miércoles, 13 de mayo de 2015

Finca El Sabinar

"El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad." 

Así rezaban estas palabras de Gabriel García Márquez, lanzadas al mundo poco antes de su fallecimiento. Quizá sean las que mejor describen uno de los mejores abandonos que hemos visitado hasta la fecha... Puede que no tenga nada de especial, nada que lo diferencie de otros, pero su gran amplitud y su interesante estado de conservación nos hacen pensar que no está tan abandonado como trata de hacernos creer... Que tiene una vida paralela o, al menos, la ha tenido en una era no muy lejana. La Finca El Sabinar tiene tantos secretos por descubrir que serían necesarias varias visitas para conocerlos todos... Y, seguramente, guardará algunos de ellos celosamente, hasta que alguien tenga el suficiente valor como para descubrirlo.


Ubicada en un valle con el mismo nombre, totalmente rodeada de lomas y cerros, nos hallamos ante una de las fincas agrícolas y ganaderas más prósperas e importantes de la provincia en la década de los 60, productora a gran escala de almendras, limones, uva y demás productos hortícolas. De hecho, tenía un gran establo para ovejas y corderos, contando también con gallinas, patos, conejos o faisanes... Según cuentan, elaboraba un buen vino, y su propio aceite a través de una almazara, y contaba con, entre otros servicios, una pequeña capilla y una escuela... Pero no adelantemos acontecimientos: conozcamos este enorme complejo poco a poco, tal y como se nos ha presentado.


El origen del nombre de esta zona no es del todo claro. Sí que es cierta la existencia del árbol juniperus sabina, y también del arbusto juniperus phoenicea, de la familia de las cupresáceas, pero la presencia en este entorno de la colonia-agrícola pudo motivar el nombre, bien porque existiera un bosque de sabinas en las laderas de estas tierras, bien porque se encontrase un gigantesco ciprés en los aledaños de la finca (el cual fue quemado por unos vándalos desalmados).


La primera vez que tuvimos el placer de visitarla fue una fría noche de invierno, hace ya varios meses... A simple vista y teniendo en cuenta que se encuentra en medio de la nada, la remota finca nos ofrecía una imagen tétrica y aterradora, apenas iluminada por las luces de nuestro coche. Ni siquiera nos atrevimos a bajar: el viento ululaba, mientras unas sillas y algunos enseres nos impedían el paso, al inicio del camino... Algo nos dijo que aquella noche no iba a ser la más indicada para hacer una sesión de fotografía nocturna y preferimos volver por donde habíamos llegado: ya llegarían tiempos mejores.


Y, con la primavera, llegaron: hace un par de semanas, mientras revisaba el listado de localizaciones pendientes, apareció nuevamente este lugar... Así que, de improvisto, pusimos rumbo hasta allí. Como ya conocíamos el camino, el recorrido se nos hizo más corto y, la finca, muchísimo más grande de lo que nunca hubiésemos imaginado: ya desde el vehículo podíamos divisar cómo montones de edificios se arremolinaban unos alrededor de otros, cada uno con su propia función, en un complejo enorme, cuyo funcionamiento era similar al de una colonia. La tarde se nos iba a hacer verdaderamente corta...


Nuestra curiosidad nos llevó a hacer una primera parada en la capilla, que todavía conserva algunos detalles interesantes... Según nos han contado, alguien había vivido en ese pequeño habitáculo recientemente, y así lo demostraban algunas de sus pertenencias. Una cruz cristiana y un retrato de la Virgen y el Niño tallado en la pared continúan expuestos a pesar del vandalismo, junto a los restos de un sencillo altar de hormigón, que todavía yace en el centro de la estancia. A las espaldas de esta pequeña casa de Dios encontramos lo que podría ser la casa del cura, una vivienda bastante amplia y que podía presumir de gozar de todos los servicios: cocina, baño, una estupenda amplitud y grandes ventanales al exterior.


Los enormes establos nos cogían de camino cuando nos dispusimos a rodear el complejo, así que no dudamos en atravesarlos... Ahora, totalmente solitarios. Nos hallábamos en el antiguo hogar de ovejas y corderos, que en su época de máximo esplendor, llegó a albergar unas 400 ovejas y más de 1.200 gallinas, que fueron incrementando su número hasta más de 6.000 en 1969. Este era el comienzo de una gran cadena de producción, que también presumía de tener maquinaria de lo más moderna: una incubadora capaz de albergar 4.600 huevos y una desplumadora automática apta para unos 150 pollos por hora... Impresionante, ¿verdad?


Mientras en la planta inferior se albergaban los animales, la superior presumía de trabajar muy duro cada día. Muchas de las estancias han sido calcinadas a conciencia, algunas de sus escaleras derribadas, pero en otras áreas todavía se podían dilucidar los efectos de una industrialización precoz... Pero no por ello inadecuada:


Subiendo por el cerro, alcanzamos la zona para patos, conejos, faisanes
e, incluso, cerdos. Ver la magnitud de todo cuantos nos rodeaba nos ayudaba a imaginar cuál era el nivel de producción de aquel enorme complejo, que fabricaba su propio aceite y vendía sus productos en los mercados cercanos. Todavía quedaban restos de maíz o alfalfa, pero el alambre que hacía de jaula de los pequeños corrales estaba bastante distendido... Según dicen, este nivel de producción se mantuvo hasta finales de los 70.


