jueves, 4 de junio de 2015

Almarx de Mora

No es mucha la información de la que disponemos hoy, pero no por ello vamos a dejar de mostraros los encantos ocultos de un lugar totalmente nuevo, desconocido para nosotros, escondido entre tanta cantidad de naturaleza que aquello podría simular el Edén. Estamos hablando del Almarx de Mora, también conocido como Almarig de Mora, un enorme caserón abandonado y saqueado, situado en el corazón de la provincia, ni tan cerca ni tan lejos, suficientemente conocido por todos aquellos que han crecido en sus proximidades, observando su actividad con el paso de los años... De la belleza a la decadencia.


No somos los primeros ni los últimos que se habrán hecho preguntas acerca de esta enorme construcción, en la que muchos dicen haber incautado voces del más allá: de hecho, y según cuentan, su historia ha aparecido en varios programas de televisión, pero no hemos conseguido dar con ellos... Entonces, sencillamente contamos con nuestra persona, nuestras inquietudes y nuestras propias experiencias, para hacer hoy la narración de un edificio con historia, con rincones inéditos e, incluso, alguna que otra historia de fantasmas. 


No fue fácil llegar hasta allí, pero finalmente lo conseguimos... La naturaleza lo devoraba todo, tanto como nuestras ganas de investigar nos devoraban a nosotros. Aunque, y para ser sinceros, nos aproximábamos poco a poco, con cautela... Como con miedo a ser vistos por los observadores de la más inmensa soledad, por los guardianes de lo oculto, por los emisarios de aquellas voces que los propietarios afirman que jamás escucharon. En cierto modo, la curiosidad se mezclaba con el temor, el miedo intrínseco a fortalecer aquello que nunca había sido del todo confirmado. 


No tardamos en rodear la construcción, mucho más grande de lo que habíamos imaginado, mientras hacíamos un poco de memoria de su historia. Según cuentan, es a Francisco Mora Berenguer a quien debemos esta enorme finca, al igual que el Mercado Modernista de Colón (Valencia). Nacido en Sagunto, fue el arquitecto municipal de Valencia, Presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos y discípulo aventajado de Gaudí... ¡Casi nada! De algo estamos seguros y es de que esta enorme casa guarda muchísima historia del municipio entre sus muros...


Eran tantos los detalles que, seguramente, hoy me dejaré en el tintero alguno que otro: construcción principal estilo medieval, arcos de media punta y cerámica valenciana decorativa... Una combinación curiosa y un tanto atrevida en medio de la nada. La primera parada la realizamos una especie de cocina independiente al edificio principal, de la que ya no queda nada salvo escombros y soledad. Junta a ella, una vieja y expoliada barbacoa todavía conserva parte de un mosaico de colores:


Poco a poco fuimos buscando el lugar idóneo para adentrarnos, evitando los montones de insectos que habitaban tanto en el interior como en el exterior, seguramente fruto de la proximidad de las fuentes de agua. Enormes estancias se abrían paso ante nosotros, algunas de ellas totalmente reventadas, con sus respectivas chimeneas, algo de mobiliario y, por supuesto, destrozos, tanto en las estancias como en las escaleras de ascenso a la planta superior. Todo a nuestro alrededor había caído por su propio peso... Por el peso del olvido: 


En la planta baja, además de un viejo salón repleto de moscas, los restos de una cocina consiguieron llamar nuestra atención: el color rojo es el predominante, entre los viejos y roídos armarios en madera de cerezo. Curiosamente, tenía entrada desde el exterior de la vivienda, pero los vándalos desalmados han acabado por darle un estacazo final, que la ha dejado en un pésimo estado... ¿Cómo sería la vida en otro tiempo? ¿Cuántas personas habitarían en aquél enorme caserón? ¿Cuál sería, realmente, su historia?


El semi-sótano ofrece una imagen tétrica... Lúgubre, misteriosa. La oscuridad cubría todo a nuestro alrededor, y nos impedía distinguir una imagen clara. Al fondo, una chimenea parecía haber sido utilizada recientemente, por ese olor tan especial que deja el carbón cuando se quema... También había armarios, tipo despensa, y mucho mucho espacio... 


