jueves, 28 de mayo de 2015

Finca El Pino

Últimamente estamos haciendo un recorrido por los mejores y más vistosos caserones de la provincia... El cual esperamos que estéis disfrutando desde la tranquilidad de vuestros hogares. Hoy, ansiosos de novedades, nos vamos a desplazar a uno atípico, con un cierto aire siniestro y que, seguramente, os acabe recordando a los mejores escenarios de películas de terror de todos los tiempos. Curiosa y llamativa: así es la Finca El Pino, alejada de cualquier vestigio de estilo mediterráneo, llegando a alcanzar el eclecticismo propio de finales del siglo XIX. Si seguís leyendo, sabréis a lo que me refiero... 


No era la primera vez que intentábamos captar su aura y echarle un par de fotos... De hecho, son tantas las veces que hemos estado allí que hemos creado nuestra propia ruta para llegar hasta la parte trasera sin causar demasiado revuelo. Sin embargo, se trata de un lugar para permanecer con los cinco sentidos totalmente activos: a pesar de estar completamente abandonada, moribunda y expoliada, en las proximidades de esta casona habitan una serie de perros peligrosos, totalmente libres, que podrían darnos algún que otro susto. ¡Sed muy cuidadosos con eso y estar, siempre, dispuestos a correr hacia un lugar seguro! 


Su ubicación es tan próxima a la civilización que no seré yo la que la desvele... Además, entiendo que muchos de vosotros conoceréis este pequeño rincón que hoy ocupa nuestras líneas, que habréis tenido mil y una veces la curiosidad de sentirse como en una película de Alfred Hitchcock, y habréis osado a acercarse hasta cualquiera de sus fachadas sólo para observar. Únicamente haré mención de la desolación, de la cantidad de palmeras y olivos moribundos que rodean una de las edificaciones más singulares de la zona... De la nostalgia que me invade cada vez que miro las fotos. 


La Finca El Pino fue levantada a finales del siglo XIX siguiendo el estilo ecléctico y presenta una planta de cruz griega, con uno de los brazos ligeramente más corto que el resto, en donde se sitúa la escalera. Se podría decir que, en cierto modo, simula la construcción de edificios religiosos tan emblemáticos como la Concatedral de San Nicolás de Bari (Alicante) o la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (Elche), pero algunas de sus reformas posteriores quebrantaron esa intención, trasladando la cocina del sótano a una especie de anexo levantado en la primera planta. 


Fue complicado acceder a la que fuera la finca de uno de los alcaldes más conocidos de la zona, y es que las entradas comunes se encuentran completamente tapiadas, en aras de salvar sus pocos restos del expolio, el vandalismo, el desinterés y el olvido. En repetidas ocasiones, la prensa ha denunciado el abandono y el reiterado saqueo de una de las más esplendorosas fincas, en su día, cargada de detalles que han ido desapareciendo... Como la escalinata de acceso, el porche o la pajarera. 


Según nos han contado, su espectacular escalinata de acceso era de tan grandes proporciones que la población la recuerda como un elemento demasiado ostentoso, realizada con sillería, esa técnica tan presente en la construcción de viejas iglesias y catedrales. De hecho, ya hemos hablado de su planta en forma de cruz latina: todo tiene una relación que estableceremos más adelante, después de hablar de la desaparición de sus porches metálicos poco después de 2009, cuando las columnas metálicas de forja fueron robadas, o de la aniquilación de aquella vistosa pajarera que, hace 13 años (en 2002) estaba presente, cuando la finca todavía tenía caseros.  


Una vez en su interior, se puede comprobar que nada de lo allí presente ha sufrido una mejor suerte... Poco queda del mármol del suelo y del mobiliario que en su día la hizo especial... Tampoco queda nada de la barandilla de la escalera principal y mucho menos de todo aquello que tiene que ver con plomo o cobre. El robo y el pillaje han hecho estragos... Si bien es cierto que nunca ha sido incluida en el Catálogo de Edificaciones Protegidas (pese a ser uno de los edificios incluidos por Santiago Varela en su libro "Arquitectura Residencial de la Huerta de Alicante"), no es la primera que sufre semejante ataque... Por mucha protección que se alegue, si ésta no se pone en marcha, de aquí a poco no quedará historia que contar a nuestros hijos. 


