domingo, 15 de febrero de 2015

La Ermita de Villa Flora

Qué hermoso resulta reconstruir nuestra propia historia, tanto las partes más conocidas como aquellas ocultas en lo más recóndito de nuestra ignorancia. En esta ocasión, nos desplazamos hasta una apartada zona de nuestra provincia para encontrarnos con la vieja y deteriorada Ermita de Villa Flora, rodeada de ruina, maleza y restos de lo que, en su día, fue un caserón digno de recordar. Los anticuados planos del archivo municipal nos regalan una imagen de frondosos y exuberantes cuando, allá por los años 70, nadie sabía que acabaría siendo devorada por las llamas: allí siguen sus restos y siempre han estado ahí, desde que nacimos, durante más de 100 años contemplando el paso del tiempo... Ahora se merecen ser recordadas por lo que fueron. 


Encontramos el complejo completo en lo alto de un cerro y, desde la zona, se podía divisar perfectamente todo el entorno actual del municipio... Antes, campo abierto; ahora, conjuntos de elementos y contaminación lumínica. Según la historia, fue levantada a finales del siglo XIX sobre lo que en su día fue una antigua finca propiedad de una adinerada familia, la cual databa del siglo XVII y estaba formada por ermita, bodega, cup para el vino, cuadra, piso para los caseros y casa principal adosada. Todo ello se situaba al este de una extensa parcela, delimitada por numerosas fincas y abarcando ya no sólo los chalets contiguos sino parte de dos urbanizaciones y hasta un barranco. 


Llegamos hasta allí una noche de cielo asombrosamente despejado, luminoso y lleno de estrellas... Sin embargo, no fue sencillo localizar nuestro destino entre tanta maleza. Según cuentan, los nuevos propietarios derribaron la casa principal y levantaron un bello palacete de estilo ecléctico, manteniendo el resto de la finca en pie... En la actualidad, prácticamente nada de eso se conserva. Si bien es cierto que tenía planta en forma de T y que constaba de planta baja, piso y buhardilla, ni tan siquiera unos restos maltrechos nos ayudan a discernir todo ésto. Allí ya no tienen lugar las típicas fiestas a las que acudía la flor y nata de la burguesía de la zona... Una vez más, la decadencia y el vandalismo han triunfado... 


Nuestro primer destino, por su proximidad y atractivo, fue la ermita. Aunque vallada y medio derruida, pudimos introducir la cámara y tomar algunas fotografías que nos ofrecerían una imagen realista de su estado actual... De hecho, y al iniciarse al Guerra Civil, ésta no sufrió mejor suerte que el resto del complejo: fue requisada y destrozada el 26 de julio de 1936, mientras sus propietarios fueron exiliados hasta la finalización de la contienda. Por su parte, las distintas casas fueron destinadas como guarderías, hospitales o residencias de militares, dando a todo aquello un aspecto verdaderamente lamentable. 


Los dueños recuperaron sus terrenos tras tres largos años de guerra, con la casa abierta y totalmente revuelta: mobiliario y objetos personales esparcidos por el jardín y los caminos de entrada, y una ermita devastada, destrozada. De hecho, el Cristo que la presidía fue encontrado enterrado en el jardín debajo de una piedra manchada de sangre. Su estilo simplista fue reparado, aunque nunca volvió a ser la misma: su nuevo destino fue el almacenaje de sacos de almendra. 


En palabras de Santiago Varela Botella, podemos afirmar que la ermita conserva su planta rectangular, de muy reducidas dimensiones, y dividida en dos tramos en el sentido de la mayor longitud por medio de un arco toral que determina lunetos (pequeñas bóvedas que simulan las de crucería) en los laterales. Por su parte, el altar estaba formado por un reducido nicho y hornacina, mientras delante y a una altura bastante inferior se hallaba el altar, una construcción maciza de la que apenas queda nada actualmente. 


Muy llamativamenete, las distintas paredes carecían de huecos de iluminación, por lo que se intuye que, en su día, sólo entraría luz por la puerta y sólo si se encontraba abierta... A lado del altar, un pequeño y estrecho hueco daba acceso a una pequeña dependencia usada como sacristía, aunque hoy en día apenas se conserva el arco de medio punto. 


Me hubiese encantado adentrarme en su interior, pero fue verdaderamente imposible... De modo que sólo quedó introducir el objetivo por los huecos que iba dejando el vallado. La mampostería ruda y vulgar había aguantado toda una guerra, aunque el viejo campanario había sufrido visiblemente las consecuencias... Y no sólo él: también la agobiante sacristía o el altar, que ya no sólo sufrió la Guerra Civil, sino la del grafitti y del vandalismo... 


Una vez allí y, linterna en mano, nos movimos hasta los restos de Villa Flora... Sus cenizas, y nunca mejor dicho. En su día, y debido a la forma de su planta, dejaba espacio para dos porches en su fachada, salón, despacho y alguna que otra escalera, todo ello cubierto de teja plana y pintado en color rojo y blanco. A finales de 1970, esta finca fue vendida, momento en el cual comenzaron a levantarse los primeros chalets... Y, con ello, la desaparición de sus gigantescos olivos y toneles. Finalmente, fue tomada por okupas, que la incendiaron en 1981... Sus nuevos propietarios no tuvieron otra opción que demolerla hasta acabar con sus cimientos. 


En la actualidad, apenas podemos ver la ermita y la bodega o, al menos, los restos de ambas. Hasta donde he podido leer, se dice que corrieron una suerte algo más favorable, aunque la bodega ya se encuentra totalmente derrumbada: es posible discernir los restos de alguna de sus viejas estancias o sótanos, el enorme grosor de sus paredes, los antiguos huecos de puertas y ventanas y el pórtico principal, que se resiste al olvido permaneciendo ahí, entre arcos y matorral, tan cerrada como la última vez que alguien cerró desde fuera. Sus roídas vigas de madera son las que han conseguido que los muros principales se aguanten, aunque no sea por mucho tiempo.. 


Por su parte, la ruinosa ermita fue incluida en el catálogo de edificaciones protegidas del municipio allá por el año 1997. Ésta necesita urgentemente de una consolidación para evitar su desplome, pues de nada sirve etiquetarla si no se le ofrece la protección que necesita. Es cierto que ya está totalmente cercada... ¿Se aproximará una restauración, como en su día se hizo con otra ermita en riesgo de desaparecer? ¿O perderemos el último vestigio de una de las fincas más importantes y extensas de la zona?

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