lunes, 22 de septiembre de 2014

La Casa de la Garganta

Cientos han sido las ocasiones en las que había pasado por allí... Y numerosas las veces que me había quedando mirando el paisaje, esperando descubrir algo nuevo... Por mí misma nunca conseguí percatarme de su existencia, así que necesité de la ayuda del compañero Lucas G., que logró abrirme los ojos ante la evidencia: la Casa de la Garganta nunca se había movido de allí, y nos esperaba pacientemente en lo alto de una colina, observándonos desde sus enormes ventanales. Próxima a las aguas de un conocido pantano, esta enorme mansión no es más que una de las tantas que había en la zona cuando el municipio se dividía perfectamente en dos zonas: la de los ricos y la de los pobres, y nunca hubo nexo de unión alguno entre ellas. He decidido bautizarla como La Casa de la Garganta... Y, de este modo, aquellos que conozcáis la zona sabréis perfectamente cuál es el motivo.


Sinceramente, me arrepiento muchísimo de no haber descubierto antes semejante tesoro, sobre todo teniendo en cuenta su fama a nivel local por la gran cantidad de partidas de airsoft que se organizan en sus inmediaciones, con vestimentas y demás parafernalia incluidas. De hecho, ese es el principal motivo de que la enorme casona, deshabitada desde hace unos veinte años, se haya quedado en los huesos y haya perdido la mayoría de los detalles que la caracterizaban. Aprovechando, pues, que se trata de un lugar de paso habitual para nosotros, nos dirigimos hasta allí siguiendo las indicaciones que nos habían proporcionado aquellos que conocen bien el camino. Un camino largo, maltrecho, seco y repleto de maleza moribunda...


Tan sólo la entrada ya era un ejemplo de majestuosidad: dos enormes arcos colocados en sintonía con el resto de la decoración nos dieron la bienvenida, dejando entre sí el paso justo para un vehículo, el cual puedes llevar contigo bastante más adelante, hasta la misma mansión: ¡los terrenos son enormes! Allí, un inmenso jardín decorado con fuentes de estilo árabe y presidido por escaleras, restos de estatuas mitológicas, arcos y una zona de recreo, es capaz de recrear la Antigua Grecia en un espacio muy singular, diferente a todo lo que había visto hasta la fecha... Por desgracia, hoy en día se ha perdido casi la totalidad de sus detalles, bien por el paso del tiempo, bien por la irrespetuosa raza humana. 


Desde el principio tuvimos claro que, a pesar de los destrozos, todavía se conservarían detalles que merecería la pena fotografiar. Por ello, nos dispusimos a acceder a la enorme casona, tomando las primeras escaleras que encontramos y las cuales nos llevarían, directamente, a la primera de las tres plantas que visitaríamos esa mañana. En concreto, nos hallábamos sobre la enorme terraza mirador, que nos daría acceso a un largo pasillo con estancias a ambos lados... En algunas de ellas, el techo se había desprendido por completo, dejando desnudas las habitaciones suficientes como para poder contemplar el estupendo sol que caía sobre nosotros.


Si bien es cierto que, hasta hace un tiempo, esa enorme y abandonada casa era capaz de observarte desde sus oscuras ventanas, poco queda ya de aquello... Ahora, todas las persianas de madera permanecen destrozadas o retiradas voluntariamente, pudiendo ver alguna de ellas en el interior de sus soportes, sobre todos esos ventanales cuadrados o con arcos.


Por supuesto, cada una de las estancias podía presumir de espaciosa: además de su amplitud, algunas de ellas contaban con diversas alacenas o armarios empotrados de los que todavía se conservan las puertas. Además, y muy curiosamente para el tamaño de la vivienda, tan sólo encontramos un cuarto de baño, de tamaño muy reducido y cuyos azulejos eran color blanco... No es la primera vez que una casona de estas características cuenta sólo un único baño y de escasas dimensiones. En su interior, todavía se conservaba el portarrollos del papel higiénico, y una destrozada página de un ejemplar de la Biblia...


