martes, 2 de septiembre de 2014

Pla de la Magdalena

Hay lugares que, antes de visitarlos, sabes que te van a enamorar... De hecho, desconoces si vas a poder adentrarte en su interior, si vas a ser capaz de cruzar la frontera entre lo público y lo privado para poder fotografiar todo lo posible... Y, a pesar de ésto, sabes que te van a encantar y que van a conseguir quedarse grabados en tu retina. La primera vez que vi el Pla de la Magdalena sentí la estricta necesidad de conocer su situación geográfica... ¿Sería muy complicado acercarse hasta allí? Y, lo más importante, ¿se podría acceder? Según las primeras indicaciones, sería necesario atravesar a pie un terreno bastante rebelde, con pendientes y arbustos varios... Por lo visto, la maleza estaba devorando lo que en su día fue un antiguo hospital de guerra. Nadie me habló de sus interiores ni de su historia... Ni tan siquiera sabía si se podría acceder... Quedaba, pues, averiguarlo por nosotros mismos.


Esa tarde pusimos rumbo hacia una localidad del interior de la provincia con la esperanza de localizar este singular edificio cuanto antes... Esa tarde el tiempo no jugaba a nuestro favor y, para colmo, el sol hacía acto de presencia en contadas ocasiones... No queríamos perder ni un sólo minuto, aunque por desgracia no sucedió así: intentamos alcanzar el edificio de todas las formas posibles y la experiencia fue una completa odisea de la que podría destacar las vueltas en círculo por el interior de una urbanización cerrada o la circulación imposible a través de caminos repletos de matorrales o campos labrados. Sólo puedo decir que, finalmente, alcanzamos el edificio, estacionando justo frente a uno de sus laterales... Sólo fue necesario dar unos cuantos pasos para que se rindiera ante el objetivo de la cámara.


Si en las fotografías el edificio resulta impresionante, tenerlo a tan sólo unos metros puede resultar fantástico: el entorno verde (en absoluto moribundo) y la sensación de que hace décadas que nadie se aproxima hasta allí le dan un aire misterioso... ¿Qué habría tras esas paredes tan bien conservadas? ¿De verdad los expoliadores no se habían dado cuenta de su existencia? Una enorme balsa, no sé si de riego o utilizada como piscina, ocupa gran parte de la parte de la fachada izquierda, ahora vacía y cubierta de matorrales... Desde este ángulo se podía comprobar la amplitud del edificio, de planta rectangular, tres alturas y dos edificaciones anexas a cada lado. A lo alto, una veleta marca las direcciones de los vientos, mientras varios pinos y palmeras se alzan sobre el jardín...


Rodear la construcción no fue tarea fácil... La maleza y el terreno dificultan bastante el desplazamiento, por lo que se hace necesario llevar el calzado adecuado. Lo primero con lo que nos topamos fue una especie de garita de vigilancia... Ahora totalmente destartalada y derruida por el paso del tiempo. Después, rodeamos la enorme balsa para aproximarnos hasta la fachada que estábamos viendo desde el primer momento... Primero, nos posamos bajo las escaleras de ascenso a la puerta principal, contemplando la balconada y las enredaderas que cubrían todo lo posible. Fue después cuando subimos las escaleras para tomar fotos... ¿Las vistas? Inmejorables...


Para rodear el edificio, nos vimos obligados a retroceder lo caminado y a probar suerte en otra dirección... Todavía podían distinguirse algunas viejas persianas en las ventanas más altas, al igual que las puertas y las rejas... ¡Un verdadero placer para la vista! Las enormes balconadas todavía continuaban en en su lugar, mientras un viejo patio ahora cubierto de árboles nos impedía acercarnos hasta la fachada derecha...


Sin embargo, y por más que la maleza nos alcanzara el cuello, conseguimos llegar hasta la puerta principal... Aunque la verja se encontraba totalmente cerrada con candados y cadenas, conseguimos acceder a las entrañas del Pla de la Magdalena por una pequeña abertura. Un enorme patio, un gran portón cerrado a cal y canto, tres balcones perfectamente conservados y montones de maleza fueron las primeras cosas que vimos una vez dentro del recinto. Justo a la derecha, una pequeña ermita, ahora destrozada, nos da la bienvenida... Los restos del viejo campanario la delatan, a pesar de que las vigas ya han caído y no hay más techo que el cielo para cubrir sus restos... A pesar de estar considerado un antiguo hospital, ¿su función sería antes la de monasterio?