Accedimos a la vivienda principal desde la primera planta, en la parte más elevada del valle. Nos sorprende, entonces, su estupendo estado de conservación, a pesar de que los vándalos y ladrones ya han hecho lo oportuno con tuberías y cables de cobre: la limpieza y los montones de Boletines Oficiales del Estado nos dan la bienvenida a innumerables estancias de tamaño considerable, todas ellas con vistas al exterior, en un lugar donde la tranquilidad era verdaderamente importante.


No tardamos en darnos cuenta de que la enorme casa había sido víctima de una reciente ocupación: todavía podía olerse a hoguera en la chimenea del salón, había ropa abandonada por los rincones y lo más importante: arte urbano por todas partes... Bonitos dibujos cubrían las distintas paredes, interiores y exteriores, muchos de ellos de una gran calidad artística. Por desgracia, y según íbamos desplazándonos por el interior, comenzamos a encontrar la suciedad propia de este tipo de comunidades...


En la planta baja, muchas de las zonas de la vivienda se encontraban seriamente perjudicadas, pues algunas eran utilizadas, sencillamente, como excusado... Sin tener en cuenta que, retrete, no había. Sus múltiples cocinas habían sido desmanteladas, al igual que las habitaciones, armarios, chimeneas, y todo cuanto el grupo de okupas encontraba a su paso... Su ropa y sus artilugios de cocina se distribuyen por todas partes sin criterio, lo que nos lleva a preguntarnos cuánto tiempo hace que han abandonado el lugar... Y si verdaderamente lo han hecho.


Muy curiosamente, observamos una de las estancias, con chimenea y un pequeño horno para pan... Como podéis ver en la fotografía, diversas manchas y restos nos llaman la atención: el rojo cobra especial protagonismo, salpicando paredes y alguna sábana que no intenta ni ocultarse. ¿Qué será exactamente?


No tardamos en atravesar la enorme casona para salir al exterior por su patio central... Los coloridos dibujos combinaban con los resto del jardín que en su día existía. Todavía se conserva una antigua fuente y los restos de algunas plantas moribundas, cuyas flores se resignan al paso del tiempo y continúan floreciendo primavera tras primavera en un patio central repleto de muebles y botellas vacías de alcohol. Ello nos demuestra la importante variedad y cuantía de flora autóctona...


Es posible acceder a varias viviendas anexas desde este patio... Viviendas o habitáculos de trabajo, tan perjudicados que resulta imposible averiguar cuál era su antigua finalidad. ¿Almazara? ¿Vinos? Ahora sólo queda basura y algunos restos de mobiliario, que curiosamente se mantienen enteros y cubiertos de polvo... Las cocinas sólo se distinguen por las salidas de humo y la suciedad cubre todo cuanto encontrábamos a nuestro paso... Nada que ver con la limpieza que habíamos visto previamente:


No tardamos en ultimar nuestra tarde fotográfica, tomando unas últimas instantáneas en el interior de una especie de cuadras, posiblemente utilizadas como lavadero para el ganado (por la gran cantidad de humedad que se respiraba en el ambiente) . Su tamaño era verdaderamente grande... Los techos eran inalcanzables, y el eco era parte de nuestra nosotros... De nuestros pasos y de nuestras voces:


Nuestra visita había llegado a su fin, nos llevó casi dos horas poder verlo todo... Sinceramente, es un lugar idóneo para la industria, para rescatar sus antiguos fines dando trabajo a montones de personas. Sin duda alguna, sus productos serían bien recibidos por el público, que ya conocería su seña de identidad que tanta fama le aportó el siglo pasado... Señores propietarios: hagan algo para que no desfallezca, fruto del vandalismo...

4 comentarios:

  1. gran reportage es una lastima que cada bez que boy esta peor por las ganberradas que le haces unos amigos estubieron casi dos años de ocupas i arreglaron muxas cosas pero namas irse lo destrozaronn todo de nuebo con todo lo que se habia recuperado

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    1. Es una pena el estado de conservación de la finca actualmente... Por desgracia, la gente continúa destrozándola sin pensar en la cantidad de posibilidades que ofrecería utilizarla nuevamente como una fuente de producción. ¡Gracias por tu comentario!

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  2. Que buen trabajo,te has informado bien de todo,conozco este sitio y es así,tal cual lo describes .tengo una historia de este lugar.
    Felicidades,tengo mas por leer,en cuanto tengo un rato libre entro y desmenuzo las historias.magnifica descripción.saludos.

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    1. [DAQI]ISMA, nos alegramos de que te haya gustado: hemos intentado ser lo más veraces posible en el relato... Y cada vez más estamos barajando la idea de dar vida a una serie de relatos inspirados en cada una de vuestras vivencias particulares, que no son pocas. ¿Qué te parece la idea?

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