domingo, 12 de abril de 2015

El Colegio de la Nostalgia

En ocasiones, cuando dejamos volar nuestros recuerdos, somos capaces de sentir una especie de desasosiego que no cabe en nuestro interior... Es verdad: hay lugares con los que hemos crecido, con los que estamos acostumbrados a convivir y, en cierto modo, creemos haber realizado con ellos una especie de pacto indestructible hacia la eternidad. Sin embargo, a veces, el pacto se rompe por causas ajenas a nosotros, y es entonces cuando nos invade esa sensación de nostalgia... Ese presentimiento que hoy se atreve a dar nombre a un lugar especial, ya no sólo para mí y para mi compañera Sara C. (a la que debo la idea, el material fotográfico y gran parte de esta información), sino para muchas personas que espero lleguen hasta aquí para rememorar parte de su historia... Esa fracción de su vida que creían olvidada. 


El Colegio de la Nostalgia hace referencia al antiguo Colegio Público Carlos III de Elche (Alicante), ubicado en el Barrio San Antón, al lado de la carretera que une Elche con Santa Pola. El barrio no es más que es una promoción de edificios de vivienda barata que se construyeron en 1970, separado completamente del casco urbano de la ciudad, cuyo objetivo era dar cabida a los inmigrantes nacionales que llegaban a Elche (sobre todo, del sur) en busca de trabajo en su industria. A pesar de que en las últimas décadas parte de la población original se ha sustituido por inmigrantes extracomunitarios llegados a la ciudad, cuando Elche se encontraba en su máximo apogeo necesitó de mano de obra exterior, a la que debía dar cabida y, por supuesto, servicios. 


Uno de los servicios más destacables fue la construcción de este colegio, con la única finalidad de ofrecer una educación pública a todos aquellos niños "arrastrados" por sus padres a una ciudad desconocida en busca de un futuro mejor. Corría la década de los 70 cuando se inauguró y comenzó a recibir a los primeros niños... Seguramente temerosos de su primer día de escuela en un lugar totalmente desconocido, sin amigos y sin nadie a quién recurrir. Sin embargo, pronto comenzaría a cobrar vida... Pensemos: una pista deportiva llena de criaturas de varias edades; dibujos de papás, mamás y casas, profesores llenando el encerado de borrones de tiza... ¡Una nueva forma de vida comenzaba a emerger en Elche! 


Como era de esperar, la crisis económica alcanzó la ciudad varias décadas más tarde... El colegio estuvo activo durante varios decenios, pero la falta de liquidez del gobierno valenciano se hizo patente, confesando que no podía permitirse el lujo de albergar a unos pocos alumnos que podrían ser ubicados en otros centros educativos del municipio. Sin embargo, las presiones sociales y las necesidades de las familias no tardaron en sugerir la rehabilitación de uno de sus edificios, ya no sólo como Centro Social para los vecinos de la zona, sino para todos aquellos niños de entre 4 y 6 años que debían esperar a que construyeran su colegio durante unos dos años. 


Hace ya mucho de aquello... Casi diez años desde que comenzaran las primeras manifestaciones a favor de su utilización durante, al menos, ese tiempo limitado. ¡Todos esos niños necesitaban un centro educativo! Y así fue durante varios años... Más de dos, por supuesto: querubines corriendo y jugando, aulas repletas, y enseñanza pública. Sin embargo, el tiempo pasa... Y, en ocasiones, demasiado rápido: el pasado 19 de febrero comenzó la mudanza por parte del personal del Ayuntamiento, mientras el alumnado colaboraba en todas las tareas de traslado de material hacia su siguiente destino: el Colegio Público Princesa de Asturias. Nuevamente, y como decía Fon Román... Un colegio vacío. 


Es cierto que, el barrio, actualmente sufre un grave proceso de degradación: los edificios sufren de esa lesión llamada aluminosis que hace que este con el paso del tiempo (y, sobre todo, en condiciones de humedad), pierdan su resistencia. También es verdad que los proyectos llevados a cabo para rehabilitar los distintos bloques no han surtido el efecto deseado por los elevados costes que generan... Pero, ¿qué hacer con este edifico de carácter público? Debido a su estado, poco más se podrá hacer por él... Todo apunta a que su abandono va a ser totalmente definitivo. 


Si nos movemos por sus alrededores, el tremendo aroma de melancolía nos invadirá de un latigazo... La tristeza será perceptible desde el primer momento en el que veamos los restos de los últimos dibujos realizados por los niños el día de la despedida, que permanecieron colocados en las rejas de entrada hasta que la lluvia y el viento osaron a retirarlos. Por suerte, nuestra compañera fue capaz de realizar estas fotografías antes de que el edificio perdiera su último hilo de vida... Antes de que yaciera apagado, esperando tan sólo que el paso del tiempo le robe su esencia. 


Igual que formamos parte de los recuerdos de alguien, formamos parte de los recuerdos de los lugares... Y, estos lugares, también forman parte de nuestros recuerdos. En concreto, éste aparece cargado de reminiscencias: los edificios se llenan de sentimientos... Sus paredes, esas ventanas para ver y ser visto o los encerados están cargados de información... De ortografía, de historia o de geografía. Están repletos de vida... Y esa vida nunca nada ni nadie se la va a poder arrebatar. 


Imaginemos tan sólo el silencio de esos largos corredores... Y pensemos en cómo han cambiado las cosas en apenas unos meses: soledad y tristeza, sentimiento que esperamos no se transformen en vandalismo desconsiderado de aquí a unos años. Partidos políticos incipientes comienzan a exigir su habilitación como centro social y cultural, sobre todo cuando estamos hablando de un barrio que vio desaparecer su único centro social a manos de una excavadora hace exactamente cuatro años... Pero, ¿sería una propuesta que verdaderamente desarrollaría el partido que alcanzase el poder?


Desde Excursiones para Normales deseamos con todas nuestras fuerzas que este colegio no se concierta en el primer foco de inexplicable destrozo del casco urbano de Elche. No queremos hoteles olvidados, ni preventorios, ni tampoco ermitas perversas... Queremos vida... Y esa vida la damos las personas. ¿Por qué no aprovechar los recursos que tenemos? ¿Qué motivo hay para no darle el uso que verdaderamente se merece? ¿Un centro sociocultural para realizar multitud de actividades? ¿Sedes para las diferentes asociaciones? ¿O un centro de personas sin hogar? Sea cual sea el uso que se le de... Esperamos que sea en realidad el uso y no el paso del tiempo el que malogre sus estructuras... 


Gracias una vez más, Sara... Por demostrarme que existe vida mucho más allá de donde creemos encontrarla... 

2 comentarios:

  1. Increíble. Me ha entrado un conjunto de sensaciones al ver esa pizarra todavía con explicaciones en tiza y los paneles informativos con papeles pinchados...

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    1. Muchas gracias por tu comentario, José Luis. Nos alegramos de haber provocado en ti todas esas sensaciones... Es un lugar muy especial, que esperamos que no caiga en decadencia y que pueda ser resucitado gracias a nuevas y renovadas ideas, :)

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