viernes, 12 de junio de 2015

Preventorio Antituberculoso de Aigües - Regresiones

Desde el inicio de nuestra andadura, siempre hemos mantenido la línea: Excursiones para Normales se desplaza hasta un lugar insólito para, después, acercarlo hasta vuestros hogares, a través de visitas virtuales en las que las letras se transformen en vuestros ojos... Que sólo con leer seáis capaces de trasladar vuestra existencia a otro tiempo y lugar, ataviados únicamente por las ganas de descubrir y varias horas por delante. Sin embargo, hoy queremos dar vida a algo diferente... Y, para ello, hemos contado con la colaboración de Isma, compañero de batallas y soñador de los de antes, amante del lápiz y el papel. 


Hoy quiero que todos nos trasladaremos hasta el Preventorio Antituberculoso de Aigües, lugar emblemático y lúgubre... Siniestro y manipulador de emociones... Provocador de las más locas inspiraciones... Sólo para acompañar a nuestro personaje en una de sus... REGRESIONES


"Llevaba algún tiempo dándole vueltas a algo... Y es que ya iban más de veinte años sufriendo alucinaciones. Me llamo Pablo, tengo 32 años y soy esquizofrénico... O, al menos, eso es lo que han optado por decir la más de una decena de psiquiatras que han decidido tratar mi caso. Yo, sencillamente, siempre he pensado que soy un ser de otra vida, perdido en el limbo, entre las luces y las sombras, sin ser capaz de escapar: estoy seguro de eso, ¿o no puedo pensar lo que yo quiera? Por ese motivo, dejé la medicación hace algunos años: nunca dejé de ser aquél ser atrapado entre varias épocas, contrapuestas por el nivel adquisitivo pero en un mismo escenario... Aquel viejo balneario de finales del siglo XIX, transformado con los años en un preventorio antituberculoso, cuando los estragos causados por la enfermedad eran imparables en la España más profunda. 


Si una cosa descubrí hace tiempo es que puedo controlar cuándo y cómo regresar a ese pasado... Quizá mi narcolepsia afecte a mis pobres neuronas, quizá en el fondo soy un poco psicópata... ¿Quién sabe? Sólo sé que, cuando me dejo llevar por ese profundo sueño, despierto siendo otra persona... En un escenario diferente, rodeado de personas diferentes a las que parece que conozco, vestido de manera extraña y siendo capaz de captar olores y sabores que, en estado de conciencia, puedo recordar a la perfección. Al principio, sentía miedo... Miedo a este mundo cruel, que etiqueta al diferente y le estigmatiza de por vida, que le hace sentir un ser inferior y le menoscaba hasta el punto del suicidio. 



Yo nunca he pensado en eso... Creo que estoy más cerca de la muerte de lo que pienso... De lo que se imaginan todos. Tanto que, a veces, siento que no voy a volver, que no voy a ser capaz de levantarme de esa cama hospitalaria en la que yazco como un enfermo más, mientras ese asqueroso olor a alcohol y desinfectante devora ya no sólo mis fosas nasales, sino los pocos órganos que me quedan sanos cuando la tuberculosis decide apoderarse de mí. En ese momento, sólo soy un personaje más de 1936, que observa incrédulo cómo la guerra, la hambruna y las enfermedades se convierten en las protagonistas de lo que, en su día, fue un balneario de lujo, dotado de los mejores y más novedosos servicios.



Mi personaje ha ido empeorando con el paso de los años, con las tantas y tantas regresiones: de un ligero dolor en el pecho fui notando como, cada vez, podía moverme menos... Tumbado en camillas, escuchaba cómo todos aquellos enfermos criticaban la dictadura con saña, deseosos de ganarse un hueco en una sociedad en la que Primo de Rivera sólo beneficiaba a los mismos... "¡Pobres!" -decía yo- "¡Si todavía no conocen a Franco!"-. Ni falta que hacía... Tampoco lo había conocido yo, y menos probabilidades de conocerlo tenía cuando, en lugar de desplazarme hasta un hospital, sencillamente despierto en una carísima habitación de hotel de finales del siglo XIX.  



