lunes, 1 de mayo de 2017

Los Amantes de Teruel

El Mausoleo de los Amantes, ubicado en la Iglesia de San Pedro de Teruel, es un lugar que rebosa romanticismo y tristeza a partes iguales. Cargado proporcionalmente de historias, misterios y leyendas, todas ellas giran en torno a una peculiar historia de amor, una de esas memorables, capaces de romper el corazón pero que, en el fondo, tocan la fibra sensible y obligan quebrantar el tercero de los pecados capitales, ese que se hace llamar envidia. Si bien es cierto que nadie muere de amor por nadie, Juan Martínez de Marcilla rompió las reglas de una forma sin igual: manuscritos datados de finales del siglo XIV le conceden la facultad de fallecer por la ausencia de un beso de su amada, Isabel Segura... Y allí yacen sus cuerpos, ya corroídos por el paso de los siglos, bajo unas monumentales esculturas de alabastro creadas por Juan de Ávalos.


Es indiscutible que el régimen franquista acabó por impulsar la carrera de este escultor extremeño, quien destacó dentro del movimiento contemporáneo como representante de la corriente figurativa gracias a su tremenda capacidad para lograr figuras identificables, reconocibles, verosímiles y realistas. Tras representar el conjunto escultórico del Valle de los Caídos, de Ávalos acabó consolidándose gracias a esa serie de descomunales y magistrales obras de temática religiosa que, aún a día de hoy, presiden el mayor de los monumentos conmemorativos de la Guerra Civil, donde tanto Franco como José Antonio Primo de Rivera yacen enterrados junto 33.872 combatientes pertenecientes a ambos bandos. 


Inaugurado en 2005, el mausoleo se ha convertido en un verdadero icono turístico de la ciudad de Teruel, además de por sus especiales características, por su ubicación en una ampliación barroca del siglo XVIII de la que fuese la Capilla del Sagrado Corazón de la Iglesia de San Pedro. Juan de Ávalos esculpió tanto los sepulcros donde reposan las momias como las esculturas de los amantes en el año 1959 bajo la premisa de plasmar una serie de símbolos ligados a la historia de un amor imposible que, durante siglos, ha saltado fronteras: tras ser rehazado por la familia de Isabel debido a su bajo estatus socioeconómico, Diego marcharía muy lejos para enriquecerse; sin embargo, y a su regreso, Isabel ya se había casado con otro hombre, y le negó un beso, cayendo muerto Diego en ese mismo momento... Isabel moriría a sus pies el día del funeral, tras darle el beso que le negó en vida.


Es posible que todo sean leyendas urbanas... Que nadie cayese muerto por un beso o que ni tan siquiera sean los cuerpos de Diego e Isabel los que reposen bajo aquel mármol blanco. Sin embargo, las líneas de este amor imposible quedan patentes en los componentes de ambas esculturas: mientras la de Diego refleja valentía y osadía, Isabel hace lo propio con la obediencia y la pureza, roles de género del siglo XIII exquisitamente representados. En el conjunto, se representa la muerte de Diego previa a la de Isabel, con los pies tapados con una mortaja, mientras sus cabezas aparecen ladeadas, sin llegar a mirarse, y sus manos muy próximas, sin llegar a tocarse... Amor imposible y fría serenidad en un entorno cargado de idealismo. 


El tamaño de ambas esculturas es monumental y, su ubicación, más que excelente: una cúpula de linterna sobre pechinas de vivos colores permiten contemplar las imágenes de Diego e Isabel desde cualquier perspectiva, haciendo de cada instantánea un arte y, de cada leyenda, una parte de la historia a recordar. La iluminación es tenue y, la temperatura, fría, contribuyendo a esa esfera fúnebre, triste pero romántica, donde cada detalle tiene un significado propio y un elemento con el que interactuar.


La visita a Teruel cuenta con una parada obligatoria más allá de los museos y de la Fuente del Torico: los Amantes de Teruel, con el realismo de sus esculturas, la leyenda sobre su muerte y las momias en cuerpo presente ofrecen un toque misterioso poco común gracias a la combinación entre tradición y arte. La historia de amor imposible de Diego e Isabel se mantiene viva con el paso de los siglos... Y en Teruel está la muestra.

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