domingo, 25 de junio de 2017

La Casona del Fantasma Burlón

Hacía ya algunos años que este extraño lugar, muy conocido por los vecinos de la zona, había sucumbido ante las llamas: la Casona del Fantasma Burlón, tal y como hemos querido bautizarla, ha sufrido un importante deterioro físico desde su incendio a mediados de 2015, posiblemente, originado en la chimenea de la segunda planta. Según narran, este curioso y grotesco "palacio" era propiedad de un señor muy excéntrico que lo usaba ya no sólo para almacenar sus tesoros más valiosos, sino como taller de reparación de bicicletas. En realidad, aquellos objetos tampoco eran tan valiosos... Se habla, incluso, de un posible caso de síndrome de Diógenes, aunque no ha sido posible confirmarlo.


Aquella tarde de invierno, el equipo de Excursiones para Normales decidió desplazarse hasta allí, disfrutando el frío y la nubosidad, de aquel ambiente sumamente natural a las afueras de un pueblo de montaña. No había nadie en las calles salvo nosotros, que habíamos decidido llegar hasta aquella extraña casona sólo para contemplarla desde fuera, para reconocer sus detalles, los que la convierten en un emplazamiento especial y diferente. Los restos de aquel incendio sin control todavía se divisan: el humo tiñó de negro los detalles, pinturas, dibujos y objetos que, aún a fecha actual, siguen ahí, sin que nadie se haya atrevido a expoliarlos.


Lo primero que consiguió llamar nuestra atención fue la gran cantidad de basura acumulada en los aledaños de la vivienda: cubos de pintura vacíos, peluches mugrientos, restos de bicicletas, maquinaria industrial, varias plantas marchitas, mobiliario de hogar, bolsas de basura... Absolutamente todo lo visible se enredaba con la vegetación, que ya había crecido sin censura, como si aquello fuese un bosque encantado... O, más bien, la reminiscencia de un vertedero. 


Quizás, lo más macabro de todo todavía estaba por llegar: montones de muñecas de plástico, sucias e, incluso decapitadas, se hallaban atadas a las rejas de las ventanas. Algunas yacían de espaldas, simulando una posición de ahorcamiento, mientras montones de basuras y de bolsas rebosaban entre los pocos huecos que quedaban en las ventanas, como si dentro no cupiese ni un sólo alfiler.


Justo detrás de aquel palacio, el río... Un río de agua clara... Con muy poco contenido pero al que era muy sencillo adentrarse. El frío del invierno mantenía aquellas aguas a temperaturas muy bajas, lo que refrescaba más aún sin cabía aquel ambiente tan extravagante. Las aguas parecían más relajadas que nunca, apenas se movían por el viento... Es como si nada pudiese perturbar aquella paz... Nada.


Nada podía retenernos allí... Era imposible acceder a su interior, pero no ofrecer algunas letras... De esas que calan hondo... De una casa cuyo número de portal se encontraba dispuesto al revés...


"(...) Qué sensación tan macabra observar todas aquellas muñecas, algunas de ellas, ahorcadas, con la mirada perdida, que yacían amarradas a los barrotes de una vivienda cuyo número identificativo se encontraba colocado boca abajo (...). Se desconocen las causas del incendio que calcinó aquellos muros, pero allí siguen las muñecas, inamovibles, como el resto de peluches y enseres, los cuales parece que nadie se ha atrevido a retirar... Ni tan siquiera a tocar: cualquiera de esos objetos siguen en el punto estratégico que llevan ocupando todos estos años, junto a un río del que el agua también parece haber huido (...). Recuerdo haber cambiado de posición alguno de esos sucios muñecos de felpa y, desde aquel momento, ya nada fue igual... Nada (...)."


"(...) Hace apenas unos meses, aquella vieja morada sufrió un incendio... Quien sabe si provocado, con la intención de librarse de ese algo que, aún a día de hoy, nadie se atreve a mencionar (...). Parece que, desde que el fuego intentarse devorar, sin demasiada fortuna, la historia y conciencia de aquel lugar, los vecinos habían perdido, más si cabía, parte de su memoria... Ya nadie recordaba nada... Ya nadie quería sentir que los escalofríos recorriendo su espalda (...). Mucho mejor así (...). Cada día y desde hacía varios años, seguía el mismo trayecto... Si era necesario, desviaba de mi ruta habitual sólo para observarla desde la lejanía, dejando que mi truculenta imaginación hiciese el resto: objetos que se movían solos, risas malvadas, gritos ahogados a media noche... Cualquier suceso reactivaba mi ansiedad por conocer los motivos que llevaron a su propietario a abandonarla sin mirar atrás (...). Por todo ello, abandoné mis miedos: sucio de hollín y con la única compañía de mi linterna, tomé la equivocada decisión de adentrarme en un mundo desconocido... Comprendiendo por qué los vecinos de los aledaños habían preferido abandonarse al olvido (...). Esa risotada malvada parecía taladrar los tímpanos, mientras una densa manta de oscuridad impedía seguir avanzando (...). Todo aquello era negro... Demasiado negro (...)."

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