van las cosas y tomar muchas fotos. ¡Gracias por tu comentario!

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