miércoles, 2 de diciembre de 2015

La Font de la Coveta

Está bien que, de vez en cuando, seamos capaces de recordar nuestros orígenes... Que nos sintamos capaces de no olvidar los verdaderos propósitos que, en su día, nos llevaron a plasmar letras y letras en este rincón para que, desde el otro lado de la pantalla, fueseis capaces de desplazaros a lugares mágicos y especiales... Algunos de ellos, espectaculares, insertos en plena naturaleza, donde nada ni nadie puede romper la paz del momento... Ni mucho menos la belleza de todo lo observable. Este verano, después de varios años de espera, hemos logrado acercarnos hasta la Font de la Coveta, un emplazamiento completamente natural, oculto en plena sierra y que, en cierto modo, tiene una pequeña relación con Elche, nuestra tierra natal. 


Con el objetivo de alcanzar la Font de la Coveta, nos acercamos hasta Banyeres de Mariola, a sabiendas que llevaríamos a cabo una ruta de senderismo de dificultad baja, indicada para niños y para recientemente iniciados en este deporte, perfecta para descubrir una parte del magnífico y espectacular Parque Natural de la Sierra de Mariola. El maravilloso rincón que buscábamos, perfectamente conocido por ser el nacimiento del río Vinalopó (que pasa por Elche), requeriría un largo y tedioso camino... Pero que iba a merecer la pena. Para ello, utilizamos la carretera CV-795, la cual une Alcoy con Banyeres, hasta alcanzar el famoso Centro de Interpretación del Parque Natural de Sierra Mariola, ubicado en la Masía 'Ulls de Canals' (no tendréis problema para localizarlo a través de los mapas). 


Una vez allí, el camino por donde transcurre nuestra ruta comenzaba justo a la derecha de esta masía, en concreto, una pista forestal sin apenas desniveles. Si bien es cierto que, hasta hace pocos meses, existía la opción de circular por el camino hasta llegar a nuestro objetivo, en la actualidad, dos bolardos impiden el paso de cualquier vehículo, por lo que es condición obligatoria dejar los coches a la entrada,y seguir el camino a pie... Ahora sí que se trata de una ruta estrictamente senderista, de aproximadamente 2 kilómetros bajo la solana veraniega, rodeados de un entorno donde el agua era el mayor protagonista. ¿Nos acompañas? 


Conviene que sepamos que el río Vinalopó nace en plena Sierra de Mariola, entre los términos municipales de Bocairent y Banyeres de Mariola, en el Rincón de Bodi o Hoya de Bodalar, pero popularmente reconocido como la Font de la Coveta. A lo largo de su recorrido, de alrededor de 81 kilómetros, existen tres parques naturales: Sierra de Mariola, Salinas de Santa Pola y el Hondó de Elche... Por eso cualquier ilicitano puede sentirse conectado, aunque sea en la distancia, a un lugar de tan espectacular como el que hoy os mostramos. 


Desde el inicio del camino encontramos señales metálicas que iban guiando nuestro recorrido, 2 kilómetros que pueden volverse más o menos largos si hace sol y que, en ningún momento, deben abandonarse si queremos llegar a nuestro destino. Sin embargo, antes de alcanzarlo, seremos capaces de divisar rincones dignos de postal, verdes y rodeados de agua, como la Fábrica de Campana: tanto la fábrica como el molino se dedicaron, en un principio, a la producción de harina, aunque más tarde se transformaría para producir papel. 


Por desgracia, todas las instalaciones de esta vieja fábrica se encuentran en un estado completamente ruinoso, aunque no por ello han perdido su encanto... Vemos restos de papel y naturaleza verde sobre un suelo inestable. Mágico, ¿verdad? Si bien es cierto que suelos han cedido y podemos ver las distintas habitaciones de un sólo vistazo, el peligro no frenó nuestros pasos... Es muy reconfortante descubrir parte de nuestra historia y tratar de reconstruirla. 