En un primer momento, el acceso nos dirige al punto central de la vivienda, el centro de esa cruz latina, perfectamente decorado en un estilo andaluz muy curioso, si tenemos en cuenta su apariencia exterior. La cocina anexa al edificio original, la cual difuminó la planta de cruz griega original, mantiene esa tonalidad azul tan característica. De hecho, todavía quedan algunas alacenas o los restos de la campana. 


Según seguíamos avanzando, más pena daba encontrarse con la realidad: ventanales tapiados a fuerza de hormigón en tres estancias diferentes, oscuras y expoliadas, donde ya no quedaba nada que ofrecer: el mosaico del suelo está cubierto de escombros, la chimenea ha sido prácticamente demolida y el poco mobiliario que quedaba ha sido pateado hasta la saciedad. En cierto modo, me inspiré en esas imágenes tan tétricas para dar vida un pequeño relato, con un personaje tan ficticio como real, que sólo espero que sea el principio de algo más grande:  


"Hacía tiempo que no miraba hacia atrás, aún teniendo la certeza de estar completamente solo, (...) mucho menos en un lugar como aquél, del que sólo quedaban en pie las paredes (...). Cada paso... Cada avance... Parecía uno menos para alcanzar el infierno, un infierno lleno de luz y oscuridad... De alegría y tristeza... De amor y desamor. ¡Qué grande me quedaba aquello! Y qué pequeño me sentía yo, rodeado de tantas cosas que apenas sabía descifrar... ¿Qué querrían decir aquellos pasos entrecortados en la planta superior? ¿Mi imaginación intentaba jugarme una mala pasada (...)? ¿O aquél susurro sería fruto de esa esquizofrenia paranoide, que todos esos matasanos trataban de diagnosticarme? (...). Yo sabía que no... Que aquello sólo podía ser propio de un ser... De este mundo o de otro diferente, pero ese alguien estaba tratando de decirme algo."


El ascenso a las plantas superiores incrementaba, notablemente, nuestra sensación de pena... Todo yacía por los suelos, ¡incluso publicidad religiosa! Tanta que, incluso, llegué a pensar que podía guardar algún tipo de relación con la construcción en sí, con sus inspiraciones y sus intenciones. Todo era tan luminoso como desolador... Enormes habitaciones cargadas de luz, una luz impredecible si sólo se atreve uno a mirar la fachada, tan lúgubre y sombría que sólo aporta una percepción de lo más macabra. 


El tamaño de la buhardilla era sorprendente... ¡Demasiado! A pesar de que todo lo visible se había echado a perder y que se había convertido en un nido de palomas sin precedente, aún podía distinguirse que aquello se había constituido como una habitación infantil en algún momento: los colores dulces, los juegos de mesa, los libros de colorear... A cada lado se abrían más estancias, con un poco más de todo eso. Quizá el relato que os he compartido tenga una parte de verdad... Quizá esos pasos sí que fueron reales... Quizá, al final de la escalera, se escondía una pregunta... "¿Hasta dónde pretendes llegar?"


Aquella mañana había dado sus frutos... Nos había regalado bonitas imágenes y consiguió desnudar la Finca El Pino por primera vez y a plena luz del día, un lujo del que nunca habíamos tenido oportunidad de disfrutar. No fue posible descender al sótano, pero ya será en otra ocasión. Sinceramente, ojalá se pudiese recuperar... Como tantas otras fincas de índole similar repartidas por la huerta. 


Os dejo con algunas fotografías nocturnas, tomadas a lo largo del pasado invierno... Espero que os gusten. 

4 comentarios:

  1. Este relato es poseedor de la mas sutil belleza,felicitarte me resulta poca cosa,aún así permíteme que te diga y en mayúsculas EXTRAORDINARIO.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, [DAQI]ISMA, :) Una vez más, hemos logrado el objetivo de acercar nuestras sensaciones a la tranquilidad de vuestros hogares. Nos alegramos muchísimo de que hayas encontrado esa sutil belleza entre las líneas de este escrito.

      Eliminar
  2. Jaime Brotóns Pastor estaría llorando al ver estas imágenes.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si no nos equivocamos, es posible que esta no sea la misma Finca El Pino en la que nació D. Jaime Brotons Pastor, pues según la Cátedra Pedro Ibarra, la finca que se menciona se ubicaba en la Carretera de Santa Pola (Alicante). La Finca El Pino de estas fotografías se ubica en otro punto de la provincia... Igualmente, su estado de conservación es, desgraciadamente, deplorable.

      Eliminar