Una vez en la planta baja, tomamos las destrozadas escaleras de ascenso: las puertas casi cerradas parecían ocultar algo desconocido tras de ellas. Allí predominaban, mayoritariamente, los techos de caña caídos, los armarios empotrados y los restos de mobiliario (infantil, incluso), en un ambiente pesado y polvoriento, lleno de recuerdos. Tras una estrecha puerta, se escondía la escalinata de acceso a la terraza... Totalmente oxidada. El cuarto de baño tampoco había sufrido mejor suerte: 


Era hermoso observar las vistas desde las ventanas... Entre tanta oscuridad, los rayos del sol se colaban por los resquicios, dándole a las fotografías un cariz muy interesante y unas vistas todavía mejores: hacia el patio rodeado de arcos de medio punto que habíamos divisado antes de entrar, donde ahora ya no quedan bancos pero, en su día, podían distinguirse asientos de estilo romántico, cubiertos de cerámica con motivos florales. ¿No es hermoso?


Poco después, decidimos poner fin a nuestra visita... En mi caso, algo de lo que el ambiente me regalaba, me invitaba a marcharme... No sé qué podría ser, no había escuchado voces del más allá, ni pasos apresurados ni un golpe seco: nada que me invitase a abandonar el recinto cuanto antes mejor... Sin embargo, así lo sentía: era como si una sensación de decepción me hubiese invadido de golpe... ¿Qué esperaba encontrar? O, mejor dicho, ¿Qué era lo que necesitaba encontrar? ¿Qué era aquello que me decía que allí no iba a hallar lo que estaba buscando, si en realidad, no estaba buscando nada? 


Abandonamos, entonces, el Almarx de Mora... Cuyo nombre no tiene traducción alguna. Posiblemente, sólo se trate de un combinado, entre el nombre de la partida y el apellido de su propietario, el señor Mora. ¡Qué sensación de desasosiego, sólo con ver las fotografías! ¿Qué será aquello que oculta? ¿No os crea curiosidad? 


7 comentarios:

  1. cuantas preguntas verdad? le relato refleja muy bien esos sentimientos, hay mucho misterio y supiste darlo con tus letras, se puede ver.
    felicidades ,me gusto mucho, el final te deja con intriga, con ganas de mas.

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    1. Hemos conseguido introducirte en la misma intriga que sentimos esa mañana de domingo, [DAQI]ISMA. Una intriga a la que, a día de hoy, todavía no hemos conseguido darle forma... Quizá, en unos días, consigamos comprender qué era aquello que provocaba desasosiego y ganas de marchar... ¿Qué crees que sería? ¿Cuál sería el motivo?

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  2. Desconozco el motivo,pero esa sensación es típica,familiar diría yo,no eres la única que siente eso,en ocasiones pudiera ser miedo,en otras es rechazo total por sus moradores,conociéndote se que miedo no es,así que ,ya sabes?te respondí?ahora tienes que regresar ,empaparte bien,y buscar ,no dejes de buscar porque solo el que busca acabara encontrando,y luego regresa para contarlo.te parece bien?

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    1. Te tomamos la palabra: creemos que este lugar se merece una nueva visita... En un futuro no muy lejano y, a ser posible, una tarde-noche lluviosa. Quizá, las condiciones climatológicas desfavorables nos ayuden a desvelar sus secretos, a escuchar su verdadera voz al compás del viento, que golpee en paredes y ventanas... Un lugar idóneo para inspirarse, ¿no crees?

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  3. Es idoneo, estas muy cerca de tu respuesta.

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    1. Muy pronto alcanzaremos esa respuesta... Y podremos compartirla con vosotros, :) Sólo hace falta que la climatología nos acompañe... Que el viento ulule con ganas y que el barro nos cubra hasta las rodillas. Sólo ese día sabremos escuchar... Y seremos capaces de cerrar los ojos y dejarnos llevar por la verdad.

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  4. Hoa veronica, has estado alli? puedes ponerte en contacto conmigo por favor.
    aletobu@hotmail.com

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