Justo desde la ermita pudimos comprobar que se abría una puerta hacia el interior del edificio... Una gran fortuna que no esperábamos encontrar y que nuestra cámara iba a agradecer. Por desgracia, el suelo junto a esa puerta estaba bastante perjudicado, cedido y lleno de agujeros que, de hundirse, nos harían acabar en una especie de sótano oscuro y causante de una gran desconfianza... Si bien es cierto que daba muy mala sensación tener que rodear un enorme agujero hacia el infinito, tomamos la sabia decisión de adentrarnos por esa gran habitación verde turquesa con puerta roja, que todavía albergaba algunos restos de mobiliario (¿una vieja cocina, quizás?):


Una vez atravesamos tan peligrosa estancia, el panorama cambiaba favorablemente: el estado de conservación de todo cuanto nos rodeaba era mucho mayor, lo que favoreció que pudiésemos tomar fotos a nuestras anchas... De hecho, en esta planta baja encontramos detalles muy interesantes: restos de mobiliario, una gran chimenea, una habitación sólo para guardar leña, y la mayoría de las paredes pintadas en colores blanco y verde. En una de las oscuras estancias, montones de páginas de libros y manuscritos cubrían el suelo hasta tal punto que éramos incapaces de saber si realmente existiría suelo debajo de aquellos montones de papeles, algunos de ellos, quemados...


En un ambiente tan gélido y enigmático, lo más impresionante fue encontrar las bodegas... En ellas, los toneles que se encontraban en la misma posición que los últimos habitantes los dejaron, como si el tiempo no hubiese pasado. Más de 10 de esos singulares recipientes cubrían derecha e izquierda de la oscura habitación, unos sobre otros, todos ellos separados por una gran columna, mientras dos balsas para tratar el vino reposan al otro lado... Una curiosa vasija totalmente devorada por el tiempo también se encuentra en esta especie de sótano:


Tras tomar las escaleras, alcanzamos la planta superior, donde se encontraban las diversas habitaciones. Una mesa con un mantel rojo pasión todavía se encuentra al lado de una de las ventanas, junto a la balconada, a la que no pudimos evitar salir para disfrutar de las vistas... También encontramos algunos cabezales de cama, alguna silla y, por supuesto, una misteriosa habitación completa... De las dos camas que aparecen, una de ellas todavía conserva un viejo colchón de los de antaño, el cabezal y un armario abierto...


Si nos seguimos desplazando por las diferentes estancias, continuamos encontrando mobiliario, escondido y polvoriento, tanto como los diarios de la década de los 80 en los que, curiosamente, aparece Elche en portada... Y, como no podía faltar, localizamos una cocina... Todavía albergaba montones de cacerolas en el suelo, saleros (con contenido), cubiertos y hasta alguna vieja botella de alcohol. Las alacenas, cuyos cristales ya están totalmente destrozados, aparecen abiertas, desnudas ante los ojos de cualquier curioso...


Justo a la entrada de esta estancia, un pequeño altar pintado en color azul se esconde en un rincón... Ahora ya no tiene figuras que venerar.


Para nuestra pena, y a pesar de que nos hubiese encantado sumergirnos allí, la tercera planta estaba un poco inaccesible... El paso del tiempo había hecho mella en el suelo, que se encontraba en muy malas condiciones, lo que nos impidió seguir adelante. A su vez, era mucho más oscura que el resto, como si hiciese décadas que la luz no se colaba por ningún agujero... Como si no se atreviese a colarse en tan tétrica zona:


La noche comenzaba a caer, y desde el interior podía percibirse... Por ese motivo, se hacía necesario abandonar el edificio: ese enorme agujero del suelo justo a la entrada nos esperaba, y debíamos rodearlo antes de que la oscuridad cobrara protagonismo y nos impidiera seguir... Y así nos despedimos, mientras un nublado anochecer comenzaba a abalanzarse sobre nosotros...


2 comentarios:

  1. Muy bueno, se los agradezco porque me dió información que ocultaba un video sobre este grandioso edificio, un yutuber y que ahora tienen reglas que no pueden dar el nombre ni la dirección del lugar, etc, mas pienso es que no tienen capacidad critica ni curiosidad científica para transmitir informacion.
    muchas gracias desde Panamá.

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    1. Es importante preservar las ubicaciones y localizaciones: es una pena, pero muchos de estos lugares se van perdiendo poco a poco víctimas de gente poco diligente, actos vandálicos y daños intencionales. De ahí que seamos los que decidamos contribuir a esta ardua labor de conservación, :) ¡Un saludo desde España!

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