martes, 1 de noviembre de 2016

La Casa de la Muerte

Domingo, 1 de noviembre de 2015... Las autoridades policiales recibieron una llamada telefónica de un hombre, alertando de la inconsciencia de su pareja debido, según a él, a un elevado consumo de alcohol. Cuando los sanitarios se personaron en el lugar indicado, el panorama es desolador: la pareja no sólo habían ocupado la vivienda y residía bajo unas pésimas condiciones, sino que había pelo y sangre por todas partes. Es previsible que la noche de Halloween no hubiese sido precisamente festiva, pues sólo pudieron certificar la muerte de la mujer, cuyo cuerpo estaba cubierto de golpes y hematomas. La policía detuvo a su pareja como presunto autor de un crimen machista, siendo previsible que hubiese utilizado un palo para tal fin... Palo que también fue localizado en la vivienda.


Lunes, 1 de noviembre de 2016... Hace exactamente 365 días de aquel truculento suceso, y el precinto policial todavía puede dilucidarse en la oxidada puerta de entrada, una verja negra y contrahecha, incapaz de frenar el acceso a la propiedad por los aledaños. De hecho, investigadores, curiosos y vándalos han tomado sus propias decisiones a la hora de crear otros caminos que conduzcan a un mismo fin: el acceso a la Casa de la Muerte, escenario de un crimen de género de los tantos que ocupan las diarias líneas de prensa. Ha llegado un punto que este tipo de sucesos han alcanzado a visualizarse con una elevada dosis de normalidad... Tanta que resulta común comer con estos sucesos como sintonía de fondo.


Alcanzar la vivienda no fue tarea fácil... Tanto que incluso nos preguntamos cómo era posible que una pareja, sea cual fuere su situación personal, residiera tras aquellos muros, rodeados ya no sólo de maleza, sino de basura, suciedad e, incluso, una vieja lancha, aparcada en la puerta de entrada como si de un vehículo a motor se tratase. Una vez en su interior, la panorámica sólo confirmaba todo lo anteriormente visualizado: tras atravesar el precinto policial, la oscuridad nos envolvió de una forma inquietante, sin más posibilidad que dejarnos arropar por un ambiente cargado de tristeza y dolor. Según cuentan, la pareja apenas llevaba dos semanas ocupando esta vivienda sin que los vecinos se hubiesen percatado, y ejercían la mendicidad en el término municipal.


Justo al cruzar el umbral, dos habitaciones se abrieron ante nosotros... Totalmente tapiadas. Una de ellas, pintada en un eléctrico color azul. La ropa y los restos de muebles se amontonaban por el suelo, no dando lugar a la imaginación. Cajones, fundas de colchón, cajas, chaquetas, papeles, latas, botellas vacías... Un poco de todo, además de cientos de teléfonos móviles destrozados, permanecían dispersos por todas partes, como si aquello fuese un punto de reciclaje. Justo enfrente, otra habitación... En esta ocasión, una especie de dormitorio, con sofás, colchones apilados, algunos muebles y basura... Mucha basura. Curiosamente, uno de los colchones parece manchado de lo que podría ser sangre.


A tientas, no tardamos en alcanzar el salón... Aunque resultaba imposible discernirlo: los muebles estaban destrozados, repartidos por toda la estancia, rodeados de latas y latas de cerveza, restos de terminales y cámaras de fotos... Sí, también cámaras de fotos, en mejor o peor estado, pero más propias de principios de los dos miles. La decoración navideña llama extremadamente la atención, al igual que la cantidad de bebidas alcohólicas repartidas por la cocina. Con todo ello, parece que el alcohol juega un importante papel en esta historia marital, pudiendo haber agravado cualquier suceso con su mera presencia.


En el patio central de la vivienda, unos inaccesibles corrales se hallaban casi devorados por la naturaleza:


De una forma totalmente accidental, acabamos en una habitación en la que, curiosamente, entraba la luz a través de la ventana. El papel de las paredes se había desprendido, fruto del paso del tiempo y de alguna malvada mano humana, que había preferido desnudar la intimidad de aquel habitáculo que todavía albergaba los restos de una cama de 90. Junto a ella, papeles y más papeles permanecían desparramados... Las malas lenguas dicen que la mujer falleció en esta estancia, aunque no parece haber signos de que hubiese sido habitada en tiempos recientes. 


Recorrimos el camino inverso... Y regresamos al salón, percatándonos nuevamente de la enorme cantidad de botellas vacías que rodaban por el suelo tras tropezar con ellas. Estaban ahí, en los muebles, en las ventanas, en los cajones, entre sábanas, bajo los colchones... Por todas partes, y jugaban a asustarnos con ese particular ruido que emite el cristal al chocar entre sí o contra otros objetos.


La Casa de la Muerte es uno de esos lugares que, con toda seguridad, tienen una historia sangrienta reciente... Tanto que ni tan siquiera ha conseguido recuperarse. Son muchas las hipótesis que las autoridades barajan ante un caso que todavía no está cerrado, todas ellas centradas en un nexo común: ¿por qué durante la Noche de Halloween? ¿El elevado consumo de alcohol tiene algo que ver? ¿Qué tipo de persona puede cometer atrocidades de este tipo?


"(...) Y todo sucedió cuando cayó la noche... Cuando calló el murmullo propio de las aves diurnas... Cuando los colores del atardecer se disiparon, cubriendo con su negrura los ángulos rectos de aquella abandonada construcción (...). Ella gritaba sin cesar... No podía evitarlo, mientras él tampoco podía evitar agredirla. Los gritos, seguramente, podían escucharse a varios kilómetros a la redonda... Pero ningún coche paró para ver qué pasaba. Tampoco ningún vecino se inmiscuyó en asuntos que consideraban privados... Ni mucho menos perdieron ni un sólo minuto de su tiempo llamando a la policía (...). "¿Para qué?", se preguntarían... Los gritos habían cesado tras un golpe seco... Seguramente, ya se habían reconciliado (...)." 

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