domingo, 25 de octubre de 2015

El Panteón de Los Guijarro

Llevo varias semanas preparando el trabajo que hoy quiero ofreceros: no quería que le faltara detalle alguno que pudiera alterar su historia. No se trata de una entrada cualquiera, y es que muy pocos han sido los grupos de investigación que han logrado adentrarse en este lugar para obtener material, ya sean psicofonías, vídeos o algunas fotos... Es un lugar privado, totalmente cerrado al público y que apenas ve la luz del sol una vez al año, más concretamente, el día del Homenaje a los Mártires de la Libertad. En el siglo XIX, este lugar fue testigo de una serie de fusilamientos que, aún hoy en día, se recuerdan... Ya no sólo por la fecha, sino por las experiencias fantasmales que los vecinos de la zona relatan haber vivido en sus alrededores. 


Hoy nos desplazamos hasta el Panteón de Los Guijarro, ubicado en un montículo entre dos conocidísimos barrios de la ciudad donde nos hallábamos, y el cual llevábamos contemplando desde hacía años, preguntándonos cuándo sería el día en el cual pudiésemos adentrarnos en un emplazamiento tan peculiar como aquél. Ese día llegó y, gracias al grupo de investigación Otra Realidad, conseguimos pasar un par de horas en su interior, tomando fotografías a diestro y siniestro, con la única intención de captar alguna de esas almas que vagan sin rumbo por su interior, con la esperanza de que alguien escuche esos mensajes que quieren transmitir. 


Dicho panteón fue levantado entre 1799 y 1803, proyectado por el arquitecto A. Jover; sin embargo, fue Màrius Bevià el encargado de su restauración hace ahora casi veinte años, en 1997. En la actualidad representa un icono, un elemento esencial del paisaje para todos aquellos que conocemos la zona y recorremos la Autovía del Mediterráneo con asiduidad, sobre todo si tenemos en cuenta que, con el desarrollo de la civilización, ha quedado aislado, como en medio de la más absoluta nada, entre campos sin cultivar y derrochando elegancia, la misma que en tiempos pasados. Allí, nada puede romper el silencio... O casi nada. 


A partir de las 7 y media de la tarde, con poca luz debido a la tormenta que estaba por llegar, nos hallábamos ante aquella pequeña capilla-panteón, de estilo neoclásico, no vinculada a ningún cementerio (esta práctica se prohibió en 1805, poco después de su construcción, por motivos de salubridad). Es un edificio único, ya no sólo por sus características generales, si por ser el único recinto funerario de carácter civil ubicado fuera de un cementerio en toda la provincia. 


Inicialmente, este panteón estuvo integrado en un edificio exento, rodeado por una tapia de mampostería repleta de detalles ya desaparecidos. Por desgracia, en 1985, el panteón sufrió varios saqueos, robando sus asaltantes hasta varios cráneos de la familia Guijarro e, incluso, colgando un esqueleto decapitado del muro del panteón. Macabro, ¿verdad? 


En la actualidad dispone de una ermita circular, con un volumen cubierto por una cúpula semiesférica con teja curva. Además, podemos comprobar que tiene un cuerpo adosado en su parte trasera y una cripta de planta octogonal en el semisótano. Por su parte, el acceso se encuentra por el lado norte y, frente a él, existe un pequeño altar... En los restantes lados se encuentran, por tanto, los nichos de enterramiento. En el nivel superior, al cual se accede por una escalera exterior de dos tramos, encontramos la capilla... Además de una especie de museo dedicado al Liberalismo en España, al que se asciende a través de una escalera metálica.


Fuimos de los primeros en cruzar el umbral de aquel mausoleo familiar levantado a expensas del noble que fuera Regidor Real de la ciudad: el ilustre Don José Guijarro de Espinosa. La circulación de energías se hizo patente desde un primer momento, sobre todo a partir de que las cercanas luces (favorecidas por los bajos techos), contribuyeran a crear un ambiente calorífico, ardiente... Impropio de un lugar rodeado de mármol. Los techos, llamativos por su ostentosa decoración, parecía que fueran a caer sobre nosotros en cualquier momento... Al fondo, los restos de cinco lápidas todavía resistían, sobre el altar... Mientras, en el centro de aquella angustiosa estancia, todavía se albergaba la entrada a una especie de fosa subterránea. 


Cada año, este lugar es testigo de un homenaje a los Mártires de la Libertad, en recuerdo a los militares liderados por Pantaleón Boné que sublevaron contra Isabel II, siete de los cuales fueron fusilados allí mismo, un día tan especial como es el 14 de febrero de 1844. De hecho, todavía encontramos algunas coronas y símbolos que nos recuerdan estos homenajes, abandonados a su suerte en el exterior del edificio... Víctimas del olvido y la ruina. Los encargados de esta tarea son los miembros dela Comisión Cívica Panteón de Guijarro, que tras lograr la restauración del monumento, cada año reivindica el papel de aquellos que apostaron por la libertad. 