Cuando despertaba en aquel enorme complejo, sencillamente me limitaba a disfrutar... Casino, piscina navegable, aguas termales y multitud de servicios por los que nunca había tenido que pagar ni una sola peseta. Las fiestas privadas y las partidas de póker reunían a los más poderosos, acompañados de las más bellas señoritas de pago, fumando puros habanos y bebiendo alcohol de gran calidad. En más de una ocasión, acabé enredado en los brazos de alguna de esas musas, disfrutando de su compañía, de sus miradas o de sus besos furtivos, escondidos tras las escaleras principales, para que nunca nadie descubriera nuestro secreto amoroso.



Aquella mañana de Agosto, era el momento de regresar... No eran pocas las veces que lo había deseado, pero ahora sentía que el miedo se apoderaba de mí... Nunca pensé que volvería a sentir ese temor, y mucho menos que sería capaz de cerrar los ojos continuamente, como buscando que, lo que tuviera que suceder, sucediera cuanto antes, que no se demorara en absoluto... Que si en algún momento tenía que marchar hacia viejos tiempos, que esa oscura bruma se apoderase de mí sin dudar... Para aparecer, de repente, bien entre trajes de época, bien en una cama hospitalaria. Necesitaba recuperar mi colgante... Y tenía muy claro que lo había perdido cuando decidí cruzar el umbral de una habitación junto a una jovencita demasiado hábil con los juegos de manos. 



Y así fue... Pero, en esta ocasión, el olor era insoportable... Costaba respirar, tanto o más como desplazarse entre tanta gente... Tanto público, tantas personas de similares características, de vestimentas sinónimas... Unos lucían mejor que otros, y hablaban sin cesar... ¡Incluso gritaban! Gritaban demasiado... Tanto que era imposible distinguir qué o quién decía cual cosa. Me di cuenta de que todos se situaban a mi alrededor, y me miraban... Y hablaban de cruentos bombardeos de mayo del 38 mientras auguraban una nueva epidemia. 



Caí al suelo, fruto del agobio y de, seguramente, algún empujón... Y cerré los ojos, esperando que todas aquellas batas hospitalarias fuesen sustituidas por tabaco francés y algunas fichas de póker: el colgante seguía allí, pero no estaba dispuesto a buscarlo bajo las camas. Tampoco hubiese sido posible... Me sentía peor que nunca: me retorcía de dolor mientras nadie de los allí presentes se dignaba a echarme una mano siquiera para levantarme. Los médicos no tardaron en venir por mí y en trasladarme a la última planta, donde los enfermos terminales... Y no recuerdo mucho más pues, una vez desperté, aferraba fuertemente el colgante en mis manos, mientras me sobresaltaba en la cama de mi habitación actual."



Con cariño, espero que os guste...

Esto es sólo el comienzo...

Junio de 2015

5 comentarios:

  1. Verónica,acabas de romper un récord ,has pasado a crear una joya tremenda,de narras lo que ves a narrar una historia emocionante y que me ha dejado sumergido ,después de leerlo y voy a usar una palabra chocante,estoy flipando con tu ingenio,,,no tardes en seguir por este camino porque es y permíteme otra ves," la ostia de bueno" felicidades genio,cuantas con el mejor blog de todos,no paras de sorprendernos .

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    1. [DAQI]ISMA, esto es sólo el principio... El principio de algo muy grande y que vas a ver crecer, poco a poco... Sin prisa pero sin pausa, :) Quédate con el nombre de Pablo porque va a dar mucho que hablar...

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  2. Elegante y seductor. Buen comienzo para un relato que acabará convertido en novela. Nos dejas con ganas de leer mas. Un abrazo desde Vallada.

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    1. Ojalá la novela pueda ser publicada algún día... Así os podremos regalar la esencia de todo este batiburrillo de pensamientos, emociones y sucesos, :) ¡Gracias, Santi, y un abrazote desde Elche!

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