Continuamos nuestra búsqueda a lo largo de esta primera planta, encontrando numerosas habitaciones más, totalmente vandalizadas, al igual que la cocina... Curiosamente, había tenido la oportunidad de ver algunas fotografías de esta zona tomadas en el año 2010 gracias a José F., compañero del Blog La Brújula de los Abandonos, y la diferencia era abismal: actualmente, apenas puede distinguirse qué es cada cosa, no queda nada de la alacena que esperaba encontrar y los azulejos se están desprendiendo, junto con los tabiques... Una completa pena. Lo mismo sucede con los dos enormes salones que podemos encontrar en esta planta: mientras uno de ellos parece haber sido víctima de un incendio intencionado, del otro han destrozado la hermosa chimenea que antes lo presidía...


Por suerte, desde sus enormes ventanales todavía pueden contemplarse unas vistas únicas del paisaje... En las proximidades, la zona industrial y el núcleo urbano... Más al fondo, una preciosa imagen del Parque Natural de la comarca...


Desde el salón se da la oportunidad de ascender a la tercera planta y última planta, es decir, a la torre. Unas vistosas escaleras nos invitan a continuar nuestro camino, totalmente decoradas con azulejos de estilo andaluz que forman curiosas cenefas. Antes de alcanzar la torre, se permite realizar una parada en una planta intermedia... Ésta, además de unos estupendos miradores en otra considerable estancia, contaba con una enorme terraza, desde la que se podía divisar perfectamente esa zona de recreo que simulaba la Antigua Grecia:


Por su parte, el acceso a la torre era un poco más complicado: las escaleras se encontraban en pésimo estado de conservación y totalmente cubiertas de heces de palomos... Por ello y muy lentamente, trepamos más que caminar... Hasta, por supuesto, conseguirlo: la torre, ese reducido espacio con 12 miradores por los que se colaba ese sol tan reluciente y ese cielo tan maravillosamente azul. Eso sí, se hacía necesario cuidarse de los palomos, que caminaban a su antojo por todas partes:


Tras descender nuevamente al punto de partida, comprobamos que todavía quedaba la planta baja por fotografiar... En los restos de la cocina amarilla que ya habíamos visto recordaba una pequeña puerta con escaleras y un rótulo escrito a mano en el que se podía leer la palabra SÓTANO (que no se trata de ningún sótano, sino de la planta cero). Desgraciadamente, ese pequeño hueco no era lo suficientemente accesible, por lo que decidimos buscar otra vía desde el exterior... Y la encontramos, por supuesto, con pozo incluido pero en unas condiciones inaceptables:


Una pequeña escalera que se comunica con la planta superior por la cocina y una gran diferencia en la construcción... Probablemente se tratase de la zona de vida de la servidumbre. Los vestigios de una vieja cocina de leña todavía pueden discernirse, al igual que otras muchas estancias en las que se acumulan los diarios y diversos tipos de papeleos totalmente calcinados. En la parte externa, todavía se conserva el viejo garaje... Evidentemente, la diferencia es abismal, sobre todo si lo comparamos con el resto de la casona.


Junto a la mansión, descendiendo por un camino de tierra cubierto por maleza moribunda se pueden encontrar los restos de una ínfima capilla semiderruida... Por lo que pude ver desde arriba, los tejados están completamente cedidos y ya no aparenta ser un templo divino. Según cuentan, cerca de allí también se encuentra un pequeño habitáculo que podría ser parte de los establos o, simplemente, una vivienda independiente, incrustada en la montaña, con algunas pocas habitaciones ya derrumbadas y cubiertas de tierra... ¡La naturaleza reclama su lugar!


Por esa mañana, la visita había terminado con una estupenda sensación de satisfacción... Además, con la suerte de no encontrar ningún recorrido preestablecido de algún ejército armado con airsoft. Una enorme mansión para nosotros solos y alrededor de 200 fotografías en la cámara. Aquí os he mostrado las mejores y esperamos, por supuesto, regresar... Sobre todo, aprovechando la cercanía geográfica y, por supuesto, la gran cantidad de detalles que, seguro, hemos pasado inadvertidos...

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