Por desgracia, en la actualidad, el panteón recibe un inexistente mantenimiento... Si bien es cierto que está cerrado, permanece abandonado a su suerte, ante la humedad y el vandalismo. Pero ello no impidió que nos dirigiéramos a la planta superior, a disfrutar la capilla... ¡De aquella vistosa y llamativa capilla! La espectacular combinación de colores conspira casi a la perfección con la ausencia de símbolos cristianos. A pesar de este hecho, podemos ver diversos altares, dedicados a Santa Catalina, a San Juan Bautista y a la Virgen de los Dolores, rodeados de detalles que culminan en una fantástica cúpula, horadada por ocho pequeñas ventanas enmarcadas por pilastras.


El púlpito, hoy en día, está inaccesible, pero sí se pueden tomar unas escaleras metálicas, hasta acceder a la zona destinada a museo... Si bien es cierto que la humedad está haciendo estragos y devorando todo cuanto encuentra a su paso, varios tablones nos muestran reproducciones de textos originales, escritos a puño y letra... También postales, fotografías y mapas, todo relacionado con una etapa bélica... Parte de nuestra historia. Las noticias ocupan parte importante del espacio, y nos trasladan a una época de conflictos y disparos. Quizá todo ello contribuyó a crear una atmósfera compleja, asfixiante, donde parecemos sentirnos observados en medio de una bajada brutal de las temperaturas... 


Recuerdo que, en un momento dado, los detectores de movimiento comenzaron a sonar sin ton ni son en esa zona, a pesar de que, todos los presentes, nos hallábamos en el interior de la capilla... Fue en ese momento cuando subimos a tomar, nuevamente, algunas fotografías, captando en algún momento pequeños orbes en la escalera... Sí, esos fenómenos en forma de círculo luminoso que suelen aparecer en las fotografías digitales y cuya existencia genera tanta polémica. ¿Qué opináis vosotros acerca de este curioso fenómeno? ¿Se trata de pequeños orbes, o sencillamente motas de polvo? 


La noche cayó sin piedad sobre todos nosotros... Y podemos afirmar que fue muy provechosa. Algunos compañeros fueron capaces de captar algunas psicofonías y otras curiosidades en sus cámaras de vídeo o grabadoras... De hecho, queremos compartir con vosotros un vídeo-montaje realizado por la compañera de Enigmas de Medianoche, con la mayoría del material que se pudo recopilar aquella noche. Hoy soy yo la que aprovecho para narraros algo de su historia y mostraros fotografías, algunas de ellas, con elementos que no debemos pasar por alto. 


Por desgracia, de su primitivo patio no queda absolutamente nada: ni la portalada neoclásica, ni la cruz del patio, ni los cipreses ni los azulejos representativos... Nada salvo un muro de hormigón, ubicado seguramente en el lugar aproximado donde fueron fusilados aquellos siete pobres mártires. 


Aquella noche disfruté al máximo del silencio exterior, utilizando algunas piedras a modo de trípode, tratando de captar el aura de todas esas almas que conocieron la muerte en aquella zona, que cada año honra aquel suceso con todo el cariño. Las primeras gotas de lluvia ensuciaron mi objetivo, mientras un aire gélido totalmente ajeno a la época estival erizaba nuestras nucas... Quizá fue todo aquél entramado de sucesos los cuales, combinados con aquel siniestro entorno, irrespirable y sofocante, los que acabaron por inspirar estas letras que hoy compartimos: 

"(...) Sentir esa sensación de curiosidad, cual niño pequeño, era algo que no podía controlar: los nervios a flor de piel y más de cinco sentidos activos acompañarían, aquella tarde, mi estancia en un lugar nuevo... Totalmente desconocido (...). Cada uno de aquellos colores quedarían grabados, para siempre, en mi retina, siempre celosa de aprender... De conocer (...). Como bien dice una amiga, incluso varios minutos después de fallecer seguimos aprendiendo... ¿Cómo no vamos a aprender, si ponemos todo de nosotros ante cada situación vivida... Ante cada momento irreemplazable? (...). Muchas eran las preguntas que me lanzaba aquella noche... Tantas... Que no fui capaz de darme cuenta de qué era aquello que, en la parte más elevada de aquél panteón, hacía subir la temperatura, aún a sabiendas que el aire exterior comenzaba a ser gélido... Tampoco fui capaz de entender por qué, en varias ocasiones, las baterías de mi cámara se agotaron sin razón para volver a funcionar una vez fuera del recinto... Y, ni mucho menos, en qué consistiría, exactamente, aquello que hizo saltar el detector de movimiento más alto... Cuando las luces se encontraban apagadas y y ya nadie se hallaba en su interior (...)."

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