Tras otro tramo repleto de casas, masías y pinadas, comenzamos a escuchar el sonido del agua... Y a divisar sauces al horizonte: nuestro destino estaba tan cerca que casi podíamos tocarlo. Fue en ese momento cuando alcanzamos la Fábrica de Blanes, una edificación industrial de finales del siglo XVIII con una maravillosa chimenea escalonada de planta cuadrada, medio escondida entre los altos árboles que la rodean. Según nos cuentan, y al igual que en el caso anterior, su actividad comenzó en torno a la harina pero, a principios del siglo XIX, sus molinos se reconvirtieron al papel. Allá por el año 1942 dejó de funcionar, llegando hasta nuestros días en un estado de deplorable abandono... Totalmente cerrada al público. 


Llegados a este punto, abandonamos la senda para colarnos entre los matorrales... El sonido del agua estaba tan próximo que ya, incluso, la sentíamos. Quizá no era el camino correcto, y fue bastante costoso descender por aquella especie de barranco pedregoso, pero mereció la pena pues, el paraje era, sencillamente, magnífico. La frondosa naturaleza impedía el paso, y resultaba muy complejo moverse cuando absolutamente todo era agua... ¡Agua limpia y fresca! Tan preciado líquido circulaba con total libertad, creando un rincón perfecto, alejado de la contaminación, donde lo único importante es que todo discurriese como naturalmente debería hacerlo. 


Tras una sesión fotográfica, continuamos la senda donde la habíamos dejado, para volver a abandonarla pocos metros más adelante, en busca de la famosa  Font de la Coveta. Para ello, cruzamos el puente de la Fábrica de Blanes y nos dejamos llevar por los chopos, sauces y matorrales hasta el entorno del río. Montones de mariposas sedientas iban guiando nuestro trayecto, formando hermosas figuras con su recorrido... Mientras caminábamos, íbamos encontrando rincones espectaculares, espesos, donde el agua fluía entre las piedras, creando pequeñas cascadas e inundando con su peculiar sonido todo cuanto nos rodeaba.


Los remansos de agua clara y los pequeños puentes guiaban nuestro recorrido en este fantástico entorno, provocando alocadas tentaciones del tipo de no marcharse sin tocar sus frías aguas. Las sensaciones son incomparables a cualquier cosa antes vivida: la tranquilidad, el silencio, la relajación que un ser humano experimenta cuando el único sonido ambiental es el discurrir del agua... Sí, ese agua que mana del subsuelo hacia el exterior, entre escalones de madera y manantiales naturales. 


Deseábamos con todas nuestras fuerzas encontrar la poza conocida como Toll Blau, pero no hubo suerte... No sé si porque no caminamos lo suficiente o porque la dirección que tomamos no fue la correcta. Según mis cálculos, no debía hallarse a más de 50 metros de la Fábrica de Blanes, pero no fuimos capaces de encontrar todas esas piedras marcadas de rojo que dicen guiar la senda. Por un momento, llegamos a pensar que tan sólo hubiese sido necesario seguir unos pasos más adelante, justo en la primera zona de cascada que visitamos... De hecho, mientras escribo recuerdo cómo fue necesario introducirnos en el río para traeros muchas de las fotos que hoy os mostramos. 


Hoy cierro este espacio con nostalgia... Con la sensación indudable de querer regresar para volver a tocar agua totalmente natural, sin contaminación... Sin depuraciones. Dicen que el entorno se ha visto muy perjudicado en los últimos años... Que antes todo era más verde, la vegetación era más abundante y no había resquicio alguno de sequedad. Queremos pensar que no puede ser cierto, mientras esperamos ansiosamente la primavera para poder disfrutar de su perfección... 

2 comentarios:

  1. Muy bueno, Verónica. No conozco el sitio, pero por las fotos y cómo lo describes dan ganas de perderse por esos parajes...
    No pares...

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    1. ¡Muchas gracias, José Luis! Si finalmente decides perderte por estos parajes, debes ir bien abrigado si es invierno... ¿Quién sabe si puedes encontrar nieve? En verano no olvides el bañador. ¡Estamos deseando volver!

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